El entrenador Pokémon emprendedor

Zed era un joven aficionado a los videojuegos, especialmente a los de realidad aumentada, esos que te permiten interactuar con el mundo real a través de tu móvil o unas gafas especiales para ello. Le apasionaba salir a la calle y recorrer su ciudad, Madrid, mientras se sumergía en el universo de Pokémon, una saga que le había acompañado desde su infancia, con títulos como Pokémon Rojo, Pokémon Oro, Pokémon Rubí, Pokémon Diamante, Pokémon Sol o Pokémon Leyendas: Arceus. Quizá no era el fan número uno, pero si un gran seguidor de la saga que también ahora le acompañaba en la adultez. De hecho, su juego favorito era y al que más jugaba ahora es Pokémon Go, una aventura de exploración y estrategia que le hacía sentirse como un auténtico entrenador Pokémon en la vida real.

Zed sabía que no era el único que disfrutaba de este tipo de juegos. Cada vez que salía, se encontraba con otros jugadores que también llevaban sus móviles y se dirigían a los puntos de interés, donde podían realizar acciones especiales o conseguir recompensas y, por supuesto, cazar decenas de Pokémon. Una manera, además, muy sana de hacer ejercicio, eso sí, sin perder de vista el camino.

Algunos de esos puntos eran lugares emblemáticos de Madrid, como la Puerta del Sol, el Parque del Retiro o la Plaza Mayor. Allí se reunían decenas o incluso cientos de jugadores, creando un ambiente festivo y animado.

Pues bien, resulta que Zed se dio cuenta de que podía aprovechar esta situación para ganar algo de dinero extra. Se le ocurrió una idea: ofrecer sus servicios como entrenador Pokémon a otros usuarios que no tenían tiempo libre o ganas de jugar por sí mismos. Así, podía cobrarles una tarifa por caminar por ellos, abrir sus huevos Pokémon, participar en eventos temporales o conseguirles objetos raros. Era una forma de hacer ejercicio, divertirse y sacarse un dinerillo con una afición que no le costaría un trabajo extra realmente, porque se trataba de un tiempo que iba a dedicárselo igualmente al juego.

Pero Zed no se conformó con eso, tuvo otra ocurrencia: pensó en otra forma de emprendimiento relacionada con los juegos de realidad aumentada, y de nuevo con Pokémon Go. Se le ocurrió que podía colaborar con algunos comercios cercanos a los puntos de interés del juego, para atraer más clientes a sus establecimientos. La idea era sencilla: él se encargaba de comprar y usar objetos en el juego que beneficiaran a todos los jugadores, como cebos que atraían más Pokémon, inciensos que aumentaban la aparición de Pokémon raros o módulos que potenciaban los efectos de las Poképaradas. De esta forma, los jugadores se quedaban más tiempo en el lugar, y podían aprovechar para entrar en los comercios y consumir algo. A cambio, Zed recibía una comisión por parte de los comercios por este servicio de atracción de clientes, con un perfil además muy específico, que también podía usarse en el propio beneficio de las tiendas; por ejemplo, uno de los comercios colindantes a una parada Pokémon era una tienda de videojuegos, así que la sinergia con los potenciales consumidores estaba garantizada.

Así fue como Zed puso en marcha su emprendimiento gracias al juego de realidad aumentada de Pokémon Go. Al principio, no fue fácil convencer a los comerciantes de su idea, pero poco a poco fue ganándose su confianza y demostrando los resultados.

Un día se acercó a una cafetería situada cerca de una Poképarada muy concurrida, y le propuso al dueño su plan, como a tantos otros se lo había propuesto anteriormente.

- Hola, buenos días. Me llamo Zed y soy un jugador de Pokémon Go. ¿Te puedo hablar un momento? - dijo Zed con una sonrisa.

- Hola, yo soy Perchi, el dueño de esta cafetería. ¿Qué quieres? - respondió Perchi con curiosidad.

- Verás, he observado que tu cafetería está muy cerca de una Poképarada muy popular entre los jugadores de Pokémon Go. ¿Te has fijado en la cantidad de gente que viene aquí con sus móviles? - preguntó Zed.

