El Pepano Blanco
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Era una noche de fiesta y el ambiente estaba animado en la discoteca. La música sonaba a todo volumen y la gente bailaba apretujada unos con otros. Él la vio desde el otro lado de la barra, con su vestido rojo y su pelo negro. Era la chica más bonita que había visto en su vida. Se llamaba Vega y trabajaba en la misma empresa que él, pero nunca había hablado con ella. Se armó de valor y se acercó a ella, con una sonrisa nerviosa.
- Hola, Vega. Soy Vincent, del departamento de marketing. ¿Te puedo invitar a una copa? - le dijo.
- Hola, Vincent. Claro, ¿por qué no? - le contestó ella, con una voz dulce.
- ¿Qué te apetece tomar? - le preguntó él.
- Pues no sé... ¿Qué me recomiendas? - le dijo ella, con una mirada curiosa.
- Bueno, hay una bebida que me encanta, que se llama el Pepano Blanco. Es un cocktail muy especial, con un sabor único. Te va a gustar, seguro - le aseguró él.
- ¿El Pepano Blanco? Nunca lo he oído. ¿Qué lleva? - le preguntó ella.
- Pues lleva pipas de calabaza y de chía trituradas, una pizca de barbacoa, guaraná, zumo de sandía y vodka negro. Es una mezcla explosiva, pero muy refrescante - le explicó él.
- Vaya, suena interesante. Vale, pues ponme uno de esos - le dijo ella.
- Perfecto. Voy a pedírselo a la camarera - le dijo él, y se dirigió a la barra.
Allí estaba la camarera, una chica rubia y delgada, con piercings en la nariz, tatuada con un ave y una calavera y con un flamante escote. Parecía aburrida y distraída. Vincent le hizo una seña y ella se acercó.
- Hola, ¿qué quieres? - le preguntó.
- Hola, quiero dos Pepanos Blancos, por favor - le dijo Vincent.
- ¿Dos qué? - le preguntó la camarera, frunciendo el ceño.
- Dos Pepanos Blancos. Es un cocktail, no sé si lo tenéis o si lo podéis hacer - le repitió Vincent.
- Mmm, ¿qué lleva?
- Lleva pipas de calabaza y de chía trituradas, salsa de barbacoa, guaraná, zumo de sandía y vodka negro – describió Vincent.
- ¿En serio lleva todo eso? - le preguntó la camarera, con cara de confusión.
- Sí, son los ingredientes que se usan para hacer el Pepano Blanco. Es una bebida muy popular, no sé cómo no la conoces - le dijo Vincent, impaciente.
- Pues lo siento, pero yo no la conozco. Y tampoco tengo esos ingredientes. Así que no te puedo hacer el Pepano Blanco - le dijo la camarera, con tono de fastidio.
- ¿Cómo qué no? Pero si es una bebida muy fácil de hacer. Mira, te voy a explicar cómo se hace. Primero, coges un vaso y le echas unas cuantas pipas de calabaza y de chía. Luego, las trituras con un mortero, hasta que queden como una pasta. Después, le añades una pizca de barbacoa, que le da un toque picante. A continuación, le pones un poco de guaraná, que es un estimulante natural. Luego, le echas zumo de sandía, para que coja el tono rosado y un sabor muy dulce, que hace que el cocktail esté realmente rico. Y por último, le pones el vodka negro, que es lo que le da el sabor a alcohol, le da todavía aun más dulzor y además oscurece un poquito el rojo de la sandía, consiguiendo un color magenta oscuro muy atractivo. Lo remueves todo bien y ya tienes el Pepano Blanco. ¿Ves? Es muy sencillo - le explicó Vincent, con mucha paciencia.
- No lo sé... lo veo un poco... ¿Pero eso está bueno? - le preguntó la camarera, con incredulidad.
- Claro que está bueno. Es una delicia. Pruébalo y verás - le dijo Vincent, convencido.
- Bueno, vale. Voy a intentar conseguir los ingredientes o quizá sustituir alguno si me falta para que sea parecido. Pero no te prometo nada - le dijo la camarera, con resignación.
La camarera se puso a buscar los ingredientes que le había dicho Vincent, pero no los encontraba todos. Buscó en los armarios, en las estanterías y en el frigorífico y solo dio con el vodka negro, el zumo de sandía y el guaraná, pero ninguno de los otros ingredientes. Solo había cosas normales, como hielo, limón, naranja, cola, ginebra, ron, etc. No tenían semillas ni salsas.
