Fiestas vegetales
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Flora había pasado semanas preparando el disfraz de Hestia, que consistía en un ropaje oscuro, un sombrero de bruja y una escoba de paja. Quería que su planta se pareciera a la protagonista de su película de anime favorita: Nicky, la aprendiz de bruja. Estaba segura de que Hestia iba a causar sensación en la fiesta y quizás hasta ganara algún premio. Iba a estar muy cute.
Llegó el día del evento y Flora cogió a Hestia con cuidado, metiéndola en una bolsa de tela muy lujosa y ataviada para la ocasión y para el adecuado transporte de una planta tan querida. Era la viva representación de los sueños de su abuelita, que siempre había querido volar.
Flora se dirigió al lugar donde se celebraba la fiesta, una finca preciosa, con un amplio jardín junto a una carpa blanca y un escenario. Al entrar, se quedó maravillada con la variedad y la creatividad de los disfraces de las plantas. Había de todo: desde un cactus con gafas y bigote que imitaba a Mario Bros, el fontanero más famoso del a historia, hasta una orquídea con alas y una corona que se hacía pasar por una hada. Flora se paseó por el jardín, admirando las plantas y saludando a sus dueños. Algunos le hicieron cumplidos por el disfraz de Hestia y le preguntaron por la película. Todo el mundo parecía muy amigable, y no era para menos, pues estaban celebrando un evento mágico para los amantes de la naturaleza y sus entrañables plantas, que estaban disfrutando tanto como ellos mismos.
Podían verse grupos de asistentes hablando con sus plantas y entre sí, haciendo que las conversaciones fluyeran a niveles posthumanos. Flora participó en alguno de estos grupos, y después se acercó al escenario, donde había una mesa con un cartel que decía: "Inscripciones para el concurso de plantas disfrazadas". Allí había una mujer con una camiseta verde oliva que le sonrió y le dijo:
- Hola, ¿quieres participar en el concurso? Solo tienes que rellenar este formulario y dejar tu planta aquí. Luego la llamaremos por su nombre cuando sea su turno.
- Que genial. ¿Me llamaran a mi o a la planta? Por saber si tengo que llevarla yo u os encargaréis vosotros.
- Llamaremos a la planta parra que venga al escenario, pero como no puede moverse por sí sola, alguien del staff se encargará de subirla a la palestra para que realice su performance.
- Perfecto. Pues adelante, me encantaría participar -dijo Flora, entusiasmada-. Mi planta se llama Hestia y va disfrazada de Nicky, la aprendiz de bruja.
- Vaya, qué original -dijo la mujer, mirando a Hestia con interés-. No he visto ninguna otra planta con ese disfraz. ¿Te gusta el cine de animación?
- Sí, me encanta. Es mi género favorito -dijo Flora, orgullosa.
- Bueno, pues mucha suerte. El concurso empieza en media hora. Puedes aprovechar para ver el espectáculo de agua, sol y nutrientes que hay en la carpa.
- Gracias, voy a verlo. Mucha suerte Hestia, hazlo muy bien y disfruta. -dijo Flora, dejando a Hestia en la mesa y dirigiéndose a la carpa.
Allí había un grupo de personas que observaban cómo unas mangueras rociaban agua sobre las plantas, mientras unas luces de colores simulaban los rayos del sol. Un altavoz emitía una música relajante y una voz anunciaba los nombres y las propiedades de los nutrientes que se añadían al agua. Flora se sentó en una silla y se dejó llevar por el ambiente. Se sentía feliz y tranquila, rodeada de plantas y personas que las querían.
De repente, escuchó un grito que la sacó de su sueño esmeralda. Era la voz de la mujer que había inscrito a Hestia en el concurso. Flora se levantó de un salto y corrió hacia el escenario, temiendo lo peor. Al llegar, vio que había un revuelo de gente y que la mujer estaba pálida y temblorosa. Flora se abrió paso entre la multitud y le preguntó:
- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde está Hestia?
- Lo siento, lo siento mucho -dijo la mujer, sollozando-. No sé cómo ha ocurrido. Estaba revisando las plantas para el concurso y cuando llegué a la tuya, vi que se había movido. Pensé que era el viento o que alguien la había tocado. Pero cuando me acerqué para recolocarla, vi que tenía como unos ojillos entreabiertos que le salían por las hojas y que me miraba fijamente. Entonces, uno de estos ojos se abrió más y me mordió el dedo. ¡Tenía dientes! Me dolió mucho y me asusté. La solté y mientras me zafaba la perdí de vista. Creo que se ha ido sola por allí... no sé, esos matorrales de allá, me pareció que se movían.
Flora se quedó sin habla, sin poder creer lo que acababa de oír. Miró hacia los matorrales y le pareció ver la punta de la escoba de Hestia. Sin embargo, la gente estaba muy alterada y pedía un castigo para la planta. ¿Pero no eran amantes de la naturaleza? Había una mujer que estaba prendiendo ramas con las chispas de una bengala.
Antes de que nadie más pudiera actuar, corrió hacia aquellos matorrales para ver lo que pasaba y salvar a su planta. Estaban locos si pretendían quemar a Hestia. Seguro que había una explicación lógica para todo esto. Pero esta asociación, Plantaland... había algo oscuro en ella. Es como si de repente se hubieran enfurecido. Se trataba solo de un mordisco, no era motivo para...
Entonces Flora echó la vista atrás una vez más para vigilar la situación, y se encontró con un panorama aterrador y muy desagradable. Los asistentes estaban degustando a sus propias flores y plantas. ¡Se las estaban comiendo! Pero qué...
Flora agarró a Hestia de la maceta y salió corriendo antes de que la vieran, aprovechando el caos del festín vegetal del que aquella geste estaba disfrutando. Unos minutos más tarde, estaba lejos, escondida en una oscura esquina de la finca donde nadie podía verla. Necesitaba unos momentos para respirar y hablar con su planta sobre qué hacer a continuación y qué diantres era lo que estaba pasando.