Ballroom DragonQueer
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La Universidad Arcana de Ataraxia emergía en el corazón de un bosque encantado, con sus torres de cristal y piedra elevándose hacia un cielo tachonado de estrellas. Los muros, antiguos y llenos de enredaderas luminosas, susurraban historias de generaciones pasadas, dejando paso a almenaras que intercalaban señales de fuego y misticismo que parecían comunicarse con esos otros mundos llenos de vidas ya extinguidas.
En este lugar, donde la magia era tan común como el respirar, las fiestas eran el latido que unía a todos los estudiantes en una danza eterna de aprendizaje, unión y armonía. Ataraxia no era una universidad al uso donde simplemente asistir a clase para formar a los hechiceres, mages y brujes del mañana, sino un espacio seguro de libertad y de ocio para las inquietas mentes y cuerpos que, además de querer aprender, anhelaban dar rienda suelta a su “yo” interior que, lamentablemente, no era aceptado en las demás universidades, que abogaban por valores más tradicionales.
Entre los senderos serpenteantes de Ataraxia, Kira paseaba, dejando que la brisa nocturna jugueteara con su cabello castaño y su barba entrerecortada de aquellas maneras. El pelo que le faltaba en su incipiente calvicie, crecía alocadamente en su barba, que por momentos ansiaba crecer y crecer sin control para ser, simplemente, una barba guerrera, una barba salvaje, como aquellas que portaban las antiguas y heroicas leyendas chinas en la Guerra de los Tres Reinos, Wu, Wei y Shi, comenzando con la rebelión de los turbantes amarillos.
Como en el Romance de los Tres Reinos, Kira se sentía inmerso en un caótico torbellino de pensamientos. Con su cara chupada tras adelgazar durante varios meses y sus músculos algo más tonificados, caminaba con ropa de gala y determinación mirando de aquí para allá pero sin prestar realmente atención a lo que tenía enfrente. Le gustaba reflexionar, esos ratos íntimos de soledad e introspección, lo cual contrastaba bastante con la fiesta a la que estaba por acudir en las próximas horas.
Era su primer año de universidad y estaba encantado con la comunidad de alumnos, los compañeros de clase y de habitación y el ambiente que se respiraba. Le encantaba la diversidad de sus gentes, sus historias de vida y empaparse de sus experiencias, porque cuando uno lleva a cabo un nuevo proyecto, este cobra mucho más sentido cuando te rodeas de gente que vibra en tu misma melodía, hasta un punto en que no sabes si sigues en ello por el proyecto en sí mismo y por lo que buscabas o esperabas al comenzar, o si te quedas por las gentes con las que compartes ese “algo” y por las vidas con las que, en definitiva, te has ido cruzando a lo largo del camino.
Esa noche se celebraba la tan esperada "Ballroom DragonQueer", una fiesta que combinaba la elegancia del ballroom con el poder mítico de los dragones. Los estudiantes habían transformado el Gran Salón en un espacio deslumbrante: luces flotantes, hechizos de colores y música que vibraba en el aire como una melodía encantada, y resonaba con notas que podían verse flotando por la estancia en perfecta sinestesia para los asistentes. La Ballroom DragonQueer era el evento favorito de muchos, especialmente de aquellos que encontraban en él un lugar para expresarse libremente; mejor dicho, era el evento estrella de Ataraxia, y se repetía cada sábado, pues cada día se celebraba una fiesta distinta, con una temática y mood diferentes, pero ésta era la más popular y querida por la comunidad de estudiantes.
El joven treintañero llevaba aun pocas semanas en Ataraxia, terminando de acomodarse a los nuevos cambios pero, una vez pasado el periodo de adaptación, se dio cuenta de porqué había tantas fiestas y de cómo era posible que los estudiantes sí fueran capaces de disfrutarlas sin dejar de lado su responsabilidad para con los estudios. Pues bien, era sábado noche y el chaval de barbitas decidió estrenarse con la fiesta estrella de la universidad, la Ballroom DragonQueer, donde todo el mundo, independientemente de cualquier condición o circunstancia, era aceptado.
Al entrar, quedó maravillado por el espectáculo. Trajes y vestidos brillantes, túnicas que cambiaban de color al ritmo de la música... la ropa transformativa era, sencillamente, increíble, adoptando formas imposibles en una performance de pura versatilidad, creatividad e ingenio. Los hechizos de transformación abundaban y los estudiantes no solo cambiaban de forma sus objetos sino también a sí mismos, convirtiéndose, por ejemplo, en animales salvajes que oscilaban caprichosamente entre lo quimérico y lo utópico. El simbolismo dracónido era impactante, pues abundaba el fuego, los huesos de los dragones ya extintos, además de otros pequeños misterios en cada rincón del Gran Salón. Kira se movió entre la multitud, saludando a algunos compañeros y conocidos de vista, hasta que sus ojos se encontraron con los de una cara nueva, captando su atención irrefrenablemente.
Esa noche, mientras las luces danzaban al ritmo de sinfonías hechizantes, Kira fijó su mirada en una figura elegante que se movía con una gracia etérea y energética contundencia. Arándano, con unos veintialgo, y estudiante de un curso superior, irradiaba una presencia magnética que atrapó a Kira al instante. Tenía una mirada intensa y una presencia que llamaba la atención sin esfuerzo. Sus expresiones intensas y rudas, con un punto agresivo, contrastaban con sus pequeñas y tiernas cejas y su larga lengua, que enseñaba con desenfado, en un baile ensimismado de sensualidad y pura abstracción. Su cuerpo crepitaba, dibujando una silueta entre destellos y sombras a la luz de los hálitos llameantes que las cabezas de dragón exhalaban, acentuándose así sus pequeños pechos, su cincelada cintura y sus nalgas firmes como el mármol caliente.
Arándano paró un momento para descansar, apoyando contra la columna sus manos magnéticas y dándose la vuelta para observar la fiesta con una mezcla de curiosidad y distanciamiento, mientras recuperaba el aliento. Intrigado, Kira decidió acercarse.
—No te había visto antes por aquí —dijo Kira, tratando de sonar casual mientras el rubor teñía sus mejillas.
—Suelo perderme entre las sombras —respondió Arándano con una media sonrisa, sus ojos reflejando destellos de misterio.
—Es broma, en verdad es mi primera vez aquí. Este lugar es impresionante, ¿no crees? —comentó Kira, intentando romper el hielo.
Arándano giró ligeramente la cabeza, con cierto aire de desdén, encontrándose con su mirada.
—Sin duda, Ataraxia sabe cómo montar un espectáculo —respondió con una voz suave pero firme.
Comenzaron a conversar. La charla fluía con sorprendente naturalidad, para sorpresa de ambos, pasando de comentarios sobre la música techno, sus almuerzos favoritos y otros intereses como los videojuegos y las series, el baile o los animales, a discusiones más profundas sobre las clases de magia y las experiencias en la universidad, como las relativas a las clases de vuelo y de teletransportación, al estudio de la luna y de la energía, la lectura de sueños, el empoderamiento mágico, etc.; por momentos, ambos compartían algunas partes ocultas de sí mismos, de sus pasados, relatos de vida más o menos complejos y complicados que son los que les habían hecho ser como eran y comportarse como lo hacían. Arándano tenía una forma peculiar de ver el mundo y de experimentar la vida, produciendo una fascinación que no dejaba de intrigar a Kira. Cuanto más conocía de su persona, más se embriagaba de su esencia.
—¿Cuál es tu asignatura favorita? —preguntó Arándano en un momento dado.
—Definitivamente, vuelo —respondió Kira sin dudar—. No hay nada como la sensación de libertad al estar en el aire.
Arándano asintió lentamente.
