Los chuperreteadores

Burno y Caitlyn eran un matrimonio de perro-personas que llevaban 60 años juntos. Se querían mucho, y compartían muchas aficiones. Pero lo que más les gustaba era chuperretear la comida. Les encantaba todo lo que se pudiera chuperretear: los caracoles, las gambas, el marisco en general… También les gustaba chuperretearse los dedos cuando comían patatas fritas, salsas… Toda aquella comida que se pudiera chuperretear les encantaba.

Un día, decidieron darse un homenaje y prepararon un festín en su casa. Compraron todo lo que les apetecía: caracoles al ajillo, gambas al pil-pil, bogavante a la plancha, cangrejos rellenos… Lo cocinaron todo con esmero y lo pusieron en una gran bandeja sobre la mesa del comedor. Se sentaron a comer, sin cubiertos ni servilletas. Solo usaban bocas y manos.

Empezaron por los caracoles, que estaban tiernos y sabrosos. Los sacaban de sus conchas con los dientes y los chuperreteaban con deleite. Se pasaban la lengua por los labios para no perderse ni una gota del jugo de ajo y perejil.

Luego siguieron con las gambas, que estaban picantes y crujientes. Les arrancaban las cabezas y las chuperreteaban hasta vaciarlas. Luego pelaban los cuerpos y los mordían con gusto. Se chuperreteaban los dedos para limpiarlos del aceite y el pimentón.

Después pasaron al bogavante, que estaba tierno y jugoso. Le partían las pinzas con un cascanueces y las chuperreteaban hasta sacar toda la carne. Luego le abrían el cuerpo y le sacaban el coral y el hígado. Se lo comían con placer, saboreando cada bocado. Se chuperreteaban las manos para quitarles el jugo del marisco.

Por último, se comieron los cangrejos, que estaban rellenos de una mezcla de carne, pan rallado, huevo y especias. Les quitaban el caparazón y les sacaban el relleno con los dedos. Se lo metían en la boca y lo masticaban con lujuria. Luego se comían las patas y las chuperreteaban hasta dejarlas limpias. Se chuperreteaban las manos para quitarse los restos del relleno.

Burno y Caitlyn se miraron con satisfacción. Habían disfrutado de otra cena deliciosa, y se habían chuperreteado todo lo que habían podido. Se sentían llenos y felices, porque chuperretear comida era lo que más les gustaba hacer en la vida.

Pero lo segundo que más les gustaba hacer en la vida, era bajarse después de comer a ver una serie de Netflix en el sofá. Así que se levantaron de la mesa y se fueron juntos al sofá de la bodega. Encendieron la televisión y buscaron una serie de Netflix para ver. Se tiraron más de media hora buscando entre las novedades, las películas y series más populares... no sabía cuál escoger.

Les gustaba mucho ver series y películas juntos, sobre todo las policíacas, las de época y las de suspense. Y eso que al principio no querían suscribirse a ningún servicio de streaming... claro que luego le cogieron el gusto, igual que a chuperretear un caracol: le vas cogiendo el gusto con el tiempo.

Por fin se decidieron y escogieron una nueva que les llamó la atención, aunque no era de sus géneros favoritos: “El Chuperreteamiento”, una serie que iba sobre unos protagonistas a los que les encantaba degustar comida. Se parecían mucho a ellos.

Qué buena pinta tiene esta serie, mi amor -le dijo Burno a Caitlyn.

Sí, parece muy divertida y original, tesoro -le dijo Caitlyn a Burno.

Se acomodaron en el sofá y empezaron a ver la serie, mientras picaban frutos secos de todo tipo y patatas fritas y se chuperreteaban los dedos cuando estaban totalmente cargados de los condimentos que estos llevaban.

La serie estuvo bien. Se rieron mucho con las aventuras y desventuras de los protagonistas y tomaron nota para comprar algunos de los alimentos que habían aparecido en la serie y que ellos también querían chuperretear.

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