La gallina emprendedora

Chise siempre había soñado con ser una gran empresaria de fama mundial y por qué no, rica. Desde pequeña, le despertaban curiosidad las revistas y los programas de negocias, así como las historias de emprendedores exitosos. Se imaginaba a sí misma viajando por el mundo, cerrando tratos, dirigiendo equipos y creando productos que añadieran un valor único, pues ella misma se consideraba así de genuina.

Sin embargo, todo era problemas para conseguir su meta. Su familia le dijo que no podía aspirar a tanto porque no tenía la capacidad y porque era mujer; "las gallinas cuidan de sus hogares y ayudan a los gallos en sus trabajos" le dijo su madre. El negocio familiar de sus padres era un restaurante y ellos habían pensado que Chise haría un buen papel siendo la camarera estrella del mismo.

La gallina agradeció que sus padres quisieran contar con ella para el negocio familiar, pero quería algo más, quería ver mundo y ser una empresaria que viajase y tuviera muchos empleados a su cargo.

Chise quería trabajar de otra forma y confiaba en su capacidad a pesar de quienes le decían lo contrario. En el colegio, el director le dijo “que no podía llegar tan alto” y que “más valía conformarse con lo que tenía y con lo que sus padres le habían dado”. Le recomendó que se dedicara a estudiar algo práctico y sencillo, como administración o contabilidad. Pero Chise no se conformaba con eso, quería aprender todo lo posible sobre el mundo de los negocios, las finanzas, el marketing, la innovación y el liderazgo. Se apuntó a cursos online, leyó libros, asistió a conferencias y se unió a grupos de networking. No obstante, Chise no quiso rendirse y siguió adelante haciendo su propio camino.

Los padres de Chise no le pagaron los estudios para ser empresaria porque no creían en ella y tuvo que ponerse a trabajar repartiendo publicidad para costeárselos. En este empleo mejoró sus habilidades sociales y aprendió cómo funcionaban algunas empresas, al mismo tiempo que estudiaba. También aprovechó para hacer contactos y conocer a posibles clientes y proveedores. Chise tenía una visión clara de lo que quería hacer: abrir su propio restaurante, pero con un concepto diferente al de sus padres. Quería ofrecer una comida saludable, ecológica y variada, que se adaptara a los gustos y necesidades de cada cliente.

Al graduarse, montó su propia tienda, que después se convirtió en franquicia, una cadena de restaurantes espléndida, y nadie más pudo decirle que ella no podía. Incluso llegó a comprar el negocio familiar. Chise demostró que tenía talento, pasión y determinación para triunfar en el mundo de los negocios. Su cadena de restaurantes se hizo famosa por su calidad, su servicio y su originalidad. Chise se convirtió en una referente para otras gallinas y otros animales que querían seguir sus pasos.

Chise no llegó tan alto para demostrarle nada a nadie, sino porque era su sueño y no permitió que otros se lo tirarán por tierra. Pero la historia no acaba aquí. Después del éxito cosechado por la cadena de restaurantes, Chise se hizo amiga de una humana que también poseía un negocio en la restauración. Ambas coincidían en muchos puntos, y con el paso del tiempo se hicieron íntimas. Tan fuerte era su amistad y confianza, que decidieron fusionar sus negocios y trabajar juntas. Así nació la empresa Chise & Co, una compañía que combinaba lo mejor del mundo de las gallinas y de los humanos. Su propuesta era innovadora, creativa y deliciosa, y pronto se ganó el favor del público. Chise y su amiga humana se convirtieron en socias y cómplices, compartiendo no solo el trabajo, sino también gran parte de su vida personal.

Lo que no sabían es que también ellas se fusionarían, convirtiéndose en la primera humana gallinoide del mundo. Este fenómeno catapultó a la cadena de restaurantes al Top 1 por muchos, muchos años, y sentó el precedente para un futuro de simbiosis entre humano.

¿Pero como sucedió esta transformación tan increíble? Un día, mientras estaban en la cocina, preparando un nuevo plato, después de probarlo, Chise y su amiga sintieron un extraño cosquilleo en sus cuerpos; entonces, cuando cruzaron sus miradas, ya no había miradas que cruzar, porque literalmente eran una sola entidad. Ambas se habían fusionado en una sola criatura, una humana gallinoide, con rasgos de ambas especies. Las “almas” de las dos empresarias se mantenían separadas, pero al mismo tiempo unidas. Podían pensar unilateralmente, pero también al unísono. Al principio se asustaron mucho y creyeron que podía tratarse de algún efecto extraño provocado por el nuevo plato que habían creado, pero luego se dieron cuenta de que este misterioso y fantástico fenómeno era el resultado de su profunda conexión. Aceptaron su nueva forma y siguieron adelante.

Su transformación no pasó desapercibida, obviamente. Los medios de comunicación se hicieron eco de la noticia y pronto todo el mundo quería conocer a la primera humana gallinoide del mundo. Chise y su amiga aprovecharon la atención para promocionar su cadena de restaurantes, que se volvió aún más popular. También se convirtieron en embajadoras de la paz y la armonía entre las especies, dando ejemplo de que era posible la convivencia y la colaboración. Su historia inspiró a muchos otros humanos y animales, que empezaron a fusionarse también con otros animales, creando una nueva sociedad más diversa y rica. Chise y su amiga habían logrado su sueño de ser empresarias exitosas, pero también habían cambiado el mundo y a sus habitantes.

El misterio del porqué de la transformación siguió siendo una incógnita, pero cuenta la leyenda que el secreto estaba en determinados ingredientes empleados en los platos de Chise & Co.

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