—Adoro el vuelo, pero prefiero la teletransportación. Es menos... expuesto. Me encantaría simplemente cerrar los ojos y aparecer en un instante en otro sitio, en mi refugio. De pequeño, soñaba con poder, simplemente, aparecer en lo alto de una torre muy, muy alta, hecha de colchones, donde refugiarme en paz, tranquilamente, y estar solo, conmigo mismo.
Kira notó una sombra pasajera en sus ojos, pero decidió no profundizar. Había algo en Arándano que le resultaba familiar, como si compartieran un vínculo silencioso.
—Entiendo —asintió Kira—. La teletransportación sería mi segundo poder favorito. Me gusta más el vuelo porque así disfruto del viaje. Aunque a mí lo que más me gustaría sería compartir el vuelo con alguien, volar con alguien...
—¿Para volar conmigo, tal vez? —respondió Arándano con una mirada pilla, entre risas—.
Las horas transcurrieron afablemente y entre confidencias. Al finalizar la fiesta, intercambiaron un gesto de despedida, prometiendo volver a conversar pronto.
En los días siguientes, Kira no podía apartar a Arándano de sus pensamientos. Había algo en ella que despertaba sentimientos y emociones nuevas. Aprovechó cada oportunidad para coincidir con él: en los pasillos, en la biblioteca, incluso en el refectorio. A veces se escapaba unos minutos de las clases herbología, que tenían lugar en el exterior, para admirarlo un momento en sus clases de vuelo, que coincidían a la misma hora. Y allí estaba Arándano, revoloteando en los cielos, a su rollo, con su escoba, pasándoselo bien, mientras Kira iba de un lado a otro con la excusa de traer más abono del cobertizo para algunas mandrágoras.
Una tarde, quedaron para repasar apuntes en los jardines y Arándano se mostró más relajado y cercano que de habitual.
—Es curioso cómo a veces podemos sentirnos solos a pesar de estar rodeados de tanta gente... aunque me gusta esa soledad —comentó, mirando al horizonte.
—Mmm ya... —respondió Kira—. A mí tambien me gusta estar solo y tampoco me abro o me dejo conocer fácilmente... soy muy selectivo. Hay muchas partes de mí que nadie conoce realmente.
Arándano lo miró fijamente, como evaluando cada palabra.
—Quizá no nos permitimos mostrar esas partes por miedo a no ser comprendidos.
Las clases de vuelo también eran su refugio. En el aire, todo parecía tener sentido, todo era más claro, más fácil. Sin embargo, últimamente notaba que algo cambiaba. Durante los ejercicios, sentía una conexión más profunda con la magia, como si esta respondiera directamente a sus emociones.
Una noche, después de un intenso entrenamiento, decidió quedarse un poco más. El cielo estaba despejado, y la luna llena iluminaba el campo de vuelo con una luz plateada singular. La luna le permitía brillar en todo su ser, tal como era realmente, de una manera integral y holística, desatando todo su poder interior. De repente, sintió como la escoba se escurría de sus dedos. Se deslizaba hacia el suelo. Caía. Había sucedido casi inconscientemente. Kira cerró los ojos y se dejó llevar. Se concentró en la energía que fluía en su interior, en esa chispa que parecía querer liberarse. Se relajó. Dejó de sobrepensar, dejó de pensar en sus errores o en culpas que no tenían ningún sentido, dejó atrás todo aquel peso que lastraba su vuelo. Se dejó fluir de verdad.
De repente, sintió que sus pies se despegaban de la tierra fresca. Abrió los ojos sobresaltado y se encontró flotando suavemente a unos centímetros de la hierba. Una risa de sorpresa escapó de sus labios. ¡Estaba volando sin usar una escoba mágica!
Al día siguiente, buscó a Arándano con prisa.
—Necesito contarte algo increíble —dijo emocionado.
Se encontraron en una de las torres más altas, donde podían hablar en privado, sin ser interrumpidos. Kira le relató lo sucedido, cada detalle, cada sensación.
Arándano escuchó atentamente, una expresión indescifrable en su rostro.
—Es asombroso, Kira. Que lindo que hayas logrado volar con todo tu ser... hay algo que también debo decirte en este momento.
El tono serio de Arándano hizo que Kira se detuviera.
—¿Qué sucede?
Arándano respiró hondo.
—Somos amiguis y cada vez confio más en ti, y tú eres un ser sensible y empático y pues tenemos una amistad real y por eso yo te he confesado algunas cosas y hemos compartido nuestro tiempo y experiencias de vida. Pero quería decirte que yo no soy la persona que ves... o sea, no soy solo lo que te he mostrado. Sé que tu piensas que soy una mujer, pero no es así. Yo soy una persona muy compleja y complicada... y soy una persona transmasculina. ¿Estás seguro que quieres conocerme?
Kira parpadeó, procesando la información. Le tomó un momento responder.
—Gracias por confiar en mí —dijo finalmente—. No cambia nada. O quizá sí, pero en el mejor de los sentidos.
Arándano pareció aliviado.
—Temía que pudieras alejarte.
—Al contrario. Siento que ahora te conozco un poco más. Y aunque te considero como “amigo”, creo que estoy comenzando a sentir algo más. Y estoy decidido a dedicarte mi tiempo y mi corazón. También mi dinero, aunque no tenga mucho, pero como soy romántico, sabes que me gusta tener algunos detalles contigo, porque esa también es una forma de demostrarte mi aprecio.
A pesar de sus palabras, Arándano no estaba del todo convencido. Asentía, pero no creía al cien por cien todo lo que decía Kira. A veces fingía que le creía y seguía adelante. Por mucho que Kira le dijera que nada cambiaba y que le seguía gustando como persona, incluso más ahora, Arándano aún era prudente pues, había mucho que desconocía de él realmente... solo se había dejado conocer un poquito, nada más.
Este intercambio marcó un punto de inflexión. Kira comenzó a explorar sus propios sentimientos con mayor profundidad. Se preguntaba qué significaba sentirse atraído por Arándano, cómo encajaba eso en su identidad y orientación sexual. Las etiquetas que antes le parecían claras ahora se difuminaban, y aunque era desconcertante, también resultaba liberador. Ponerse etiquetas, o nuevas etiquetas, era algo que jamás le había preocupado, en general. No era algo que le molestase, ni si quiera como le tratasen, en cuanto, por ejemplo, a la utilización de los pronombres. Si bien estaba acostumbrado toda su vida a que le tratasen con pronombres masculinos, también se habían dirigido a él con pronombres femeninos o lenguaje inclusivo, y es algo que nunca le había molestado, al contrario, se sentía bien, normal.
Lo que estaba claro es que ambos eran amiguis, aunque por parte de Kira, existieran unos curiosos y extraños sentimientos que estaban creciendo más y más y que no eran fruto de un capricho, un calentón o un enamoramiento platónico, sino fruto de un proceso de introspección y descubrimiento mucho más sereno, sosegado y concienzudo. Kira no sabía lo que realmente pensaba Arándano, pues era un ser muy cíclico y cambiante, y a veces se mostraba muy cercano pero otras muy alejado; sin embargo, tenía claro que sus sentimientos eran puros y claros independientemente de que Arándano solo lo viera como una amistad más.
Las jornadas pasaban entre estudios, prácticas de vuelo y momentos compartidos. Arándano le hablaba de sus experiencias, de los desafíos que había enfrentado. Kira se sentía afortunado de poder ser parte de esa confianza.
Una noche, mientras caminaban por el puente de cristal que conectaba dos de las torres, Kira se detuvo.
—Arándano, gracias por enseñarme tanto. Contigo, siento que estoy descubriendo partes de mí que desconocía.
Arándano sonrió ligeramente.
—Todos estamos en constante transformación. Lo importante es ser fiel a quien realmente somos.
