El fantasma del consumo fantasma
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Spyro no se resignaba a vivir así. Él quería volver a tener luz en su casa, en su ordenador, en su teléfono, en todo aquello de lo que disfrutaba antes de pasar penurias. Quería volver a ver películas, a jugar videojuegos, a navegar por internet con libertad... todo aquello parecía ya tan lejano.
No es como si tuviera cero electricidad, pero estaba muy limitada y no se podía malgastar. Por eso, Spyro se propuso encontrar una forma de ahorrar luz y de controlar cuanto gastaba en la poca que tenía. Buscó información en la red de un amigo, pero se encontró con un caos de datos contradictorios, consejos inútiles y publicidad engañosa. No obstante, no cejó en su intento, y acabó dando con datos útiles poco conocidos que seguro que serían de ayuda para otras personas.
Entonces, se le ocurrió una idea. ¿Y si él mismo escribía una guía para ahorrar en la luz y controlar mejor el gasto? ¿Y si compartía sus conocimientos y experiencias con otras personas que estuvieran en su misma situación?
Spyro se puso manos a la obra y empezó a escribir. Investigó sobre las tarifas eléctricas, los electrodomésticos eficientes, las bombillas LED, los enchufes inteligentes y todo lo relacionado con la luz. También se interesó por las placas solares, una opción cada vez más popular entre los que querían generar su propia luz, pero también una vía muy cara. De entre todo, Spyro profundizó especialmente en algo que le llamaba mucho la atención y que generaba un gasto enorme sin sentido: el consumo fantasma.
Y así, escribió su guía con un estilo claro, sencillo y práctico. No se limitó a dar datos y cifras, sino que contó sus propias experiencias y anécdotas relativas a un escenario post pandémico y con una guerra en ciernes, que era para nada alentador. Por eso, para contrarrestar este escenario pesimista, también hizo que su guía fuera amena, entretenida y con algo de humor, pero sin dejar de ser útil e informativa. Gracias a su amigo que disponía de una mejor conexión a internet y de más horas luz, abrió un blog llamado “Luz al final del túnel”, publicó la guía y la difundió por las redes sociales que pudo.
Pero entonces, algo extraño ocurrió.
Una noche, mientras Spyro revisaba su blog y respondía a algunos comentarios, la luz se fue de repente. Spyro se quedó a oscuras, solo con el brillo de la pantalla de su portátil, donde había escrito toda su guía. En aquellos tiempos no era raro que se fuera la luz, pero solía volver pronto. Esta vez no volvió. Y la oscuridad, da miedo.
Spyro empezó a sentir un escalofrío. Pasó el tiempo, sin saber si fueron solo unos pocos segundos o varios minutos. Le daba la sensación de que no estaba solo. Se levantó de su silla y buscó una linterna o una vela. Pero no encontró ninguna donde las solía tener. Qué raro.
Entonces, escuchó una voz.
Era una voz grave, metálica, distorsionada. Venía de dentro de su cabeza, pero también de todas partes.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres? -preguntó Spyro con miedo.
-Soy el fantasma del consumo eléctrico -respondió la voz-. Soy el que te vigila, te controla y te castiga todas las noches, cuando dejas tus aparatos conectados. Soy el que te cobra por cada delicioso vatio que gastas. Y hoy te he robado la luz, cuando menos te lo esperabas.
-¿Qué? ¿De qué estás hablando? ¿Qué quieres de mí? -insistió Spyro.
-Quiero que destruyas tu guía -dijo la voz-. Bórrala y haz que desaparezca. Deja de difundir tus mentiras y tus engaños. Eres culpable. Tú tienes la culpa.
-¿Culpable yo? ¿De qué? -preguntó Spyro confundido.
-Eres culpable de haber intentado ahorrar luz -explicó la voz-. Has cometido el error de haberme ignorado a mí, el consumo fantasma.
-¿El consumo fantasma? ¿Qué tiene que ver el consumo fantasma con todo esto? -preguntó Spyro incrédulo.
-El consumo fantasma es mi aliado -dijo la voz-. Es el que me alimenta y me fortalece. Te roba la luz sin que te des cuenta. En otras palabras, el consumo fantasma soy yo, y necesito toda la luz posible para poder vivir y sacarme y sed de vatios.
-¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué quieres decir? -preguntó Spyro atónito.
-Estúpidos humanos. Cada vez que dejas un aparato enchufado, aunque esté apagado, me estás dando luz, me estás alimentando -dijo la voz-. Cuando usas un cargador, una regleta, un transformador y no usas aquello que tienes conectado, me estas dando de comer. Y eso me encanta. Me encanta cuando te dejas todo conectado.
-Yo... eso lo sé, ¿pero tan grande es el consumo como para que vengas solo a por mí? ¿Tanto lo necesitas? -increpó Spyro-.
-Es un gasto enorme, importante, considerable -dijo la voz-. Y no voy solo a por ti, voy a por todos los que intenten impedir ese gasto. El consumo eléctrico se acumula, se multiplica y se agranda cuantos más aparatos y máquinas tengas conectadas. Sin que te des cuenta, te va empobreciendo, poco a poco, y yo adoro veros sufrir por ello.
-No puede ser -dijo Spyro-. No puede ser verdad, maldito ser inmundo...
-Sí puede ser -dijo la voz-. Y te lo voy a demostrar.
-¿Cómo? ¿Qué vas a hacer? -preguntó Spyro asustado.
-Voy a hacer que veas la luz -dijo la voz-. Voy a hacer que sientas el dolor y sufras el castigo.
Y entonces, Spyro vio la luz.
Pero no era una luz amable, apaciguadora, cálida y "gratis". Era una luz fría, calculadora, especuladora y cara, sobre todo, muy cara. Era una luz que salía de todos los enchufes de su casa. Todo estaba encendido. La luz se convertía en chispas, rayos y relámpagos que le perseguían y querían electrocutarlo, quemarlo y torturarlo.
Spyro gritó de agonía. No podía moverse ni escapar. Estaba atrapado por toda esa tormenta eléctrica letal. A Spyro le aterraba la oscuridad, pero aquella luz cegadoramente mortal le daba mucho más miedo. Se arrepintió de haber escrito su guía y de haber intentado ayudar a la gente. Si moría, no merecía la pena. Tenía miedo y quería volver atrás, pero ya era tarde.
Pero entonces, Spyro recordó lo que el mismo había escrito un su guía para combatir el consumo fantasma y sabía lo que tenía que hacer: desenchufar todo. Incluso todo aquello que si necesitaba que estuviera permanentemente conectado, como por ejemplo, el frigorífico. En otras palabras, tenía que cortar de raíz todo el consumo eléctrico.
La luz es esperanza. Spyro reunió todas sus fuerzas y corrió hacia la entrada de la casa, donde estaba el cuadro de luces, esquivando todas las chispas que podía y sufriendo múltiples quemaduras y dolores de otras tantas de las que no pudo zafarse. Se estaba electrocutando, pero la goma que había en sus botas y ropa estaba reduciendo la gravedad de los daños.
Cuando llegó al cuadro de luces, tiró rápidamente de todas las palancas. Todo estaba apagado y así, la luz también se apagó. Volvió la oscuridad, pero aquella pesadilla había terminado.
Spyro sintió un alivio momentáneo. Había derrotado, por ahora, al fantasma del consumo fantasma, pero todavía tenía todos los enchufes conectados y no podía volver a usar la luz. Había ganado una batalla, pero ahora sabía que el fantasma iba tras él y tras todo el mundo que quisiera ahorrar en la luz.
Mientras no usase luz, estaría a salvo, pero eso le suponía un grave problema. Spyro quería ahorrar en luz precisamente para gastar menos o para ganar más horas por el mismo precio, pero ahora había conseguido todo lo contrario: directamente no podía usar la electricidad y tenía que volver a vivir como se hacía antiguamente, con la lumbre de los candelabros, velas y cerillas.
¿Qué iba a hacer ahora? Desde luego, rendirse no era una opción. Estaba dispuesto a luchar, y ahora que tenía un enemigo claro, iba a prepararse a conciencia. Y no estaría solo. Spyro cogió su móvil con un 15% de batería y llamó a su amigo, Congro, el que le había ayudado a publicar la guía, y le contó lo sucedido.
Quedaron en persona para hablar largo y tendido. Spyro y Congro estaban preparados para trazar un plan para acabar con esa entidad maligna que pronto iba a probar de su propia medicina.