La riñonera maldita

Era una noche fría y oscura. Niraj tenía alergias a distintos alimentos, árboles y también tenía la piel sensible. Le molestaban muchos tipos de tela, por eso le costaba dormir bien. Solo podía conciliar el sueño con lo más suave del mercado.

Esa misma noche, la madre de Niraj, Roxy, quería comprarle a su hijo una riñonera para que pudiera llevar sus cosas: el móvil, las llaves, la tarjeta del bus y algo de dinero suelto. Dentro de dos días era su cumpleaños y todavía no había tenido éxito, así que solo podía conseguir que llegase a tiempo si la pedía ya.

Roxy encendió el PC y se dispuso a comprar por Amazon la riñonera definitiva, para que su hijo no tuviera problemas con el roce de la tela. Buscaba enérgicamente una riñonera o bandolera hipoalergénica, es decir, de fibras naturales que fueran menos dañinas para la piel.

- ¿Ninguna? ¿Cómo puede ser que me esté costando tanto encontrar una riñonera de fibras naturales para mi hijo?- dijo Roxy desesperada.

Poliéster, nailon y poliamidas inundaban el buscador del gigante del comercio electrónico. Una visión verdaderamente aterradora para Roxy, que no cejaba en el intento. Entonces apareció lo que tanto ansiaba: “Riñonera orgánica de fibras naturales”.

- ¡Es esta, sí! Es extraño que no tenga ningún análisis, pero es lo que estaba buscando y no he encontrado otra igual. Voy a cogerla- dijo la madre entusiasmada.

Pasaron los días y llegó el cumpleaños

- Toma hijo, este es tu regalo, creo que te va a gustar.

El niño abrió el paquete tomándose algo de tiempo para escudriñar qué podía ser, hasta que lo abrió por completo.

- ¿Te gusta? No es la típica, está hecha de fibras naturales, lo que a ti te va bien. Me ha costado mucho encontrarla... espero que te siente bien. A ver..., ¡pruébatela!

El niño encogió un poco la cabeza y pasó el brazo derecho por dentro para dejar que la sujeción descendiera por su espalda, mientras la riñonera se posaba en su pecho. El accesorio descansaba en su hombro y se acoplaba a su cuerpo perfectamente. No había hecho falta ni ajustarla, se había adaptado a la figura automáticamente, casi como si estuviera viva.

- ¡Mamá, me encanta, es chulísima y qué cómoda! ¡Te quiero!- dijo Niraj completamente eufórico y saltando a los brazos de su madre.

Pasó una semana y Niraj estuvo utilizando la riñonera, pero se sentía cada día más débil. Algo le estaba chupando las fuerzas.

- Mamá, me encuentro mal. Que te parece si hoy no voy a clase...

- De eso nada, vas a clase, ¿otra vez te encuentras regular? Tú lo que tienes es cuentitis. A ver qué te vea si tienes fiebre...

Roxy acercó la mano a su frente, pero todo parecía estar bien.

- Pero es que me encuentro muy débil- dijo el niño.

- Bueno, pues vale, hoy no vayas a clase, pero te llevo al médico. Quédate en casa y ahora te pido hora- sentenció Roxy.

- No quiero ir al médico... - dijo el niño con un hilo de voz.

Niraj se fue a su cuarto y se metió en la cama. Cerró los ojos y dejó la mente en blanco. Mientras tanto, su madre estaba haciendo la comida, con una mano en el mango de la sartén y la otra sosteniendo el móvil, ayudándose de vez en cuando con el hombro. Entonces, la puerta del cuarto del niño de cerró de golpe, pero la madre no lo escuchó. Tampoco Niraj se dio cuenta, ya que estaba tan débil y medio dormido, que no tenía fuerzas para sobresaltarse. Pensó, simplemente, que su madre había entrado al cuarto.

Un pequeño cuerpo fibroso acababa de descolgarse del pomo de la puerta y recorría el suelo del cuarto del chico. Reptaba lentamente, subiendo por la cama. Parecía que era la madre, sentándose dulcemente a la vera del niño para calmar su mal estar... pero era algo muy distinto. La riñonera de fibras naturales supuraba lo que parecían desechos orgánicos, y la cremallera del bolsillo principal se había abierto y transformado en unas fauces de mil esquilas óseas apelmazadas como los dientes de una trituradora.

Las terribles fauces se abrieron como un resorte y devoraron la cabeza del niño. Un instante después, el cuerpo entero y las sábanas en las que se envolvía.

Unos segundos más tarde, Roxy entró al cuarto para ver cómo estaba su hijo y decirle la hora del médico.

- ¡Niraj! ¿Niraj, dónde estás? ¡Ya está la comida, el médico es a las tres!- dijo Roxy buscando al joven- Y qué hará aquí la riñonera tirada por los suelos, con lo que le gustaba.

Ni en el cuarto ni en casa quedaba nadie más con vida, solo una madre preocupada y la riñonera orgánica de fibras naturales que tanto le había costado encontrar para el cumpleaños de su hijo.

Roxy se acercó a la riñonera, pensando que quizás su hijo se había escondido debajo de la cama o en el armario. La levantó con cuidado, sin notar el calor que desprendía ni el olor a sangre que emanaba. La abrió con curiosidad, esperando encontrar alguna pista de su paradero. Lo que vio la dejó estupefacta.