Las palabras de Arándano eran como piezas que encajaban en el rompecabezas de su alma. Ambos eran cajas de puzzles, que al abrirse apenas contenían solo unas pocas piezas. Construir un puzle ya es difícil de por sí con todas, pues sin ellas lo era todavía más... pero poco a poco, como por arte de magia, iban apareciendo esas piezas faltantes de ambos. Kira sabía que el camino no sería fácil, pero tenía claro que no estaba solo y que no se iba a rendir con ese pequeño Tsukuyomi, el Dios de la Luna en la mitología sintoísta y en la mitología japonesa, el apelativo con el que llamaba cariñosamente a Arándano.
Capítulo 2: Revelaciones transformativas
El sol nacía sobre las torres de Ataraxia, tiñendo los vitrales con tonalidades cálidas que se filtraban en los pasillos, dibujando figuras efímeras en las paredes de piedra. Kira se dirigía a su primera clase del día, pero su mente estaba en otra parte. Las palabras de Arándano seguían resonando en su interior: "Soy una persona transmasculina". Aquella confesión había abierto una puerta a un mundo de reflexiones y sentimientos que antes no había explorado.
Mientras cruzaba el puente suspendido que conectaba las dos alas principales de la universidad, el viento fresco penetraba en su rostro. Respiró hondo y observó, a lo lejos, las llanuras donde los alumnos practicaban vuelo, recordando la emoción de haber flotado sin ayuda de la escoba. Sentía que su magia estaba muy conectada a sus emociones, cuando estas le hacían estar bien, aunque apenas comenzaba a comprenderlo; y cuando estaba enfocado, podía transformar todo ello en un poder inimaginable que le hacía sentir invulnerable.
Transcurrió la mañana. En el aula de Encantamientos Avanzados, los estudiantes se concentraban en inscribir runas flotantes en el aire. Kira intentaba enfocarse, pero su atención divagaba continuamente hacia aquella estrella fugaz que había caído directamente en su pecho, en aquella primera fiesta de Ballroom DragonQueer. Decidió que necesitaba hablar con alguien, así que al terminar la clase buscó a Leira, su amiga de confianza.
La encontró en el invernadero, cuidando de las plantas luminiscentes.
—Leira, ¿tienes un momento? —preguntó con cierta urgencia en la voz.
Ella levantó la vista y le dedicó una sonrisa cálida.
—Siempre para ti. ¿Qué sucede?
Se sentaron en un rincón apartado, rodeados por el suave resplandor de las flores.
—Kira, ¿estás bien? Te noto un poco distante o como disperso.
Él suspiró, intentando encontrar las palabras.
—Mmm... tengo un poco una montaña rusa de emociones, la verdad. Conocí a alguien. Arándano. Y... no es solo amistad lo que siento, creo. Pero todo es tan confuso.
Leira lo observó con empatía.
—¿Quieres hablar de ello?
—Necesito hablar de ello. Soy una persona que necesita expresarse ya sea para solucionar problemas o para reflexionar. Siempre que me expreso, me hace mucho bien, obviamente, cuando lo hago con las personas indicadas.
—Sí, lo entiendo. Ya nos conocemos desde hace algunos meses y yo también soy así. Tranquilo, háblame todo lo que quieras, sabes que en la siguiente ocasión te tocará a ti escucharme a mí jaja.
—Literal, cuenta con ello jaja. Mira, Arándano, el estudiante de segundo curso de la que te hablé, con el que me estoy viendo, me contó que es una persona transmasculina y hasta ahí todo perfecto, pero eso me hizo darme cuenta de que hay mucho sobre mí que no he explorado, porque a mí me siguen gustando las chicas... pero él me gusta. Mis sentimientos, mi identidad... No sé si yo sigo siendo quien pensaba que era.
Leira tomó su mano con suavidad.
—Las etiquetas pueden ayudarnos a entendernos mejor, pero no tienen por qué limitarnos. Lo importante es lo que sientes y ser honesto contigo mismo.
—Lo sé... él me dio a entender que era radicalmente distinto a como se había mostrado hasta ahora... y creo que en ese sentido piensa que la persona que me gusta, es la que me ha mostrado, pero no es así... a mí quien me gusta es su persona interior, independientemente de cómo se vea físicamente y de la parte de más muestre. Sé que quizá no tiene mucha lógica que me gusta su “yo” desconocido...
—Sí que la tiene, Kira. Al decirle que te gusta su “yo” desconocido, le estás transmitiendo que te agradan las pequeñas partes que te ha dejado conocer de su verdadero “yo” y eso muestra tu disposición y mente abierta para conocer las demás partes que aún permanecen ocultas. Quizá él piensa que te vas a asustar, que vas a salir corriendo, que vais a discutir o quién sabe... pero si alguien me dijera lo que tú, simplemente vería en él un deseo genuino por querer a la otra persona tal y como es, aun si está por conocer y aquello que queda por descubrir no sea su mejor lado.
—Gracias, Leira. Exacto, yo quería transmitirle eso. Al fin y al cabo, todos tenemos cosas “malas” o cosas que nos desagradan o disgustan de nosotros mismos, que nos dan miedo, inseguridad, culpa, etc., es decir, ninguno somos perfectos. Quizá aun no siente la confianza necesaria para mostrarme ese lado ni creer que yo lo voy a abrazar... ojalá pudiera comprender que ser amigos, o el amor mismo, significa eso, estar al lado de la persona, para lo bueno y para lo malo, y que puede encontrar eso en mí.
—Kira, está claro que Arándano es una persona complicada, pero todo necesita su tiempo y espacio. No se puede acelerar, dejaros fluir y ver cómo evoluciona todo. Aun así, me parece increíble tu persistencia y tu determinación y estoy de acuerdo contigo en lo de no rendirte. Mira que yo no soy de insistirle a la gente... pero cuando algo me interesa de verdad, si tienes el tiempo y la energía para esforzarte, entonces hazlo y vive sin arrepentimientos. Y si la otra persona no es capaz de darse cuenta, no es tu problema, tú has hecho todo lo que podías hacer.
Kira asintió lentamente. Conversar con Leira le brindó cierto alivio.
Más tarde, decidió buscar a Arándano. Lo encontró en la biblioteca, absorto en un libro antiguo sobre hechizos de protección relacionados con los nudos de bruja, pues era una materia que le fascinaba y, de hecho, era uno de los mejores alumnos de la promoción en cuanto al dominio de las artes defensivas.
—Arándano, ¿podemos hablar? —dijo en voz baja.
Él levantó la mirada, sorprendido pero sin incomodidad.
—Claro, ¿quieres que salgamos afuera?
Se dirigieron al patio interior, donde una fuente mágica proyectaba luces iridiscentes en el entorno.
—Kira, si es sobre lo que te confesé, no tienes que decir nada si no estás preparado —comenzó Arándano.
—No, quiero hablar de ello. Conocerte me ha hecho cuestionar muchas cosas. He empezado a darme cuenta de que quizás mi identidad y orientación no encajan en las categorías que siempre creí.
Arándano sonrió levemente.
—Entiendo cómo te sientes. Es un camino que cada uno recorre a su propio ritmo. Me parece lindo que estes avanzando en tu autodescubrimiento... pero necesito que me aclares algo, ¿Cómo debería tratarte ahora? ¿Cómo te etiquetarías?
—Honestamente, aun no lo sé. Estoy explorando y no estoy nada seguro, pero puedes tratarme igual que hasta ahora, pues así yo me siento cómodo... pero me gustaría aprender más y que tú me instruyas. Me encantaría pasar más tiempo contigo y que me abras ese espacio para conocerte mejor.
La mirada Arándano parecía confusa todavía y se tornó algo seria, aunque en sus palabras podía entreverse ternura, cariño y comprensión.
—Está bien, no tienes que decirme ninguna etiqueta si no lo tienes claro. Igualmente, yo tengo unos límites, y a pesar de que hemos compartido muchas cosas juntos, aun no me conoces realmente, porque yo soy muy distinto a lo que has visto hasta ahora. No te puedo prometer que te daré un espacio para conocer más de mi verdadero “yo”, pero pues tenemos una bonita amistad y podemos ir viendo como fluye. Yo no estoy buscando amistades ni pareja, estoy muy bien solo y quiero seguir así.
