Planeta 16 Los vampiros de sangre

En el Planeta 16 convivían los vampiros de la sangre. Además, había 3 lores, que gobernaban el planeta, donde cada uno vivía en una enorme y lujosa mansión.

Sin embargo, estaba establecido que cada lord debía vivir en soledad, sin ninguna compañía, como castigo a sus vidas pasadas, ya que los 3 habían nacido fruto de un profundo odio reencarnado.

El primero y más débil de los 3 lores era “Ratón”. Su cuerpo se construyó a partir del de una rata y un murciélago enfermo que habían sido utilizados en múltiples experimentos científicos de principios éticos cuestionables. Los pobrecillos animales habían engendrado un terrible odio hacia sus captores, que les tenían constantemente torturados en pos del progreso.

Era el lord menos evolucionado, el que menos comía y menos aportaba en el Consejo de los 3. Nadie esperaba nada de él. Sus armas eran una rodela y una espada corta.

El segundo de los lores era “Pin Salazar”. Se caracterizaba por ser un pícaro embaucador y manipulador, toda una delicia maquiavélica.

Nació hace muchos siglos, a partir del odio del bufón de una corte medieval. Al bufón le gustaba robar manzanas de la cocina cuando el personal estaba ocupado, pero un día, más temprano que tarde, lo pillaron, claro... porque se coge antes a un mentiroso que a un cojo... y ello le llevó a sufrir un destino fatal, literalmente. No obstante, su pericia en el arte de la picaresca era tal que le salvó de un destino de inexistencia, ya que consiguió engañar a la misma muerte.

Su opinión en el Consejo de los 3 era tan poco fiable que tenía poco sentido intercambiar palabras con él. Su arma era una lanza oscura.

El tercero y último de los lores era “Murloke”. Era grande, fuerte e inteligente, pero muy lento. Lento para todo, para hablar, para moverse, para alimentarse, para dormir, para pensar… para todo. Era exasperante. Desesperaba a todos los demás, por eso no había mucho espacio para su liderazgo… nadie tenía tanta paciencia… bueno, Ratón era el que más caso le hacía. Su arma era un martillo.

Murloke nació del odio de un boxeador abatido justo antes de comenzar su primer combate. El atleta comenzaba su afición con el fin de mejorar su estado físico, ¡por fin podía poner a prueba sus puños y ponerse en forma!, pero un infarto acabó con sus buenos propósitos antes siquiera de empezar.

Pues bien, estos eran los 3 lores, y te preguntarás, ¿qué es eso del Consejo de los 3? El Consejo de los 3 era un evento transcendental que tenía lugar una vez al año: era cuando se decidía cuánto se iba a poder alimentar cada lord durante el año, ya que de ello dependía el equilibrio de poder.

De esta manera, quien se alimentaba más, podía obtener mayor poder y lógicamente, aspiraba a liderar los vampiros de la sangre al menos durante un año, ¿qué de qué se alimentaban?, de sangre, claro. Sin embargo, no de la sangre de humanos, más que nada, porque en este planeta, el Planeta 16, no había humanos. La sangre se obtenía de los flores de sangre, que crecían en tierras fértiles abonadas durante milenios con los cadáveres de animales y humanos que otrora vivieron aquí.

Cada lord disponía de unos terrenos de cultivos de la susodicha flor anexionados a sus mansiones y podían cosecharlos a discreción según su estatus dentro del Consejo. Por lo tanto, el Consejo de los 3 era fundamental. En este consejo, los 3 lores competían en un cruel juego, que se llamaba “El tragasangre”: se trataba de un combate en el que debían obtener la medida de un vaso de sangre de la propia sangre de cada uno de los otros dos rivales y después, bebérsela; el método, irrelevante, pero había dos reglas importantes que cumplir: Regla 1: no podían matar a los rivales; Regla 2: no podían atacar directamente a sus rivales; y Regla 3: si ninguno resultaba ganador en el plazo de una semana, los tres lores serían sentenciados a muerte y se nombrarían al azar a 3 nuevos lores de entre los habitantes del Planeta 16.

Así, llegaría el día más esperado del año. El Consejo de los 3 debía realizarse. Los competidores estaban listos y las reglas estaban claras.

El día del Consejo de los 3 había llegado. Los tres lores se prepararon para el cruel esparcimiento que decidiría su destino. Cada uno de ellos tenía una estrategia diferente, pero todos compartían el mismo objetivo: obtener la sangre de sus rivales y bebérsela.

El lugar elegido para el combate era un antiguo coliseo, donde antaño se celebraban luchas entre gladiadores y bestias salvajes. Ahora, el escenario estaba lleno de trampas, obstáculos y enemigos, que los lores debían sortear para conseguir su objetivo.

El primero en actuar fue Murloke. El lord más fuerte e inteligente, pero también el más lento, decidió usar su martillo para romper las trampas y los obstáculos que se interponían en su camino, creando así un sendero seguro para él. Su idea era esperar a que sus rivales se desgastaran entre ellos y luego aprovechar su fuerza y su resistencia para acabar con ellos.

El segundo en actuar fue Pin Salazar. El lord más embaucador y manipulador, decidió usar su velocidad y su engaño para confundir a sus rivales y atacarlos por sorpresa. Su arma era una lanza oscura, que podía lanzar a distancia y controlar con su mente. Su plan era herir a sus rivales desde lejos y luego acercarse a ellos para extraerles la sangre.

El tercero en actuar fue Ratón. El lord más débil y pequeño, decidió usar su agilidad y discreción para esquivar los peligros y acercarse sigilosamente a sus rivales, esperando el momento oportuno para herirlos con su espada corta y extraerles la sangre. Su ventaja era que nadie esperaba nada de él, por lo que podía pasar desapercibido.