Dentro de la riñonera, había una masa fusiforme y viscosa, de un color rojo oscuro, que se movía ligeramente. Se tambaleaba. Era lo que quedaba de Niraj, su hijo querido, su único motivo de vivir. La riñonera lo había devorado por completo, sin dejar ni un hueso, ni un cabello, ni un trozo de ropa. Nada. Lo había desintegrado. Solo quedaba una pulpa sanguinolenta que aún conservaba algo de calor. Su leve movimiento oscilante hacía parecer que todavía quedaba algo de vida en ella, pero nada más lejos de la realidad.

Roxy soltó un grito desgarrador, que resonó por toda la casa. Ahora sí se había percatado de todos los detalles que antes había pasado por alto: el olor a sangre y el calor asfixiante. Soltó la riñonera, que cayó al suelo con un sonido húmedo. Se llevó las manos a la cara, tratando de borrar la imagen que acababa de ver. Pero era inútil. La riñonera había marcado su mente y su corazón para siempre. Le había arrebatado a la luz de sus ojos.

La riñonera, por su parte, no se quedó quieta. Aprovechó el descuido de Roxy para volver a activar su mecanismo de ataque. La cremallera se abrió de nuevo, y las fauces se prepararon para dar otro bocado. Esta vez, el objetivo era la madre.

Así, saltó sobre Roxy, que estaba de espaldas, y le mordió el cuello con fuerza. Sintió un dolor insoportable, y un líquido caliente que le bajaba por la garganta. Intentó quitarse la riñonera de encima, pero era demasiado tarde. La riñonera le había seccionado la yugular, y se estaba desangrando.

La madre cayó al suelo, junto a la cama de su hijo. Su vista se nubló, y su oído se apagó. Solo pudo pensar en Niraj, en lo mucho que lo quería, y en lo mucho que lo echaba de menos. Murió con una sonrisa en los labios, pensando que quizás se reuniría con él en algún lugar mejor.

La riñonera se quedó satisfecha. Había cumplido su misión. Había eliminado a sus dos víctimas, y se había alimentado de su carne y de su sangre. Ahora solo tenía que esperar a que alguien más entrara en la casa, y le ofreciera una nueva oportunidad de matar. Si no, pronto se iría a otra casa a por su siguiente víctima.

La riñonera devora-hombres, orgánica, hecha de fibras naturales, no era un producto normal. Era el resultado de un experimento secreto, llevado a cabo por una organización criminal que buscaba crear armas biológicas. Su objetivo era crear un ser vivo que pudiera infiltrarse en la sociedad humana, y eliminar a sus enemigos sin dejar rastro.

Para ello, utilizaron una combinación de ADN animal y vegetal, y lo modificaron genéticamente y manufacturaron para darle la forma de riñonera. De esta manera, le añadieron una serie de características que la hacían más atractiva y funcional: un tacto suave, capacidad de adaptación al cuerpo, una cremallera que se abría y cerraba según la voluntad del portador, y un bolsillo principal que podía almacenar objetos de cualquier tamaño.

Pero lo más importante era su sistema de ataque y defensa. La riñonera tenía una boca oculta bajo la cremallera, que podía abrirse y cerrarse con rapidez y fuerza. Sus dientes eran afilados y resistentes, capaces de cortar cualquier material. Su saliva contenía un veneno paralizante, que impedía a sus víctimas reaccionar. Y su estómago era una bolsa ácida, que digería todo lo que entraba en contacto con él.

Su inofensivo aspecto le hacía tener una defensa perfecta, con un camuflaje prácticamente imposible de descubrir.

La riñonera, además, era extremadamente curiosa, y había desarrollado un interés por los humanos que crecía sin límites. Con el tiempo, los había podido observar tranquilamente: sus costumbres y lenguajes, su cultura, religión, organización social, política y económica... todo. Efectivamente, la riñonera se había dado cuenta, con el paso de los años, de lo poderosos e inteligentes que eran los seres humanos. Y ello había despertado un hambre y voracidad insaciables, más allá del propósito por el que había sido creada. Dicho de otra forma: la riñonera devora-hombres vivía completamente libre y campaba a sus anchas. Estaba totalmente descontrolada. Su mayor pasatiempo: probar humanos, alimentarse de su energía, desarrollarse... cazar. Jugar a cazar personas.

Lo que es más. Este desarrollo y evolución constante habían activado en la riñonera una capacidad extraordinaria que no había sido originalmente configurada, para absorber y asimilar las partes del cuerpo de los humanos que mataba para formar y hacer evolucionar su propia anatomía. Técnicamente, estaba compuesta por los órganos y tejidos orgánicos de sus víctimas y los empleaba tanto en su aspecto físico, como para su funcionamiento interno.

La riñonera no tenía un órgano central como tal que controlase sus funciones vitales, sino que actuaba como una red neuronal distribuida por toda su masa. Esto le dotaba de una inteligencia rudimentaria a nivel general, pero muy compleja y eficaz para la consecución de tareas concretas, como la de matar.

Según los informes originales de la creación de la riñonera diabólica, la única forma de destruirla era quemándola por completo, ya que el fuego era el único elemento que podía desintegrar sus células. Repito: debía ser quemada totalmente, si cualquiera de sus fibras sobrevivía, era capaz de regenerarse de nuevo por completo.

En definitiva, esta riñonera es, pues, un ser vivo hecho de muerte, una aberración que desafía las leyes de la naturaleza y que solo busca satisfacer un hambre insaciable.

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