—Está bien, lo entiendo. Gracias por compartirme una parte de ti, no me puedo quejar. Igualmente, no me rindo contigo, porque tú también me has demostrado que los límites pueden superarse.
—Tenía miedo de herirte y generar un drama, no me gusta discutir, pero claro que aprecio que tengamos esta amistad real.
—Tu siempre me tratas con respeto y cariño, no te preocupes. No me hieres, aunque soy sensible, también soy fuerte.
Durante las semanas siguientes, su vínculo se estabilizó en lo que ya era, una bonita amistad, en la que ambos profundizaban lentamente pero sin pausa. A veces se acercaban y otras se alejaban... cada uno llevaba su ritmo de vida, con menos intensidad pero más equilibrio, y ese era un camino muy saludable para ambos.
Casi todas las tardes se reunían después de clases para explorar rincones recónditos de Ataraxia, intercambiando historias y secretos. Arándano le enseñó a Kira técnicas de meditación que ayudaban a canalizar la magia interna, mientras que Kira le intentaba enseñar como volar sin escoba y a adquirir una mayor técnica también con la escoba. Arándano alucinaba con que Kira pudiera volar sin una, lo cual ya era un secreto a voces en toda Ataraxia. “El barbitas”, como lo llamaban coloquialmente, se había hecho muy popular rápidamente por esta majestuosa e infrecuente habilidad recientemente adquirida. Sin embargo, no la podía controlar perfectamente, pues dependía mucho de sus emociones, así que no siempre podía conseguir volar sin la escoba.
Un atardecer, mientras descansaban en la cima de la Torre de los Susurros, Arándano se atrevió a abrirse más.
—Cuando llegué aquí, me sentía perdido. No era fácil ser quien soy en mi antiguo hogar. Pero Ataraxia me dio un espacio para ser auténtico, bueno, para ser simplemente yo. A menudo he tenido que interpretar un papel donde oculto gran parte de mí, y aun lo tengo que hacer, dependiendo del espacio, de las personas, del contexto... he sufrido muchísima discriminación y violencia... pero sí, esta Universidad es un espacio muy especial que hace posible que me pueda sentir más seguro y libre.
Kira lo escuchaba atentamente, sintiendo una profunda conexión.
—Admiro tu valentía, tu resiliencia, tu empoderamiento... yo aún estoy descubriendo partes de mí que desconocía, o que estaban latentes y ahora están despertado... y es gracias a ti, pues contigo me siento muy cómodo.
Arándano dirigió su mirada al horizonte.
—Todos llevamos máscaras en algún momento. Pero, con quién nos las quitamos, cómo, cuándo, por qué... es difícil responder a ello. Hay personas que no pueden hacerlo nunca. Es muy triste.
Esa noche, Kira reflexionó sobre sus propias máscaras. Recordó momentos de su vida en los que había seguido expectativas ajenas, reprimiendo partes de sí mismo por encajar o dejando que otros decidieran por él. Ser un sujeto pasivo... había tenido suficiente de eso. No es que toda su vida lo hubiera sido, pero hay etapas, unas mejores y otras peores... y ahora mismo, estaba experimentando un curioso rejuvenecimiento, y le estaba gustando. Era momento de volver a brillar, como una estrella.
Al día siguiente, durante una práctica de vuelo, sintió una energía diferente de nuevo. Y volvió a elevarse sin la escoba, después de que hacía ya unos cuantos días que no lo conseguía. Los demás estudiantes lo observaban asombrados, murmurando entre ellos.
La profesora Selene, experta en artes aéreas, se acercó impresionada.
—Esto es extraordinario, Kira. ¡Hacía días que no te veíamos hacerlo! Me alegro que sigas trabajando en el control de tu nueva habilidad.
Él sonrió modestamente.
—Es algo aún muy reciente. Me está costando lograrlo a voluntad... más bien es algo involuntario que ocurre solo cuando estoy muy enfocado y feliz. Creo que estoy conectando más profundamente con mi propia magia, pero me va a llevar trabajo dominarlo.
Esa tarde, se reunió con Arándano en el Jardín de los Espejos, un lugar donde las personas podían contemplar reflejos de sus auras.
—He escuchado sobre tu hazaña —dijo Arándano con una sonrisa sincera—. Has vuelto a lograrlo, estoy orgulloso de ti.
Kira se sonrojó ligeramente.
—Gracias. Siento que todo está conectado. Mis emociones, mi magia... tú.
Arándano dio un paso hacia él.
—Puede que tengas razón, solo tú puedes saberlo.
—No lo sé pero... a veces, las personas que encontramos nos ayudan a descubrir partes de nosotros que estaban dormidas. Uno nunca sabe dónde puede encontrar su inspiración.
El silencio que siguió estuvo cargado de posibilidades. Ambos sabían que su relación estaba evolucionando, pero aún quedaban muchas barreras por superar.
Esa noche, Kira decidió escribir en su diario, plasmando sus pensamientos más profundos. Las palabras fluían con facilidad, describiendo sus dudas, esperanzas y la vorágine de emociones que Arándano despertaba en él.
Al cerrar el cuaderno, sintió una paz interior que no había experimentado antes. Le gustaba mucho escribir, ya fuera en su diario o en algunas cartas que a veces le mandaba a Arándano para expresarse con mayor amplitud, sin la constricción del momento de una conversación ni el frenetismo de la vida universitaria.
Al día siguiente, se encontró con Leira.
—Gracias por escucharme aquel día —dijo sinceramente—. Me ayudaste más de lo que imaginas.
Ella le sonrió con afecto.
—Siempre estaré aquí para ti. Veo que estás más tranquilo, más relajado. Eso me gusta.
—Lo estoy. Aún tengo mucho que aprender, pero estoy dispuesto a afrontarlo.
Las festividades de la universidad continuaban, y se acercaba un evento especial: el Festival de las Lunas Gemelas, una celebración única que ocurría cada década. Kira decidió que sería el momento perfecto para dar el siguiente paso en su relación con Arándano.
Lo buscó y propuso asistir juntos.
—Sería un honor —respondió Arándano, con una expresión que mezclaba alegría y expectación.
La noche del festival, Ataraxia resplandecía bajo el brillo de dos lunas llenas. Las calles estaban adornadas con luces flotantes y música que parecía emanar de las estrellas. Kira y Arándano caminaban entre la multitud, sintiendo que el mundo se reducía a ellos dos, como si fueran dos estrellas solitarias en un universo paralelo donde todo era posible. Eran dos starboys.
En un momento, se detuvieron junto a una fuente que reflejaba los astros.
—Arándano, hay algo que quiero decirte —comenzó Kira, tomando aire.
—Te escucho.
—Mis sentimientos hacia ti van más allá de la amistad. No sé exactamente cómo definirlo, pero sé que eres especial para mí.
Arándano mantuvo su mirada fija en la suya.
—Gracias por decírmelo.
Kira sonrió, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza. Y sacó un pequeño regalo.
—Quiero regalarte este bolso verde, para que lleves un pedacito de mi corazón en él. No me rendiré contigo, mientras lo tengas guardado en tu bolso y lo lleves contigo.
La felicidad se dibujó en el rostro de Arándano. La luna reflejó la esencia más pura de su ser durante unos instantes fugaces. La conexión era perfecta.
—Me encanta, es precioso. Estoy muy feliz. Aunque no soy muy demostrativo con las palabras, porque me cuesta expresarme y no soy el mejor en las relaciones sociales y afectivas... eres una persona especial para mí.
