El pan manguera
Share
Un día, Damián y Anaís decidieron ir a probar el nuevo producto que estaba causando furor en Barcelona: el pan manguera. Habían visto el anuncio en la tele y les había llamado la atención. Se trataba de un bocadillo muy especial, que tenía la forma de una manguera y que estaba relleno de bebida y comida al mismo tiempo. Podías elegir entre diferentes sabores y combinaciones, y lo mejor de todo es que no tenías que llevar ni comprar tu bebida aparte, pues estaba incluida en el pan.
El pan estaba constituido de unas harinas especialmente resistentes e impermeables para no dejar pasar el líquido de la bebida que almacenaba en el hueco de dentro.
Ambos llegaron al local donde vendían el pan manguera y se quedaron impresionados con la variedad de opciones que ofrecía. Había panes tintados de distintos colores, tamaños pequeños, medianos, grandes y extragrandes, con diferentes tipos de bebidas e ingredientes. Damián se decidió por un pan manguera salado, de jamón york y queso, con Coca-Cola. Ana, en cambio, prefirió un pan manguera dulce, de chocolate con leche, trocitos de avellana y con batido de cacao. Cada uno pagó con el móvil y se sentaron en unos poyetes a comérselo, ya el local no tenía mesas, sino que solo era para recoger y llevar. Todo el mundo estaba cerca sentado en uno u otro lado para disfrutar la novedad del manjar.
Damián abrió uno de los extremos del pan y empezó a beber la Coca-Cola que salía por el agujero. Le pareció muy refrescante y burbujeante, y no se veía para nada afectada por haber sido vertida dentro del bocadillo. No había perdido casi gas. Luego, dio un bocado al pan y notó el sabor del jamón y el queso, que sabía tan rico como el de los sándwiches tostados con queso fundido que hacen la boca agua.
Anaís hizo lo mismo con su pan manguera dulce, que ofrecía una experiencia totalmente contraria. Lo primero que hizo fue volcar el pan para beber un poco del batido de cacao, y volcarlo de nuevo para así poder ir comiendo el bocada. Y así lo iba recorriendo poco a poco, bebiendo y comiendo, como un ratoncito, mordisquito a mordisquito. El cacao se sentía cremoso y el chocolate con leche del pan se mezclaba convirtiéndose en una explosión de distintas gamas de chocolates en la boca. El pan también tenía un toque dulce, no era el típico salado.
Estaban bastante sorprendidos. El pan manguera era una idea mejor de lo que sonaba a priori. Aunque es verdad que, apretando el pan, más de una vez salía disparado el líquido por el otro extremo o por alguna que otra abertura, como el chorro de una manguera. Quizá tenían que mejorar un poco más eso, para que no se mancharan ni se perdiera parte de la bebida.
Aun así, el todo en uno del pan manguera resultaba cuento menos curioso y divertido. Molaba el concepto, aunque tenía rango de mejora. Demián y Anaís decidieron que volverían a probarlo en alguna otra ocasión para ver como evolucionaba.