La ilusión tiene alas

La ilusión tiene alas. Debemos perseguirla. A veces podemos mantenerla, pero no podemos bajar la guardia.

Podemos luchar como un jabalí, pero no rendirnos como un espantapájaros, que se queda clavado, inmóvil y triste toda la vida.

No hay que dejar que la desesperanza se asiente, incluso si una sirena derrama sus lágrimas.

No te rindas, la ilusión está flotando en esas lágrimas, pero vuelve incluso con las alas mojadas.

Siempre hay que volver a buscarla.

La ilusión es como una mariposa, que cambia de color y forma según le da la luz.

Debemos admirarla, pero no atraparla.

Dejarla volar. Reinar.

A veces podemos acariciarla, pero puede que también lastimarla.

Podemos volar como un águila, pero no caer como una piedra, que se hunde, pesada y fría en el fondo, aplastada entre grave y tierra en mitad de un lodazal.

No hay que dejar que el miedo nos paralice, incluso si un dragón sopla su aliento de fuego y nos deja desnudos de armadura. O ni tan si quiera si una sirena nos canta nuestra canción favorita, y nos libra justamente de todos nuestros miedos, para tragarnos hacia una oscuridad mucho mayor que no percibimos.

No te asustes, la ilusión está escondida en ese fuego interno, que a veces palpita, a veces crepita, a veces se apaga y otras cobra fuerza. La ilusión tiene alas e intenta volar incluso con sus alas quemadas. O llenar de agujeros.

¿Quién diría que podría volar así?

La ilusión tiene alas y jamás dejará de volar buscando nuevos huéspedes. Siempre hay que volver a encontrarla.

La ilusión es como una estrella, que brilla y guía en la oscuridad, pero que a veces no sabes muy bien si la estás viendo o no, o si la veías y la has perdido de vista.

Por eso debemos seguirla, sin perderla, pero si se pierde, hay que encontrarla de nuevo. Puede que haya que desandar el camino.

Con la ilusión en nuestras manos, podemos soñar como un niño aun si despertamos como un anciano, que ha olvidado, está cansado y solo en el trayecto final de su vida.

Jamás hay que dejar que la luz de la ilusión se extinga, ni que la tristeza por su partida nos consuma. Habrá nubes que intenten tapar esa luz, pero es que ella siempre encuentra espacios que traspasar. Nada es para siempre, ni lo bueno ni lo malo.

No te desanimes, la ilusión está latiendo en esa nube, y batiendo sus alas, pero bajará. Llámala.

¿No te hace caso?

Entonces crea una nueva ilusión, pues ella es como una flor, hermosa, embriagante, que perfuma y alegra en ambiente cuando está presente, pero cuyo impacto es fugaz, su efecto marchito y su intento de perdurar, fútil.

No dejes que la envidia te corrompa de tanto admirar las flores de los demás, cuando tienes la tuya propia que regar y que cuidar. A veces las flores más preciosas son las que más espinas tienen, y la ilusión puede brotar de estas, en los momentos en que somos más vulnerables.

Canta la canción de la ilusión, la que tiene alas, que emociona y contagia el ritmo, haciendo que los espantapájaros echen a andar, y los pajarillos vuelen alborotadores a su alrededor.

Podemos decidir bailar al ritmo de los pájaros o caminar con nuestras patas de palo, que en última instancia, se agrietarán y romperán, o se quedarán clavadas una vez más en la tierra.

La ilusión está en todas las notas, no dejes que nada la silencie. Incluso si crees que no suena, si piensas que no la oyes, está ahí.

La ilusión tiene alas y no esperará ni por ti ni por nadie. Hay que salir a buscarla.

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