Sin necesidad de más palabras, ambos comprendieron que estaban iniciando una pequeña nueva etapa. Quizá no era un gran paso e Kira sabía que no debía sobrevalorar aquellos bonitos instantes, ni sobrepensar con los que no lo fueran... pero era el efecto que Arándano producía en él: Kira sentía una euforia adictiva cuanto más cerca estaban y, por el contrario, se deprimía cuando se alejaban. Pero estaba bien, Kira aceptaba esa naturaleza y era cuestión suya el cómo gestionarlo de manera interna lo mejor posible.
La noche continuó llena de complicidad. Al terminar el festival, mientras regresaban a la residencia, ambos se dieron un pequeño abrazo. Y la Universidad de Ataraxia seguía su curso.
Capítulo 3: El despertar del vuelo interior
Una mañana más, el cielo sobre Ataraxia resplandecía con tonos de zafiro y oro mientras el sol se alzaba lentamente, iluminando las cúpulas cristalinas de la universidad. Kira se despertó con una sensación de ligereza, como si durante el sueño hubiera continuado flotando en el aire. Los acontecimientos recientes habían desatado en él una energía nueva, una conexión profunda con su magia y con su propio ser. Se sentía mejor, más liberado. Sus sueños se habían vuelto más frecuentes y más bonitos.
Después de prepararse, decidió dirigirse al Claro de los Susurros, un lugar apartado donde los estudiantes solían meditar y practicar hechizos en silencio. Algo que los estudiantes japoneses de Ataraxia conocían bien, porque se trataba de practicar el Seijaku (静寂), que era una especie de estado de “quietud serena” que aludía a la paz interior y a la armonía que se practicaba en el silencio, en la soledad, desde la calma y la tranquilidad.
Mientras caminaba hacia el Claro por los senderos bordeados de árboles centenarios, se encontró con Maelis, la profesora de Gestión Energética. Ella lo observó con una sonrisa enigmática.
—He escuchado rumores sobre tus recientes proezas aéreas, Kira —comentó con suavidad—. ¿Te apetecería compartir conmigo esa experiencia?
Él asintió, agradecido por el interés.
—Ha sido algo inesperado, profesora. Siento que la magia fluye en mí de una manera diferente.
Maelis lo invitó a sentarse junto a una fuente de agua cristalina.
—A veces, nuestros poderes emergen cuando conectamos con nuestras emociones más auténticas. Cuéntame, ¿ha ocurrido algo que haya provocado este cambio?
Kira pensó en Arándano, en las conversaciones profundas, en las noches bajo las estrellas.
—He empezado a entenderme mejor, a aceptar partes de mí que antes ignoraba. Creo que eso ha desbloqueado algo dentro de mí.
La profesora asintió con comprensión.
—La autoaceptación es una fuerza poderosa. Te animo a explorar esa conexión.
—Sí, de hecho, también estoy descubriendo nuevos intereses, nuevas inquietudes, nuevas habilidades, como la de volar sin escoba... tengo como más energía, y quiero volcarla en nuevos proyectos personales. ¿Son muchas cosas?
—Para nada, Kira, son cosas, pero todo depende de cómo te gestiones y canalices esa energía allá a donde tú quieres que realmente vaya. Para ello debes establecer prioridades y concentrarte y enfocarte en lo que realmente quieres hacer y ser.
—Gracias, Maelis. Lo aprecio mucho. Hablaré más contigo conforme evoluciono.
—Por supuesto. Si necesitas orientación, estoy aquí para ayudarte.
Con renovada determinación, Kira continuó hacia el Claro. Una vez allí, cerró los ojos y respiró profundamente. Sentía el pulso de la tierra bajo sus pies y el susurro del viento entre las hojas. Visualizó cómo la energía ascendía desde el suelo, atravesando su cuerpo hasta alcanzar el cielo.
Lentamente, sus pies se separaron del suelo. Esta vez, no había sorpresa, sino una sensación de armonía. Se elevó varios metros, dejándose llevar por las corrientes de aire mágico que recorrían el lugar. Giró, ascendió y descendió con gracia, como si hubiera nacido para ello.
—Es impresionante verte volar así —dijo una voz conocida desde abajo.
Kira descendió suavemente y encontró a Arándano observándolo con admiración.
—Arándano, ¿qué haces aquí?
—Te vi levitar desde lejos.
Kira sonrió, sintiendo un calor agradable en su pecho.
—Estoy tratando de entender cómo funciona. Hace un rato que hablé con la profesora Maelis. Sus palabras me ayudaron mucho y conseguí volar de nuevo mientras meditaba, casi sin darme cuenta.
Arándano se acercó un paso.
—Me alegra que estés encontrando tu camino.
Se sentaron juntos sobre la hierba, dejando que el murmullo del entorno llenara el silencio cómodo entre ellos. Tras unos momentos, Arándano habló con un tono más serio.
—Quiero compartir contigo algo más de mí. Hay partes de mi historia que no he contado a nadie aquí.
Kira lo miró con atención.
—Dime.
—Cuando decidí transicionar, enfrenté el rechazo de quienes pensaba que me apoyaban. Llegar a Ataraxia fue una salvación, pero también construí barreras para protegerme. Contigo, siento que puedo bajarlas de vez en cuando, pero no es algo permanente ni constante, sólo ocurre... a veces.
Kira lo miró con delicadeza.
—Todos llevamos cargas del pasado. Sentimientos como la culpa o el arrepentimiento, son algunos de los peores que podemos sentir los seres humanos. Pero aquí y ahora, tenemos la oportunidad de ser quienes realmente somos. Al menos entre nosotros. Sé que mis palabras quizá no servirán para animarte, pero yo te apoyo.
Arándano le devolvió la mirada con una mezcla de amargura, agradecimiento, tristeza y ternura.
—Gracias por estar a mi lado. Yo no tengo muchos recuerdos de cuando era pequeño, ni de vivir muchos momentos felices... suelo estar triste y es difícil que nada me anime, pero te lo agradezco.
Los días siguientes transcurrieron. Una estrella se dedicó a perfeccionar su vuelo, incorporando nuevos movimientos y explorando hasta dónde podía llegar. La otra estrella, por su parte, comenzó a enseñar a Kira los fundamentos de la teletransportación, una habilidad que requería una concentración y control mental excepcionales.
Una tarde, mientras practicaban juntos en la Sala de los Elementos, Arándano sugirió un ejercicio.
—¿Qué te parece si combinamos nuestras habilidades? Tal vez podamos encontrar una forma de sincronizar vuelo y teletransportación.
Kira arqueó una ceja, intrigado.
—Suena desafiante. ¿Tienes algo en mente?
—Podríamos intentar que vueles mientras yo intento seguirte mediante teletransportaciones cortas. Podría ayudarnos a mejorar nuestra coordinación y respuesta mágica.
Aceptaron el reto. Kira se elevó, moviéndose a diferentes alturas y velocidades, mientras Arándano desaparecía y reaparecía en destellos de luz, intentando anticipar sus movimientos. La actividad se convirtió rápidamente en un juego, lleno de risas y momentos de emoción.
Al finalizar, ambos respiraban agitadamente pero con amplias sonrisas en sus rostros.
—¡Eso fue increíble! —exclamó Kira—. Nunca me había divertido tanto entrenando.
—Lo mismo digo —respondió Arándano—. Ha sido asombroso.
Sin embargo, no todo era alegría. Algunos estudiantes observaban con desdén y celos su cercanía y habilidades. Los susurros y miradas de desaprobación comenzaban a ser más evidentes. Un grupo de estudiantes, liderados por Jarek, un joven arrogante del curso superior, parecía especialmente molesto.
Un día, Jarek se acercó a Kira en el comedor.
—Parece que te gusta llamar la atención, ¿no? —dijo con tono burlón—. Volando sin escoba, juntándote con... ciertas personas.
Kira mantuvo la calma.
—Solo estoy explorando mis habilidades y estableciendo amistades. No veo el problema.
Jarek soltó una risa sarcástica.