La camarera se empezó a poner nerviosa. No sabía qué hacer. Miró a Vincent, que la esperaba y le sonreía inquisitivamente desde la barra. Y luego miró a Vega, que estaba esperando impacientemente y con algo de extrañeza junto a Vincent.
Entonces, decidió improvisar sustituyendo algunos ingredientes. Cambió las pipas de calabaza y las semillas de chía trituradas por pan de pipas de girasol machacado, que era un snack que tenían en la barra disponible para que cualquier que tuviera hambre en mitad de la noche pudiera comer algo. Y después, sustituyó la barbacoa por un chupito de chili, para darle el toque picante. Lo removió todo bien y le puso una pajita. Ya tenía el cocktail. Lo miró y se quedó satisfecha. No era exactamente el mismo, pero bueno, podía colar. Puede que hasta le gustase más que el Pepano Blanco. Se lo llevó a Vincent y Vega a la barra.
- Aquí tenéis. Dos Pepanos Blancos - le dijo.
- Gracias. ¿Y cómo los has hecho? - le preguntó Vincent, curioso.
- Pues con los ingredientes que me has dicho, los he conseguido encontrar - le mintió la camarera.
- Ah, muy bien. Pues tienen muy buena pinta - le dijo Vincent, sin sospechar nada.
- Sí, verdad. Pruébalos y me dices - le dijo la camarera, con malicia.
Vincent y Vega se repartieron las bebidas y brindaron. Al instante, pusieron cara de asco. El cocktail estaba horrible. Era una mezcla de sabores que no pegaban nada. Era ácido, dulce, gaseoso, alcohólico y amargo a la vez. Les ardía la garganta. No podían creer que aquello fuera el Pepano Blanco. Se miraron y se pusieron a toser.
- ¿Qué es esto? - le preguntó Vega, con disgusto.
- Está malo, creo que la camarera se ha equivocado haciéndolo o algo - le dijo Vincent, avergonzado.
- Está asqueroso, me quema la garganta... y pica mucho - le dijo Vega, indignada.
- Voy a hablar con ella y a ver qué ha pasado - le dijo Vincent, tratando de excusarse.
- Esa camarera, ¿será que nos lo ha dado mal aposta? Vamos a comprobarlo - le dijo Vega, pegando un golpe con el vaso en la barra.
Unos metros más allá estaba la camarera, que los observaba de reojo. Vega le plantó el vaso en la cara.
- Oye, ¿tú qué te has creído? ¿Qué es esta basura que nos has dado? – contestó Vega irritada.
- ¿Qué pasa? ¿No te gusta el Pepano Blanco? - le preguntó la camarera, con ironía.
- ¿El Pepano Blanco? ¡¿Esto es el Pepano Blanco?? Pero si esto no tiene nada que ver con lo que me ha dicho Vincent. ¿Qué ingredientes has usado? - le dijo Vega, enfurecida.
- Pues no sé, yo he hecho lo que me ha dicho él. Él me ha dicho lo que llevaba y lo he puesto. Llevaba pan de pipas de girasol, chili, guaraná, zumo de sandía y vodka negro ¿No es así, Vincent? - le dijo la camarera, mirando a Vincent, que ponía cara de incrédulo.
- No, no es así. Yo no te he dicho eso. Yo te he dicho los ingredientes correctos del Pepano Blanco y tú los has cambiado a propósito. ¿Por qué lo has hecho? ¿Pretendes matarnos? Ahora nos arde la garganta y el pecho - le dijo Vincent acusándola.
- ¿Yo? Para nada. Dije que si no tenía todos los ingredientes los sustituiría por otros parecidos, ni más ni menos. Parece que no os ha gustado... y yo que culpa tengo, tampoco quería que os sintierais mal - le dijo la camarera, fingiendo arrepentimiento.
- No te hagas la inocente. Sabes muy bien lo que has hecho y nos has fastidiado. Puedes quedarte tu Pepano Blanco inventado.
Entonces Vega cogió su vaso de Pepano Blanco y se lo tiró a la cara. Y después cogió el de Vincent y se lo tiró también. La camarera se quedó helada y empezaron a picarle los ojos por culpa del chili y a arderle la piel. Ese cocktail era una bomba.
Vega cogió del brazo a Vincent y salieron corriendo de allí en la búsqueda de un local que les pudiera preparar un Pepano Blanco de verdad, bien hecho.