El bufón que nunca dejó de sonreír
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El bufón se había convertido en una pesadilla para la corte. Nadie podía soportar sus rimas ni su apetito por los dulces. El rey, harto de su presencia, ordenó que lo encerraran en una torre lejana, donde nadie pudiera verlo ni oírlo. Pero el bufón no se dio por vencido y siguió cantando sus rimas, esperando que alguien le trajera algún dulce. Un día, una joven princesa que pasaba por allí, sintió curiosidad por el sonido que salía de la torre y se acercó a ver qué era. Al ver al bufón, se asustó, pero también se compadeció de él y le ofreció un pastel que llevaba consigo. El bufón se alegró mucho y le agradeció con una rima:
Gracias, princesa, por tu bondad, me has traído un pastel de verdad. Es el mejor regalo que he recibido, desde que me transformé en este ser carcomido. La princesa se enamoró de las rimas del bufón, a pesar de que este fuera un ser horripilante que solo se comunicaba con rimas y devoraba dulces. Le parecía que sus palabras tenían una belleza y una gracia que nadie más podía igualar. Le gustaba escucharlo cantar y verlo sonreír, aunque su rostro fuera deforme y sus dientes afilados. Le daba igual lo que los demás pensaran de él, solo le importaba lo que sentía su corazón. Así que decidió hacer algo muy arriesgado y muy loco: tomarse la misma sustancia que el bufón había tomado, para convertirse en un ser horrendo como él y hablar solo con rimas. Pensó que así podrían ser más felices y estar más unidos.
El bufón no sabía nada de los planes de la princesa y se sorprendió cuando la vio aparecer al día siguiente con una botella en la mano. Ella le dijo:
Mi querido bufón de la corte, mi amor, tengo algo que decirte, he tomado una decisión que puede sorprenderte. Quiero ser como tú, un monstruo rimador, y compartir tu vida, tu destino y tu dolor.
El bufón se quedó sin palabras y le preguntó:
Princesa, ¿estás segura de lo que vas a hacer? ¿Sabes lo que implica ese brebaje que te vas a beber?
Perderás tu belleza, tu elegancia y tu dulzura, y te convertirás en una criatura de pesadilla y locura.
La princesa le respondió:
No me importa lo que pueda pasar, solo me importas tú y lo que siento por ti. Eres el único que me hace feliz, y quiero estar a tu lado hasta el fin.
Dicho esto, se llevó la botella a los labios y bebió el líquido. Al instante, sintió un cambio en su cuerpo y en su mente. Se transformó en una horrible criatura parecida al bufón, con la piel verde, el pelo rojo y los ojos amarillos. Su voz se volvió aguda y chillona, y solo podía hablar con rimas. El bufón la miró con asombro y con amor, y le dijo:
Princesa, has hecho lo que nadie haría por mí, has renunciado a todo por estar junto a mí. Eres la más valiente, la más noble y la más fiel, y te quiero más que a nadie en este mundo cruel.
La princesa le sonrió con su nueva boca llena de colmillos y le dijo:
Bufón, no te preocupes por lo que he perdido, he ganado mucho más al estar contigo.
Eres el más divertido, el más tierno y el más sincero, y te quiero más que a nada en este mundo entero.
Y así fue como la princesa y el bufón se convirtieron en dos monstruos rimadores que solo se tenían el uno al otro. Se escaparon de la corte y se refugiaron en el bosque encantado, donde nadie los molestaba ni los juzgaba. Allí vivieron felices, comiendo dulces y cantando rimas. Y aunque nadie los entendía ni los apreciaba, ellos se bastaban y se sobraban.