—Solo ten cuidado. No todos aprecian ese tipo de... peculiaridades.
Antes de que pudiera responder, Jarek se alejó, dejando una sensación de inquietud y toxicidad palpable. Kira decidió hablar con Arándano al respecto.
Se encontraron en su lugar habitual junto a la fuente.
—Arándano, creo que algunos estudiantes tienen problemas con nosotros.
El estrellito suspiró, con una expresión de resignación.
—¿Por qué siempre me persiguen los dramas? Lo he notado. Siempre habrá quienes no entiendan o no quieran aceptar lo que es diferente.
—Es agotador tener que lidiar siempre con gente que quiere generar dramas de la nada una y otra vez.
—Así es. No quiero el drama y odio discutir, pero no sé cómo hago para encontrarme con estas situaciones.
—Nada, ni caso a la gente tóxica. No es culpa tuya, ni mía. Gente así hay en todos lados, realmente. Nosotros a lo nuestro y con nuestras vidas.
—Yo también hago drama a veces.
—Y yo. Las emociones son difíciles de gestionar. Pero eso no significa que podamos andar siendo tóxicos con los demás gratuitamente.
Arándano sonrió con determinación y asintió.
Al día siguiente, durante una clase práctica en el Anfiteatro Celeste, donde todos los estudiantes demostraban sus progresos, Kira y Arándano decidieron realizar una exhibición conjunta. Ante la mirada de profesores y alumnos, combinaron sus habilidades en una demostración de coordinación y sincronía perfecta, de vuelo y teletransporte.
Kira volaba con elegancia, creando patrones en el aire y dibujando runas con polvo de cúrcuma, lavanda y salvia mezclados con esencia de espectro, mientras Arándano aparecía y desaparecía a su lado, creando ilusiones de movimiento y lanzando pequeños fuegos artificiales espirituales que dejaban a todos boquiabiertos. Al finalizar, el silencio fue sustituido por un aplauso ensordecedor.
Incluso la profesora Selene se acercó con evidente admiración.
—Lo que acaban de mostrar es una prueba de innovación y trabajo en equipo excepcionales. Felicidades a ambos.
Entre la multitud, Jarek observaba con ceño fruncido, pero su desaprobación se perdía entre las felicitaciones de los demás.
Esa noche, la universidad parecía más luminosa que nunca. Kira y Arándano se reunieron en la Terraza de los Vientos, desde donde se podía ver toda Ataraxia bajo el manto estrellado.
—Hoy ha sido un gran día —comentó Kira, apoyando los brazos en la barandilla.
—Lo ha sido —asintió Arándano—. Hemos hecho una performance espectacular. Me enamoré de nuestra actuación.
Kira lo miró a los ojos.
—Gracias por empujarme a ser mejor, por inspirarme.
—Yo debería decir lo mismo —respondió Arándano—.
Un silencio cargado de significados se instaló entre ellos. Sin pensarlo demasiado, Kira dio un paso adelante y, con delicadeza, abrazó a Arándano. Este correspondió al gesto, cerrando los ojos y permitiendo que el momento se prolongara.
Al separarse, ambos sonreían con timidez pero con una felicidad genuina.
—Supongo que ya no hay vuelta atrás —bromeó Kira.
—Ni yo la quiero —respondió Arándano con sinceridad. Ha sido muy bonito.
Los días siguientes estuvieron marcados por una nueva serenidad. A pesar de que aún había quienes no aprobaban su cercanía, la mayoría de la comunidad de Ataraxia sí los apoyaba. Empezaron a recibir invitaciones para colaborar en proyectos, e incluso fueron propuestos para liderar un taller sobre magia combinada y dualidades mágicas.
Una tarde, Leira se acercó a Kira mientras estudiaba en los jardines.
—He visto que las cosas van bien con Arándano —comentó con una sonrisa pícara.
Kira asintió, sintiendo un ligero sonrojo.
—Sí, todo está fluyendo de manera más natural. Estoy feliz.
—Me alegro mucho por ti. Sabes que siempre puedes contar conmigo.
—Lo sé, y te lo agradezco. No quiero darte la brasa con nuestra historia, pues bastante me has escuchado ya y me has ayudado. De momento todo va bien, pero no me quiero ilusionar. Es una amistad bonita y curiosa, pero me temo que es muy difícil que pueda ser nada más.
Con la llegada del Festival del Equinoccio, la universidad se sumergió en preparativos y celebraciones. Este evento marcaba la armonía entre luz y oscuridad, entre lo conocido y lo desconocido. Kira y Arándano fueron invitados a realizar un acto central durante la ceremonia.
Decidieron crear una exhibición que simbolizara la diversidad. Trabajaron incansablemente, mezclando vuelo, teletransportación y proyecciones mágicas que narraban una historia llena de descubrimientos y aceptación. La representación fue tal éxito que, tras el evento, la rectora Amara los llamó a su despacho.
—Lo que han logrado esta noche va más allá de una demostración de habilidades mágicas —dijo con seriedad—. Han tocado los corazones de todos nosotros. Estoy orgullosa de contar con estudiantes como ustedes en Ataraxia.
Se despidieron de la rectora con gratitud. Al salir, Kira miró a Arándano con emoción.
—Siento que hemos dado un paso importante, no solo para nosotros, sino para muchos otros.
Arándano asintió.
—Espero que nuestra historia inspire a otros a ser auténticos y a seguir su propio camino.
Esa noche, mientras las estrellas brillaban intensamente, Kira y Arándano se sentaron en uno de los balcones de la torre más alta.
—¿En qué piensas? —preguntó Arándano suavemente.
—En nada. Bueno, un poco en todo. En el recorrido que hemos hecho hasta ahora, y en el futuro.
—¿Y en el presente? Carpe diem.
—Ya... jaja. También.
Kira sonrió, mirando al cielo y respirando profundamente.
—¿Sabes que eres mi starboy, no?
—Shim.
—El viaje de los starboys. ¿Hasta dónde nos llevará?
La mirada de Arándano se perdía en el infinito, y se tornaba triste y seria, melancólica, apagada... a la vez que tierna, agradable y llena de amor. Kira podía ver su ser, mucho, mucho más adentro de lo que Arándano podía llegar a imaginar.
Capítulo 4: Encrucijadas del corazón
El sol se alzaba tímidamente sobre las torres esmeralda de Ataraxia, proyectando sombras alargadas que parecían extender los dedos sobre los jardines encantados. Kira caminaba sin rumbo fijo una vez más de sus muchos paseos por los senderos serpenteantes del Bosque de los Suspiros, donde los árboles centenarios susurraban leyendas a quienes se detenían a escuchar.
Habían pasado semanas desde la presentación en el Festival del Equinoccio. A pesar de la aclamación y el apoyo que habían recibido, Kira no podía evitar las dudas que emergían en su interior. Se cuestionaba quién era realmente y qué significaban los sentimientos cada vez más profundos que albergaba por Arándano. Mientras observaba cómo las hojas comenzaban a cambiar de color, reflejando tonos dorados y carmesí, se preguntaba si él también estaba experimentando una transformación similar.
Se sentó junto al lago de aguas cristalinas, donde los reflejos de las nubes dibujaban formas efímeras en la superficie. Tomó una piedra y la arrojó, observando cómo las ondas se propagaban, distorsionando las imágenes.
—¿Intentando descifrar los misterios del universo? —una voz familiar interrumpió sus pensamientos.
Kira levantó la mirada y encontró a Leira, su amiga de siempre, quien esbozaba una sonrisa cálida.
—No lo sé. O más bien los misterios de mí mismo. O los de otra persona —respondió con un suspiro.
Ella se sentó a su lado, en silencio, esperando a que él encontrara las palabras adecuadas.
—Todo se ha vuelto tan intenso y vívido desde que conocí a Arándano. Mi vida ha recobrado los colores que había perdido, pero al mismo tiempo, siento que he perdido el control o, digamos, la comodidad que tenía antes.
