La comida mutante
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Los cocineros aplicaban una innovadora técnica que consistía en cubrir la comida de una salsa que era moldeable y que podía trabajarse para que pareciera otra comida. Esta salsa estaba muy fría porque se helaba con hidrógeno líquido, pero a temperatura ambiente, unos minutos después de servirse, se derretía y descubría la verdadera comida que se escondía debajo, consiguiendo el efecto de una comida mutante que se transforma en otra.
Un día, algo salió mal. Uno de los clientes, alérgico a los frutos secos, pidió un plato que parecía una ensalada de frutas, pero que en realidad era un pastel de nueces. Cuando la salsa se derritió y reveló el pastel, el cliente entró en shock anafiláctico y tuvo que ser trasladado al hospital. El restaurante fue clausurado por las autoridades sanitarias y los cocineros fueron acusados de negligencia y fraude. La cocina moderna vanguardista perdió su prestigio y su público, y el restaurante quedó en el olvido."
Diez años después, uno de los antiguos chefs y dueños del restaurante, que había cambiado de país, no se dio por vencido y abrió un nuevo local en París, dedicado a la cocina mutante molecular. En este local se servía comida que, al entrar en contacto con la saliva, cambiaba de sabor, de textura y de color. Los clientes quedaban maravillados con esta experiencia gastronómica única y el local se convirtió en un éxito. El cocinero había aprendido de su error y se aseguraba de que la comida fuera segura y saludable para todos. Aunque la comida cambiase de sabor, textura y color, seguía siendo la comida original que estaba anunciada en la carta. La cocina molecular se abría paso en el mundo culinario y el cocinero recuperaba su fama y su fortuna.
Un año después, algo volvió a salir mal. Una cliente muy importante y exigente, famosa por sus críticas culinarias, llegó al restaurante. Cuando la comida cambió de sabor, de textura y de color al entrar en contacto con la saliva, la cliente se decepcionó al saber que esta seguía siendo originalmente la misma comida. La analista gastronómica esperaba que la comida mutase totalmente, es decir, que se transformase en otra totalmente, no solo en sabor, textura y color sino también en su esencia, como lo hacía antiguamente. La analista publicó muy malas críticas en el restaurante, compartió su decepción en sus potentes redes sociales y entre sus seguidores, que la aclamaban como a una diosa de la comida. La clientela dejó de llegar al local y este terminó siendo clausurado. Se hundió.
Pero el cocinero no se iba a dar por vencido. Tenía una nueva idea en mente, una idea revolucionaria que iba a cambiar la historia de la gastronomía. Se trataba de la cocina mutante holográfica. En esta cocina se serviría comida que, al ser observada, proyectaba imágenes tridimensionales de otras comidas, creando una ilusión óptica sorprendente, y el comensal podría elegir una de estos proyecciones holográficas; al seleccionarla, la comida se transformaría totalmente tanto en su sabor, textura, color, olor y como no, en su esencia. Sería no sólo una mutación ni una imitación, sino una transformación alquímica total. Además, los comensales en todo momento podrías ver la composición nutricional de las proyecciones holográficas antes de seleccionar una, y así no había problema con las alergias. El número total de proyecciones posibles era de tres, pero se ampliaría en el futuro.
El cocinero estaba seguro de que esta vez no habría ningún problema, ya que la comida era real y no había nada oculto en ella. El cocinero se preparaba para abrir un nuevo local en Tokio, dedicado a la cocina holográfica. La cocina holográfica se preparaba para conquistar el mundo y el cocinero esperaba recuperar su gloria y su reputación.