- Sí, claro que me he fijado. Pero la verdad es que no me sirve de mucho. La mayoría solo viene a usar la Poképarada y se va sin consumir nada. Es más, a veces me molestan porque ocupan las mesas o el wifi sin pedir nada - se quejó Perchi.

- Bueno, pues yo te puedo ayudar a cambiar eso. Te puedo ofrecer un servicio que hará que esos jugadores se queden más tiempo en tu cafetería y consuman algo. ¿Te interesa? - propuso Zed.

- ¿Y cómo piensas hacer eso? - preguntó Perchi con escepticismo.

- Es muy sencillo. Yo me encargo de comprar una serie de beneficios para los jugadores, que harán que permanezcan aquí más tiempo jugando y además les diré que estoy patrocinado por ti como cafetería. Al pasar más rato jugando en el mismo sitio, los jugadores se cansarán, les entrará sed y hambre y harán amistades con las que les gustará sentarse a tomar algo. Les entrarán ganas de entrar en los comercios cercanos, como por ejemplo tu cafetería, que es la que está justo aquí al lado.

- ¿Y eso funciona? ¿Tú que ganas? - dudó Perchi.

- Claro que funciona. Yo ya lo he hecho con otros comercios y les ha ido muy bien. Yo solo cobro una pequeña comisión por este servicio. Además, no tienes nada que perder, podemos hacer una prueba gratuita. Solo tienes que darme una oportunidad y verás los resultados. Estoy seguro de que tus ventas aumentarán, y si no te convence, lo dejamos - aseguró Zed.

- Bueno, vale. Te voy a dar una oportunidad. Pero solo una. Vamos a intentarlo y a ver si funciona como dices. Pondré algunas bebidas de oferta para los jugadores de Pokémon Go a modo de promoción del evento. Si da buenos resultados, te contrataré para que vengas los viernes y los sábados, que es cuando más gente hay.- aceptó Perchi.

- Trato hecho. No te arrepentirás - dijo Zed con entusiasmo.

Zed se puso manos a la obra y empezó a usar sus objetos en el juego. Enseguida, la Poképarada se llenó de Pokémon de todo tipo, y los jugadores se acercaron atraídos por la novedad. Zed les saludaba y les invitaba a entrar en la cafetería, donde les esperaba una carta con ofertas especiales para los jugadores de Pokémon Go. Algunos aceptaban y entraban a tomar algo, otros se resistían y seguían jugando fuera. Pero Zed no se rendía y seguía insistiendo con amabilidad y simpatía. Ya era famoso por el barrio.

- Hola, ¿qué tal? ¿Te gusta Pokémon Go? - preguntaba Zed a un jugador que acababa de llegar.

- Sí, me encanta. Es mi juego favorito - respondía el jugador.

- Pues estás de suerte, porque hoy hay unas ofertas especiales en esta cafetería para los jugadores de Pokémon Go. ¿No te parece genial? - decía Zed.

- ¿En serio? ¿Y cómo lo sabes? - preguntaba el jugador con curiosidad.

- Porque yo soy el que está usando los objetos en el juego para que haya más Pokémon en la Poképarada. Soy un entrenador Pokémon, y me dedico a ayudar a otros jugadores a conseguir sus objetivos. Además, colaboro con los comercios cercanos para que tengan más clientes - explicaba Zed.

- Vaya, pues eres un crack. ¿Y cómo te va con eso? - preguntaba el jugador con admiración.

- Pues la verdad es que me va muy bien. Me divierto, hago amigos, conozco mejor mi ciudad y gano un dinero. Es el sueño de cualquier jugador hecho realidad - decía Zed con orgullo.

- Pues sí, la verdad es que sí. Oye, pues me has convencido. Voy a entrar en la cafetería y voy a pedir algo. ¿Me acompañas? - proponía el jugador.

- Claro, con mucho gusto. Vamos juntos - aceptaba Zed.

Así fue como Zed se convirtió en un pequeño emprendedor local exitoso gracias a la realidad aumentada, esa tecnología novedosa y popularmente extendida por las calles de todo el mundo gracias a Pokémon Go.

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