Leira le puso una mano en el hombro.
—Ay... Kira. Qué difícil es estar enamorado... ¿Verdad?
—¿Qué...? Yo...
—¿Ajam...?
—¿Será que me estoy enamorando...?
Leira se levantó mientras le daba unas palmaditas de apoyo en la espalda, como si ella supiera la respuesta y simplemente le estuviera dejando el espacio necesario para que él mismo se diera cuenta.
Esa tarde, decidió buscar a Arándano. Lo encontró en la Biblioteca de los Mil Conjuros, absorto en uno de sus libros antiguos. La luz del atardecer se filtraba por los vitrales, bañando el lugar en un resplandor color oro. Dotaba al nene de un color dorado realmente bonito.
—¿Interrumpo, goldenboy? —preguntó Kira con gracia.
Arándano levantó la vista y sonrió.
—Nunca. Siempre es bueno verte.
Se sentaron juntos en una mesa alejada. Kira tomó aire, buscando el valor para expresar lo que sentía.
—He estado pensando mucho —comenzó—. Sobre nosotros, sobre quién soy.
Arándano cerró el libro, centrándose en él.
—Te escucho.
—Siento que estoy cambiando. Mis sentimientos por ti son más profundos de lo que imaginé, y a pesar de que te veo como amigo, al mismo tiempo creo que siento algo más... como que me gustas.
Arándano lo observó con paciencia pero confusión.
—Pero no entiendo que tiene que ver que me veas como amigo con tu orientación sexual, si son dos cosas distintas.
Kira bajó la mirada.
—Ya, pero yo quiero decir que, a pesar de que somos amigos, es posible que, aparte de eso, te esté empezando a ver como algo más... no es que esté enamorado ni que tenga sentimientos fuertes, sino pues... que me gustas, tú, tu persona, tu yo transmasculino... aunque en realidad como te veas físicamente no es algo que realmente me importante tanto, porque lo que me importa es como eres tú. Siento que me expreso fatal, no sé si me estoy explicando...
Kira no tenía claro si Arándano le estaba entendiendo o no, pero la conversación no parecía dar mucho más de sí, había quedado como detenida en el espacio y el tiempo. Sabía que Arándano no quería ni buscaba nada y que este tipo de conversaciones le alejaban, porque no quería vincularse emocional ni sentimentalmente con nada ni con nadie, al menos actualmente o al menos en este caso... quizá sí era capaz de hacerlo con otras personas o en otra etapa de la vida, pero eso Kira no podía saberlo.
En los días siguientes, Kira se sumergió en una introspección profunda. Asistió a talleres y charlas organizadas por la comunidad LGBTIQA+ de Ataraxia, buscando respuestas y compartiendo experiencias con otros estudiantes que atravesaban situaciones similares.
Una noche, durante una reunión en el Salón de los Espejos, donde las personas compartían historias personales, Kira decidió contar la suya.
—Siempre creí que me conocía a mí mismo —comenzó—, pero últimamente he descubierto que hay partes de mí que estaban ocultas. Me atrae alguien que no encaja en lo que siempre pensé que era mi orientación. ¿Eso hace que deje de ser hetero? O sigo siendo hetero, o soy algo más que hetero... aun no lo sé. Además, siento que mi identidad de género es más fluida de lo que imaginaba, pero no sé si realmente es que me siento tanto hombre como mujer, si esto es estático o fluido, o si sigo siendo una persona cis pero que es más afeminada y que no encaja con los estereotipos tradicionales de hombres y de lo que la sociedad entiende por ser masculino.
La sala permaneció en silencio respetuoso. Al finalizar, varias personas se acercaron para ofrecerle apoyo y compartir sus propias vivencias. Una de ellas, Soren, le dijo:
—Es valiente de tu parte abrirte así. Recuerda que no estás solo en este camino.
Esta experiencia le brindó a Kira una nueva perspectiva. Comprendió que su proceso era válido y que tenía derecho a tomarse el tiempo necesario para entenderse.
Mientras tanto, la Ballroom DragonQueer se acercaba nuevamente. Esta vez, Kira y Arándano fueron invitados a participar como organizadores, dada su popularidad y hazañas en el mundo del espectáculo. Decidieron que la temática sería "Metamorfosis", simbolizando la evolución y la transformación. Esta vez se iban a centrar en el cambio de formas y en el color. Para ello emplearían algunos conjuros propios de los druidas “cambiaformas” adoptando las formas de gato, pantera, jaguar, ratón, león y dragón.
El día de la fiesta, Ataraxia resplandecía con una energía especial. Los estudiantes se movían con entusiasmo, luciendo trajes que reflejaban sus personalidades y aspiraciones, de acuerdo con la temática de la metamorfosis. Tanto Kira como Arándano vestían ropajes con elementos tradicionales que aguardaban detalles innovadores, simbolizando su transición personal.
Mientras supervisaban los últimos detalles, un grupo de estudiantes se acercó para felicitarlos. Entre ellos estaba Jarek, quien había sido un opositor constante.
—Debo admitir que han hecho un buen trabajo —dijo con un tono menos hostil—. Tal vez juzgué prematuramente.
Arándano lo miró con curiosidad.
—Agradecemos tus palabras. Todos estamos aquí para aprender y crecer.
Jarek asintió, esbozando una sonrisa tímida antes de retirarse.
Kira lo observó alejarse.
—¿Crees que realmente ha cambiado?
—Quizás está empezando a comprender —respondió Arándano. Las personas pueden sorprendernos.
La fiesta fue un éxito rotundo. Las actuaciones, la música y el ambiente crearon una atmósfera de aceptación y celebración. Arándano se llevó una gran sorpresa y honor cuando decidieron nombrarla “madre” de la fiesta, la más joven que había existido hasta la fecha.
Al finalizar, recibieron una ovación de pie. Kira sintió una calidez en su interior, una sensación de pertenencia que nunca antes había experimentado.
Más tarde, mientras caminaban por los jardines iluminados por luciérnagas, Arándano tomó la iniciativa.
—Hay algo que quiero contarte —dijo, deteniéndose junto a una fuente cuya agua reflejaba las estrellas.
Kira lo miró con atención.
—Te escucho.
—He estado luchando con mis propios demonios —confesó Arándano—. A veces me cuesta abrirme completamente, incluso contigo. Pero quiero que sepas que realmente me importas.
Kira puso una mano sobre la suya.
—Lo sé. Todos tenemos nuestras batallas internas. Pero oye, aquí estamos, seguimos hacia adelante. Estamos para apoyarnos.
Se quedaron en silencio, disfrutando de la compañía mutua. La conexión entre ambos era palpable, más allá de las palabras.
En las semanas siguientes, Kira decidió hablar de nuevo con la profesora Maelis, quien le brindó orientación espiritual y le enseñó técnicas para conectar con su esencia.
—La magia más poderosa es la que proviene de nuestro interior —le dijo ella—. Al comprenderte a ti mismo, tus habilidades también se expandirán.
Esa fue la frase que más le marcó tras su conversación.
Después, Kira se dirigió al Templo de las Estrellas para meditar, donde tuvo una revelación. Visualizó su identidad como un fluido que podía tomar diferentes formas, sin estar limitado por conceptos rígidos. Era como energía, un átomo... o como las olas, en una marea, que simplemente se dejaban llevar.
Esa noche, buscó a Arándano para compartir lo que había experimentado.
—Siento que finalmente estoy en paz conmigo mismo —dijo con una sonrisa genuina—. Acepto que puedo ser quien soy sin necesidad de explicaciones.
—Me alegra verte así. Eres una inspiración.
En ese momento, Kira decidió expresar lo que sentía sin reservas.
—Arándano, quiero que sepas que mis sentimientos por ti son reales y profundos. No sé qué etiqueta ponerle, pero sé que quiero estar contigo.
