Doctorado en consulta

Casimiro era un joven estudiante que acababa de terminar su máster en ingeniería informática y tenía el sueño de hacer un doctorado. Le apasionaba la investigación y quería contribuir al avance de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que realizar un doctorado no era tan fácil como pensaba. Se encontró con muchos obstáculos y dificultades que le hicieron dudar de su decisión, desde el planteamiento de un tema de tesis hasta la financiación o la elección de un director.

Lo primero que le preocupó realmente fue la financiación. No tenía ahorros ni ingresos suficientes para costearse el doctorado, y las becas eran muy escasas y competitivas. Si quería sobrevivir al doctorado, necesitaba una fuente económica constante. Además, tenía que elegir un tema de investigación que le interesara y que fuera original y relevante, y encontrar un director de tesis que le guiara y supervisara su trabajo. Estos dos últimos puntos eran fundamentales porque si no era imposible hacer un doctorado de un tema que no fuera apasionante o con un director que pusiera palos en las ruedas en lugar de ayudar. Esto le llevó mucho tiempo y esfuerzo, y tuvo que enviar muchas solicitudes y propuestas a diferentes universidades, instituciones y profesores.

Pasó todo lo que le restaba de año preparándose para iniciar al curso siguiente. La espera mereció la pena, porque consiguió una beca y un director de tesis, y pensó que lo más difícil ya había pasado. Pero se equivocaba. Aún le quedaban muchos retos por delante. Tenía que compaginar su trabajo de investigación con su trabajo remunerado, ya que la beca no le alcanzaba para vivir. Esto le generaba mucho estrés y cansancio, y le restaba tiempo para dedicarse a su tesis. Además, tenía que cumplir con los requisitos académicos y administrativos del programa de doctorado, como realizar cursos, publicar artículos, asistir a congresos, hacer estancias internacionales, etc. Todo esto le suponía una carga de trabajo enorme y una presión constante.

Casimiro se sentía solo y desorientado. No sabía a quién acudir para resolver sus dudas y problemas. Su director de tesis estaba muy ocupado y no le prestaba mucha atención o toda la que necesitaba, porque las dudas eran constantes y a veces suponían un atasco. Sus compañeros de doctorado estaban en la misma situación que él o peor. Y en internet había tanta información que le resultaba difícil encontrar la que le fuera útil y fiable. Se sentía atrapado en un túnel sin salida, sin ver la luz al final.

Un día, navegando por la red, se encontró con un anuncio que le llamó la atención. Era de un servicio de consultoría especializado en cuestiones relativas al doctorando. Decía que ofrecía asesoramiento personalizado, orientación profesional, apoyo emocional y recursos prácticos para ayudar a los doctorandos a superar sus dificultades y a completar con éxito su tesis. Casimiro se sintió intrigado y decidió contactar con ellos.

Al hacerlo, se sorprendió gratamente. Le atendió una persona muy amable y profesional, que se presentó como Leti. Leti le explicó que ella también había sido doctoranda y que había vivido en primera persona los problemas que él tenía. Le dijo que había creado ese servicio de consultoría para ayudar a otros doctorandos como él, que se sentían perdidos y necesitaban una guía y un apoyo. Le ofreció una sesión gratuita para conocer su situación y sus necesidades, y le propuso un plan de acción personalizado para ayudarle a avanzar con su tesis.

Así pues, ambos empezaron juntos. Leti le ayudó a organizar sobre todo su tiempo y establecer prioridades. También le ofreció muchísimos recursos confiables e información que a él le habría supuesto horas y horas de encontrar e identificar. Y lo más importante, le daba el asesoramiento y orientación emocional que necesitaba para superar los momentos más tensos y de mayor estrés de la tesis.

Continuaron teniendo sesiones y Casimiro se fue dando cuenta de que ese apoyo emocional que estaba recibiendo estaba calándole hondo, estaba yendo más allá de lo profesional. Sentía que le estaba gustado, y que un vacío que no sabía que tenía se estaba llenando gracias a ella. Leti se había convertido en una gran motivación.

De esta manera, su acompañamiento fue fundamental y Casimiro logró superar sus dificultades y terminar su tesis, ya que uno de sus principales miedos era tirarse años y años y quizá no acabar nunca, como cuando uno se sacaba el carnet de conducir con el peligro de que en un momento dado todo se quedase colgado. Esta era una aventura demasiado grande e importante como para dejarla a medias. Pero el periplo tuvo fin, y fue un final feliz, en el tiempo establecido. Casimiro defendió su tesis y obtuvo un sobresaliente cum lauden, la máxima puntuación a la que podía aspirar.

No podía quejarse de nada, y sin embargo, ahora que todo había terminado, Casimiro sentía un gran vacío, el que le había dejado la ausencia de tanto ajetreo relativo a la tesis. Tenía ganas de seguir viendo y conociendo a Leti, aunque ya todo hubiera terminado. Parecía que el gran éxito de la tesis había quedado atrás, y conforme pasaban los días, más y más atrás.

Entonces Casimiro decidió volver a contactar con Leti y, directamente, invitarla a tomar un café. Y así lo hicieron, pues la chica acudió con la curiosidad de saber por qué Casimiro la seguía necesitando si ya había terminado la tesis y todo había salido bien: aunque el trabajo podía haber sido más ambicioso, dadas las circunstancias, hizo todo lo que pudo y salió bien, posibilitando que pudiera seguir adelante con nuevas metas. A Casimiro ni si quiera le había importando la nota final, él solo quería terminar la tesis; pero había quedado algo pendiente, esto es, la conexión con su orientadora.

El ansiado día de lo que para él era una cita oficial, estaba por llegar...

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