Un desastre en la cocina

Era la final de una competición de chefs. Los cuatro finalistas se enfrentaban al reto más difícil de sus vidas: preparar un menú completo con los ingredientes que les habían dado al azar. Tenían una hora para cocinar y presentar sus platos ante el exigente jurado. El problema es que aquel día habían dormido todos fatal.

El primero en empezar fue Chirlote, un joven estudiante de gastronomía que había sorprendido con sus creaciones innovadoras y arriesgadas. Su menú consistía en una ensalada de quinoa con frutos secos y vinagreta de frambuesa, un solomillo de ternera con salsa de vino tinto y patatas gratinadas, y una tarta de queso con mermelada de arándanos. Chirlote estaba seguro de que iba a impresionar al jurado con su técnica y su sabor.

La segunda en ponerse manos a la obra fue Joaquina, una ama de casa que había aprendido a cocinar de su abuela y que había demostrado su talento para la cocina tradicional. Su menú era una sopa de pescado con almejas y gambas, una tortilla de patata con cebolla caramelizada y pimientos del piquillo, y un flan de huevo con nata y caramelo. Joaquina confiaba en que su menú fuera el más sabroso y el más equilibrado.

El tercero en encender los fogones fue Vaquis, un empresario que había participado en el concurso para desconectar de su trabajo y que había sorprendido con su capacidad para improvisar y adaptarse a cualquier situación. Su menú era una ensalada de pasta con atún, tomate cherry y aceitunas negras, una lasaña de verduras y queso, y un helado de vainilla con sirope de chocolate y nueces. Vaquis esperaba que su menú fuera el más divertido y el más original.

La última en comenzar a cocinar fue Daniela, una profesora de música que había entrado en el concurso por amor al arte y que había destacado por su elegancia y delicadeza. Su menú era una crema de calabaza con crujiente de jamón, un bacalao al pil-pil con pimientos asados, y una mousse de limón con galletas maría. Daniela aspiraba a que su menú fuera el más sofisticado y el más delicado.

Los cuatro concursantes se pusieron a trabajar con ilusión y nerviosismo, sabiendo que solo uno de ellos se llevaría el premio. Todo parecía ir bien hasta que, de repente, todos empezaron a encontrarse mal. La noche anterior habían dormido realmente mal y la tensión y los nervios habían hecho estragos en sus mentes. Gracias a su profesionalidad y al talento que les había merecido llegar a la final, habían aguantado el tipo, pero por razones que se desconocen, la firmeza y la determinación de los cuatro concursantes se tambaleó vertiginosamente, provocando varios desastres en todos los participantes.

El primer desastre llegó con Chirlote: se distrajo un momento y se le quemó la salsa de vino tinto. Intentó arreglarlo añadiendo más vino, pero solo consiguió que la salsa quedara aguada y sin sabor. Decidió cambiarla por una salsa de mostaza, pero no tenía tiempo suficiente para hacerla bien y le quedó demasiado fuerte y picante.

El segundo desastre ocurrió poco después: Joaquina estaba dando la vuelta a su tortilla de patata cuando se le resbaló el plato y la tortilla salió volando por los aires. Cayó sobre la mesa donde estaban los ingredientes de Vaquis, ensuciando su ensalada de pasta y su lasaña. Vaquis se enfadó mucho y le gritó a Joaquina, que se disculpó avergonzada. Joaquina tuvo que empezar de nuevo su tortilla, pero ya no tenía suficientes huevos, ni patatas, ni tiempo.

El tercer desastre fue el más grave: Daniela estaba montando la nata para su flan cuando se le acabó el gas del sifón. No tenía otro sifón ni otra nata, así que decidió usar la batidora eléctrica. Pero no se dio cuenta de que la batidora estaba enchufada al mismo enchufe que el horno donde estaba el bacalao. Al encender la batidora, saltó el diferencial y se apagó el horno. Daniela se quedó sin nata y sin bacalao.

El cuarto desastre fue el más cómico: Vaquis estaba sacando el helado del congelador cuando se le cayó al suelo. El helado se hizo pedazos y se esparció por el suelo. Vaquis intentó recogerlo con una espátula, pero era demasiado tarde. El helado se había derretido y había formado un charco pegajoso. Vaquis se resbaló con el charco y cayó al suelo, llevándose consigo la mesa donde estaba el sirope de chocolate y las nueces. El sirope y las nueces se derramaron sobre Vaquis, que quedó cubierto de chocolate y frutos secos.

Los cuatro concursantes se quedaron sin platos que presentar al jurado. Solo les quedaba la esperanza de que alguno de sus platos se hubiera salvado del desastre. Pero no fue así. Cuando el jurado entró en la cocina para probar los platos, se encontró con un panorama desolador: una salsa quemada, una tortilla voladora, un bacalao crudo y un helado derretido.

El jurado no pudo contener la risa al ver el espectáculo, pero realmente no era para reír sino más bien para llorar. El panorama era desolador. Los concursantes se sentían fatal y no sabían cómo había podido suceder esta concatenación de errores. Lo único que sabían es que a los cuatro, uno tras otro, les habían flaqueado las fuerzas y lo achacaban a lo mal que habían descansado la noche anterior, porque no se les ocurría otro motivo... a no ser que alguien les hubiera envenenado la cena y eso les hubiera afectado.

En cualquier caso, poco podían hacer ya. Los concursantes estaban decepcionados y desconcertados, pero aún más lo estaba el jurado. Decidieron que ninguno de ellos merecía el premio y que este quedaba desierto.

Al día siguiente que un extrabajador del programa había boicoteado la cena de los concursantes para vengarse del programa, poniéndoles un tipo de droga que les hizo efecto durante la final del programa y que desproveía totalmente a los concursantes de su concentración. Al salir a la luz la verdad, se decidió que la final se repetiría. El programa se disculpó con los concursantes y al final todo se arregló. El ganador fue Vaquis.

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