Arándano lo miró a los ojos, con gran emoción.
Capítulo final: Alas compartidas
El tiempo transcurrió mucho más rápido de lo que Kira esperaba. Sin darse cuenta, el ciclo académico, había terminado. Pasaron las fiestas, pasaron los exámenes... llegó la ceremonia de clausura. Todo llega y todo pasa, tanto lo bueno como lo malo.
La rectora Amara, en su discurso de clausura, había recalcado como la verdadera magia reside en el amor. Al final, eso es lo que nos hace seguir adelante. Kira recordaba aquella frase que decía: “Sigamos construyendo este camino juntos. El sol sale de nuevo mañana, para nosotros y la luna, para nosotros. Hay un mañana mejor esperándonos. Hay un futuro para nosotros. Sonriámosle al sol cada mañana, y despidámonos con la luna cada noche.”. Fue una ceremonia muy bonita, cargada de emociones encontradas, mucha alegría y mucha tristeza.
A la mañana siguiente, la brisa matinal acariciaba suavemente las torres de Ataraxia, mientras el sol naciente teñía el horizonte con tonos dorados y rosados. Kira se encontraba en lo más alto de la Torre del Alba, contemplando el vasto paisaje que se desplegaba ante sus ojos. Había llegado volando, confiando en sí mismo. Ya controlaba su habilidad especial. El corazón le latía con fuerza, no solo por la belleza del amanecer, sino por la emoción que lo embargaba al pensar en el camino que había recorrido hasta ese momento. Parecía el final del camino.
Aquel día Arándano y él realizarían la última actuación del año, en un evento de celebración informal que tenía lugar siempre al día siguiente al evento oficial formal. Se trataba de la última fiesta del año de Ballroom DragonQueer.
En un instante, Kira se lanzó en picado desde la torre, para sentir la adrenalina al máximo y activó su poder conforme se acercaba al suelo, en un aterrizaje, calmado y lleno tanto de amor como de tristeza. Y allí abajo estaba, esperándole, Arándano, con su aparentemente serenidad de siempre, pero que a menudo ocultaba una miríada de misterios.
—Es un día perfecto para volar, ¿verdad? —comentó Arándano, con una sonrisa que iluminaba su rostro.
Kira asintió, girándose para mirarlo directamente.
—Lo es. Hoy es un día muy especial.
En su última actuación del año, habían decidido que mostrarían al mundo su verdadera esencia, combinando sus habilidades en una demostración que representaría no solo sus destrezas mágicas, sino también la unión de sus almas y el crecimiento personal que ambos habían experimentado, en representación no solo de sí mismo, sino de lo que significaba ser estudiante de la Universidad Arcana de Ataraxia.
Llegó el momento. Al tomar el centro del escenario, una calma profunda se apoderó de ambos. Kira tomó la mano de Arándano, y juntos cerraron los ojos, sincronizando sus energías. Un silencio expectante envolvió al público.
De repente, Kira comenzó a elevarse sin esfuerzo, rodeado de destellos luminosos que danzaban a su alrededor. Arándano, con un movimiento suave, desapareció en un instante y reapareció junto a él en el aire. La audiencia contuvo el aliento al ver cómo ambos ascendían, creando figuras y patrones que reflejaban armonía y equilibrio.
La magia de Kira irradiaba una luz solar cálida, mientras que la de Arándano aportaba brillos lunares profundos y vibrantes. Juntos, dibujaron en el cielo símbolos que representaban la aceptación, el amor y la diversidad. Sus movimientos eran una conversación silenciosa, un intercambio de emociones y pensamientos que trascendían las palabras.
En un momento culminante, ambos extendieron sus manos y, combinando sus energías, proyectaron una espléndida aura que se expandió sobre el anfiteatro, envolviendo a todos los presentes en una sensación de paz y conexión. La onda expansiva de ese poder combinado llegó mucho, mucho más lejos, atravesando las fronteras y barreras mágicas de la escuela.
El público estalló en aplausos y vítores. Algunos tenían lágrimas en los ojos, tocados por la profundidad y sinceridad de la actuación. Kira y Arándano intercambiaron una mirada llena de significado. Sabían que este era un momento decisivo, no solo para ellos, sino para muchos otros que se sentían identificados con su historia. Y por fin, la fiesta podía comenzar.
A medida que avanzaba la noche, Kira y Arándano se alejaron un poco del bullicio, encontrando refugio bajo el viejo sauce luminiscente que se alzaba cerca del lago. Todo estaba lleno de flores, y los ciervos se les acercaban para que les acariciaran y les dieran de comer.
Kira miró a Arándano.
—Es increíble pensar en todo lo que hemos vivido desde el inicio del curso. Cómo hemos crecido y lo mucho que hemos aprendido, no solo en magia, sino sobre nosotros mismos.
Arándano asintió pensativamente y permanecía en silencio.
Kira siguió reflexionando en voz alta.
—Hemos recorrido un largo camino. Y aunque aún queda mucho por vivir. ¿Será que seguimos compartiendo nuestras vidas?
Arándano lo miró con ojos vidriosos.
—Quien sabe. Somos como estrellas fugaces para disfrutar instantes. Puede que algún día, en algún momento, esto se acabe y desaparezcamos.
Un silencio melancólico y nostálgico se instaló entre ellos, roto solo por el suave murmullo del agua y el canto lejano de las criaturas nocturnas.
De repente, una idea cruzó la mente de Kira.
—¿Qué te parece si volamos una vez más esta noche? Solo tú y yo, sin prisas, si tú quieres.
Arándano asintió con entusiasmo.
—Está bien. Volemos juntos.
Arándano le cogió de la mano. Se pusieron de pie, y sin necesidad de palabras, Kira comenzó a elevarse y a elevarlo a él. Ascendieron por encima de los árboles, dejando atrás las luces de la fiesta. El cielo estrellado se abrió ante ellos, vasto e infinito. Siguieron ascendiendo. Ellos eran dos estrellas más.
Mientras surcaban el firmamento, una sensación de libertad absoluta los envolvió. No había expectativas, dudas ni miedos, solo el presente y la certeza de haberse encontrado el uno al otro. Celebraban su existencia y que ambas se hubieran cruzado.
Kira se detuvo en medio del vuelo, girándose hacia Arándano.
—Gracias por ser parte de mi vida, por ayudarme a descubrirme y por aceptarme tal como soy. Por tener un impacto positivo en mí. Tú me hiciste despertar.
Arándano extendió su mano, acariciando suavemente la mejilla de Kira.
—Gracias. Es muy lindo por tu parte. Tú también has tenido un impacto positivo en mi vida, aunque no lo exprese, lo sabes. He disfrutado de momentos de felicidad contigo.
Con el resplandor de las estrellas como testigo, compartieron un momento de conexión profunda, sellando un vínculo que trascendía lo mundano. No sabían hasta donde llegarían, cuál sería el recorrido, pero ahí estarían para ver el final del mismo, fuera como fuese, cuando fuese... Kira había decidido que estaría incondicionalmente para Arándano.
Al regresar a tierra, el primer rayo del amanecer comenzaba a pintar el horizonte.
—Un nuevo día nos espera —dijo Kira con una sonrisa.
—Miau, shim —añadió Arándano.
Juntos se dirigieron de vuelta a la universidad, listos para afrontar el porvenir. La vida en Ataraxia continuaría, llena de aprendizajes, desafíos y momentos inolvidables. Quizá buenos momentos, también malos momentos. Habría de todo. Pero tanto Kira como Arándano sabían que, sin importar lo que viniera, habían encontrado en el otro un compañero de viaje con quien compartir el vuelo más importante de todos: el de ser fieles a sí mismos y luchar por un mundo donde todos pudieran desplegar sus alas. Y el viaje de los starboys continuaría eternamente en aquel universo paralelo infinito y mágico donde todo era posible...