Amor de tostadora

Wala era una joven soltera que vivía en un pequeño apartamento en el centro de la ciudad. Le gustaba desayunar tostadas con mermelada, pero tenía un problema: su tostadora era demasiado grande, pesada y para varias personas. Esta genial para una casa familiar, donde varias personas hicieran uso de la misma constantemente... ¿pero para una sola persona? Demasiado de todo. Y además, mucho gasto de energía, espacio y dinero.

Un día, mientras paseaba por el mercado central, vio un puesto de variedades que le llamó la atención. Era un puesto de tostadoras pequeñas, con una capacidad para una sola tostada. Wala se acercó a verlas, y quedó encantada. Eran justo lo que ella necesitaba: tostadoras pequeñas, portátiles, económicas y eficientes. Para una sola persona. Wala eligió una tostadora rosa con forma de corazón, y la compró por un precio muy razonable.

Al día siguiente, Wala se levantó con una sonrisa. Preparó su tostada con mermelada, también mantequilla y un poco de aceite. La tostadora hizo un sonido alegre y bastante silencioso, y en pocos segundos, le entregó una tostada perfecta, crujiente y dorada. La tostadora tenía una particularidad y es que, como tenía forma de corazón, también disponía de un patrón para realizar un corte en la tostadora y que esta también tuviera esa forma de corazón. Con lo cual, Wala podía desayunar tostadas tan ricas como adorables.

Pero lo que Wala no sabía era que esa tostadora tenía una maldición oculta, que la joven no tardó en descubrir. Quien probase una tostada de esta tostadora, sentiría la irrefrenable necesidad de enamorarse de otra persona. Cuando Wala salió por la puerta y fue al trabajo, nada ocurrió. Todos sus compañeros de trabajo eran hombres... pero es que a Wala le atraían las mujeres, y al salir de trabajar, se topó con una repartidora que traía las cartas de los inquilinos del edificio donde se encontraba su oficina. Se enamoró perdidamente de ella. Una trivial conversación surgió en su primer encuentro, y una cosa llevó a la otra.

La relación entre Wala y Zelin, la cartera, siguió evolucionando, y cada día pasaban más noches juntas en el apartamento de Wala. Al despertarse, desayunaban tostadas juntas, pero como la tostadora era muy pequeña, para el uso de una sola persona, siempre tenían que esperar y para cuando la segunda tenía su tostada lista, la primera ya había desayunado. Siempre lo tenían que hacer a destiempo, porque si se esperaban, el calorcito de la tostada se dispersaba y se enfriaba. Los desayunos habían dejado de ser tan plácidos como cuando Wala estaba sola.

Entonces, un día, al cabo de unos meses y por sorpresa, Zelin decidió regalarle una nueva tostadora a Wala, más grande y mejor, y tirar la antigua. Al reencontrarse las dos mujeres en el piso, su nidito de amor se desmoronó por momentos. La maldición de la tostadora en forma de corazón había desaparecido.

La pareja se soportaba cada día menos. Las discusiones se agravaron hasta el punto en que Wala no comprendía por qué se había enamorado de aquella mujer. Ya no le atraía ni intelectual ni físicamente. La atracción sexual había desaparecido. Como persona, parecía otra. Y un día, sus caminos se separaron. Su amor se había esfumado para siempre.

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