La grieta del tiempo

Era una tarde como cualquier otra. Estuve perdiendo el tiempo en la red. No sabéis la de horas que se le van a uno en las redes sociales, ¡podría estar toda la tarde mirando vídeos de gatitos y de perritos! También me gustan los que son compilaciones de caídas y bromas.

El otro día vi uno graciosísimo. Le ponían un disfraz de tarántula a un perrito... y al pobre animal lo soltaban en mitad de la noche a asustar a los transeúntes, ¡me partía de risa! Ese perrillo con las patas de araña titilando y corriendo hacia los tobillos de la gente, a toda prisa y en plena oscuridad. Solo la tenue luz de las farolas podía avisarte de que un pequeño ser extraño venía hacia ti a toda pastilla. Unos brincos la gente... tremendo, ¡a mí si me lo hacen me acojono vivo!

Bueno, el caso, aquella tarde, después de una hora y media viendo vídeos de animales y bromas, decidí que no podía perder más el tiempo, cerré las redes sociales y puse el móvil boca abajo.

Después encendí el ordenador y entré en una página de meteorología para ver si encontraba una buena referencia sobre el tiempo para los próximos días. Suelo coger la bici a menudo y me interesa saber si va a hacer bueno o no, y sobre todo, si hace viento, porque en mi ciudad hace muchísimo y no hay manera de ir a gusto nunca. Si el viento me pega de espaldas, sin problema... ahora, si lo tengo en contra, mal. La verdad es que al final acabo comiéndome todas las ráfagas, bien a la ida o a la vuelta. Aun así, me interesa saber en qué dirección sopla... pero nunca consigo acordarme de si el Este está en la mano del tenedor o es al revés.

Cuanto ya tenía la información e iba a cerrar, me salió un pop-up, uno de estos que debían haber sido bloqueados por la extensión de seguridad de mi navegador. Este pop-up hablaba sobre una nueva aplicación con la que podías retroceder en el tiempo y cambiar el futuro, ¡claro que sí, guapi!

Como la página en cuestión era de fiar no temí en abrir el mensajito, supongo que por eso no había sido bloqueado. Reconozco que algo había llamado mi curiosidad. Cuando he visto pelis sobre naves espaciales como... cuál era esta... ¡Ah, sí! Interestelar. Después de verlas, pienso en cosas así..., en cómo sería viajar al pasado, al futuro... controlar el tiempo. También cuando vi la serie de Héroes... entonces me dio por mirar información sobre ello.

Ahora, en serio, ¿quién no ha deseado nunca cambiar algo de lo que se arrepiente? ¿O simplemente volver atrás para hacer antes o mejor las cosas? Creo que todos. Las personas somos extrañas criaturas capaces de vivir con la culpa y el arrepentimiento, y también de liberarnos y seguir adelante. Ambas caras de una misma moneda.

En mi caso, sí, había cosas que yo quería cambiar. Era una de esas personas que convivían con el resentimiento y la culpa mezclados en una apatía de la que no podía desprenderme. Mi actitud, mis comentarios... yo no me daba cuenta, pero parecía que siempre estaba irritado... momentos como esos, viendo los vídeos de perritos y gatitos, me olvidaba de todo y conseguía sonreír y huir de todo lo malo.

Siempre pensé que si podía volver atrás en el tiempo, lo hubiera hecho mucho mejor, sabiendo todo lo que sé ahora. Si hubiera hecho las cosas a mi manera, todo sería diferente. Tuve mis oportunidades, pero no fui capaz por aquel entonces y desearía volver a tener la oportunidad de intentarlo... pero ya no hay vuelta atrás, para qué engañarnos. Además, me siento débil, cansada......, no tengo fuerzas como para empezar de cero... solo quiero sentarme en mi ordenador y ver pasar el tiempo.

Entonces, hice clic en el pop-up y el móvil se me iluminó. La luz era tan potente que me di cuenta a pesar de que estaba boca abajo, precisamente para que no me molestase cuando estaba haciendo otras cosas. En el ordenador no había cambiado nada, así que me dirigí al móvil.

Lo levanté y lo giré en la dirección correcta para leerlo. Había recibido un mensaje, ¿pero cómo era eso posible? ¡Si no había dado mi teléfono en ningún lado, ni me lo habían pedido, ni nada! Qué raro...

Sabía que no debía darle, pero no entendía cómo había recibido el mensaje, así que tuve que seguir explorando. Quizá una de mis cuentas estaba sincronizada o vinculada y había compartido mi número de teléfono y la información sobre mis búsquedas... y entonces me habían ofrecido un anuncio personalizado de estos.

Al final no hice nada, no le di al mensaje. No podía arriesgarme a que fuera un virus y que se me estropeara el móvil o el ordenador. Hice lo que tenía que hacer... borré el mensaje y también el historial del navegador y apagué el ordenador.

Era ya la una de la noche y me había vuelto el hambre, así que me dirigí a la cocina. Salí a oscuras al pasillo y me pareció escuchar a alguien.

- ¿Mamá? -dije extrañada.

- ¿Hija…? -contestó mi madre.

- ¿Qué haces despierta a estas horas mamá? Me has asustado.

- Ay, hija mía, que tenía sed y tu padre se había acabado la botella de agua. He ido a la cocina a por una. Ya me acuesto, buenas noches, que tengo mucho sueño.

- Vale, adiós mamá, que descanses. Yo voy a la cocina un momento y me acuesto también.

Le lancé un beso al aire justo antes de que cerrara la puerta y continué hacia la cocina. Me preparé un pequeño sándwich de jamón con aceite... ¿Las tostadas? En su punto. Y después... un chorrito por aquí... que empape, que empape... como a mí me gusta, bien cargado de aceite, es que me encanta. Me quedó... ¡Mmm, delicioso!

Lo terminé, dejando unas pocas migas en el plato. No podía con el borde. Vacié los restos en la papelera y llevé todo al fregadero. Le di un agua al plato, pero al cerrar el grifo, noté como la baldosa que estaba debajo de mí cedía.

- ¿Pero qué...? -dije entre dientes.

A aquella baldosa le siguió la contigua, y después, la de al lado. Todas fueron cediendo una a una, dejando paso a una masa oscura infinita en la que caí inexorablemente, a pesar de los esfuerzos por sujetarme al borde de la encimera, de la que me escurrí fácilmente por culpa de mis dedos todavía llenos de grasa.

Pensé que nuestro jabón era una mierda, mientras caía hacia abajo, como si una pesada bola de acero forjado tirase de mí. Levanté la cabeza y vi por última vez el techo de la cocina y esa potente lámpara de luz blanca que había estado observándome picar de madrugada.

Intenté aferrarme a esa visión con la mirada, lo único que me mantenía conectada con la realidad, que estaba a punto de abandonar en ese mismo instante.

Regresar al blog

Deja un comentario