Así comenzó el juego del tragasangre, con sus tres importantes reglas que debían respetarse a toda costa:  los competidores no podían matar a sus rivales, tampoco podían atacarles directamente y finalmente debían obtener la medida de un vaso de sangre de cada uno de ellos y bebérsela.

 

La primera sangre en derramarse fue la de Ratón. El pobre lord cayó en una trampa que Pin Salazar había colocado en el camino. Era una manzana envenenada, que Ratón no pudo resistir la tentación de morder. Al hacerlo, sintió un dolor agudo en su boca y se desplomó al suelo, inconsciente. Ratón eliminado, es escuchó a una voz decir de entre las gradas.

Pin Salazar aprovechó la situación y se acercó al cuerpo de Ratón. Una de sus lanzas oscuras revoloteaban por los aires preparada para lanzarse directamente a su pecho. Ratón yacía en el suelo totalmente paralizado, así que fue una diana fácil. Pin Salazar extrajo un poco de su sangre, vertiéndola en su vaso. Luego, se alejó rápidamente, buscando a su otro rival, Murloke.

 

Murloke avanzaba lentamente por el coliseo, rompiendo todo lo que se interponía en su camino con su gran martillo. Era un verdadero mastodonte arramplando con todo. No le importaba el ruido ni la atención que podía llamar. Él confiaba en su fuerza bruta, pero también en su inteligencia y en su superioridad a todos los niveles. Sabía que Pin Salazar era un mentiroso compulsivo y que Ratón era un insignificante lord. Por eso, no temía enfrentarse a ellos.

Pin Salazar lo encontró frente a frente en el centro del coliseo. Intentó engañarle con palabras falsas y halagos vacíos, tratando de ganarse su confianza y acercarse a él. Pero Murloke no eran ingenuo. Había estudiado bien a sus rivales y estaba preparado. Por eso, no se dejó engatusar y sin mediar palabra, le respondió con un devastador golpe de su martillo, que Pin Salazar apenas pudo esquivar.

El combate entre los dos lores se convirtió en una persecución frenética, en la que Pin Salazar trataba de huir de los ataques de Murloke, mientras buscaba una oportunidad para clavarle su lanza. Murloke, por su parte, seguía a Pin Salazar con paso firme y seguro, sin perderlo de vista ni un momento y bloqueaba los embates de las lanzas con su enorme martillo.

Mientras tanto, Ratón se recuperaba lentamente del efecto del veneno. Su cuerpo era débil, pero su voluntad era fuerte. No quería morir sin haber luchado. Se levantó con dificultad y cogió su espada corta y su vaso vacío. Miró a su alrededor y vio a sus dos rivales peleando entre ellos. Vio una oportunidad y la aprovechó.

Corrió hacia ellos con rapidez y sigilo, aprovechando que estaban distraídos peleándose entre sí. Se acercó por detrás a Pin Salazar y puso su vaso debajo de uno de los moratones que supuraban sangre, en su brazo derecho, como resultado de uno de los potentes martillazos de Murloke. Luego, hizo lo mismo con Murloke, que no se dio cuenta de su presencia hasta que sintió que había algo entre sus piernas, drenando sangre de una de las heridas que le habían hecho las lanzas de Pin Salazar.

Ratón se alejó de ellos con una sonrisa triunfal. Había conseguido la sangre de sus dos rivales, sin atacarles directamente, sin matarlos y solo le quedaba bebérsela. Se acercó a un lugar seguro, en una esquina en la arena desde la que ni si quiera era visible a las gradas y se dispuso a cumplir con la última regla del juego.

Entonces, una voz resonó en el coliseo, anunciando el final del juego.

-¡Atención, atención! El juego del tragasangre ha terminado. Tenemos un ganador.

Los tres lores se quedaron atónitos. ¿Un ganador? ¿Quién?

La voz continuó:

-El ganador es… ¡Ratón!

Los demás lores no podían creerlo. ¿Ratón? ¿El lord más débil y pequeño? ¿Cómo era posible?

La voz explicó:

-Ratón ha sido el único que ha cumplido con las reglas del juego. Por lo tanto, es el ganador.

Ratón no solo había sido el ganador, sino que era el único ganador posible, ya que Murloke y Pin Salazar habían incumplido la primera regla, al haber atacado directamente a otros lores, lo que les inhabilitaba directamente para ganar. De no haberse alzado con la victoria Ratón, los tres habrían sido sentenciados a muerte. Sin saberlo, Ratón había salvado a los otros dos lores y así mismo de una sentencia letal garantizada.

Los dos lores miraron a Ratón, que seguía deleitándose con la sangre de sus rivales con una expresión de satisfacción. Era cierto. Había cumplido con las reglas y era el justo ganador.

Pin Salazar y Murloke se dieron cuenta de su error. Habían subestimado a Ratón y habían olvidado la primera regla: no podían atacar directamente a sus rivales. Al hacerlo, habían perdido el juego y ni siquiera se habían dado cuenta. Al final, no fueron ni lo suficientemente fuertes, inteligentes, perspicaces o elocuentes. Ninguna de sus armas o habilidades les había servido al subestimar al que parecía el rival más débil.

La voz concluyó:

-Felicidades, Ratón. Eres el nuevo líder de los vampiros de la sangre. Disfruta de tu premio: podrás alimentarte todo lo que quieras durante un año.

Ratón sonrió con malicia. Había ganado el juego y el poder. Ahora, nadie lo volvería a menospreciar.

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