La escucha desactivada

Un paciente está en la consulta de su psicóloga.

- Mira, Paula, ya no sé qué hacer, ¡¿Por qué nadie me escucha?!- dijo Raúl desesperado.

- ¿Quieres que te escuchen? Para que te escuchen antes es necesario aprender a escuchar, pero de verdad.- espetó Paula.

- ¡Pero si yo ya escucho, lo que yo quiero es que me escuchen a mí!

- Raúl, no vale con estar presente, oír y a veces asentir con la cabeza. La escucha es más que eso: se trata de hacer una escucha activa.

- ¿Una escucha activa?- dijo Raúl sorprendido.

- Claro. Mira, la escucha activa consiste en poner los cinco sentidos para comprender lo que la persona está diciendo, el por qué lo está diciendo y en qué contexto o circunstancias. Escuchar activamente es interiorizar lo que el otro está diciendo.

- Mmm...- contestó Raúl pensativo, aunque nada convencido.

- Cuando escuchas activamente, la persona se siente valorada y respetada porque se da cuenta de que lo que cuenta te interesa y de que no le está hablando a una pared o a una máquina que le responde automáticamente. Esto permite el establecimiento de un vínculo de confianza que mejora la relación entre ambas personas y posibilita una comunicación más rica, con mayor información.

- Mmm...- contestó Raúl, que para sorpresa de Paula, todavía permanecía en silencio.

- ¿Ves?, ahora mismo a mí me estas escuchando, eso significa que ya eres perfectamente capaz de hacerlo, si te concentras en ello. Escuchar activamente es un acto altruista, un ejercicio de generosidad. Cuando seas generoso en ese sentido, escuchando a los demás, será mucho más probable que otros se fijen en ti y decidan también ser generosos y escucharte.- explicó Paula.

- O sea que, ¿tú crees que el problema de que no me escuchen, vamos... o que yo no me sienta escuchado, es porque parece que yo no escucho a los demás?..., me refiero a que, yo pienso que sí que escucho a los demás, no sé...

- Exactamente, escucha para ser escuchado. Te voy a poner un ejemplo, con unos personajes ficticios.

- De acuerdo.

- Atento: Marta está en una cena de trabajo. A su lado tiene a Carla, una chica bastante extrovertida y habladora, cuya mayor afición es la pintura. Carla empieza a hablar sobre pintura y a Marta le interesa mucho el tema porque también pinta. Se siente implicada en la situación, está disfrutando de las vivencias que le están contando y además cree que puede aprender algo para sí misma. Con esta actitud positiva no pierde detalle, ni siquiera de la forma en que Carla se expresa con su cuerpo y sus manos. Además, está dejando en segundo plano la cena, para poder prestar mayor atención y participar si es necesario y así mostrar interés. Sin embargo, Marta está tan emocionada que siente el impulso de interrumpir constantemente para preguntar, pero no puede hacerlo, ya que si no, no dejaría a Carla hablar y tampoco podría escuchar de la manera en que lo está haciendo, ya que estaría todo el rato pensando en lo que va a decir en lugar de prestar atención a lo que le están contando. Si bien la conversación no tiene que ser un monólogo, Marta tiene paciencia y espera a que Carla termine de hablar o de desarrollar la idea que está comentando para poder contestarle y participar también en la conversación. De esta manera, Carla se siente escuchada y presta atención después, cuando Marta habla. Así, ambas se sienten escuchadas, pero también saben cuándo guardar silencio para que la otra persona también pueda hablar; ¿qué te ha parecido el ejemplo?- pregunta Paula al finalizar.

- A ver, visto así, igual escuchando así como tú dices, no lo he hecho...- contesta Raúl, mostrando un atisbo de autocrítica.

- La escucha activa no es tan fácil ponerla en práctica, pero todos podemos entrenarla para mejorar nuestras relaciones sociales y potenciar otras habilidades que son muy preciadas, por ejemplo en el trabajo, como el liderazgo. Te voy a dar unos ejercicios para que empieces a practicar con tu familia, si te parece bien.- dijo Paula mientras consultaba un libro que tenía en la esquina de la mesa, debajo de otros dos libros.

- Bueno, a ver, vamos a intentarlo... dame uno u dos, a ver qué se puede hacer... puedo practicar con mi mujer y a ver si así consigo que me escuchen más...

- Y escuchar a los demás Raúl, y escuchar a los demás, no te olvides...

Un año después, Raúl vuelve a la consulta de su psicóloga.

- Hola, Paula, ¿cómo estás?- dice Raúl con una sonrisa.

- Hola, Raúl, me alegro de verte, ¡cuánto tiempo! ¿Cómo te ha ido?- pregunta Paula.

- Pues muy bien, la verdad. He seguido tus consejos y he practicado la escucha activa con mi familia, mis amigos y mis compañeros de trabajo. Y he notado un cambio enorme y además es que lo empecé a notar muy rápidamente.- responde Raúl entusiasmado.

- Que bien. Al ver que no volvías a la consulta pensé que te estarían yendo mejor. Cuando no recibo noticias de mis pacientes es que la cosa va bien.

- Sí, la verdad que sí.- asiente Raúl. Ya siento no haberte ni si quiera escrito, pero que me va bien. Y además que no vengo para nada malo, pero como es cierto que ha pasado un año, quería contarte un poco como me ha ido y que me dieras tus opiniones...

- Muy bien Raúl. Cuéntame, ¿qué cambios has notado en este tiempo?- inquiere Paula.

- Pues mira, por ejemplo, con mi mujer. Antes discutíamos mucho porque yo no le prestaba atención cuando me contaba sus problemas o sus planes. Yo estaba más pendiente del móvil, de la comida o de la tele que de ella. Y ella se enfadaba y me decía que no me importaba nada, claro. Ahora, cuando llego a casa, dedico un tiempo para escucharla o si estoy haciendo algo lo dejo. Apago el móvil y la tele y me siento con ella en el sofá. Le miro a los ojos y le hago preguntas para demostrarle que me interesa lo que me dice. Y ella se siente más valorada y más querida. Y también me escucha a mí cuando le cuento mis cosas. Hemos mejorado mucho nuestra comunicación y nuestra intimidad, pienso yo.- explica Raúl.

- Me alegro mucho, Raúl. Eso es muy positivo.- dice Paula.

- Y con mis hijos también. Antes no les hacía caso cuando me hablaban de sus estudios o de sus amigos. Yo pensaba que eran tonterías y que yo tenía cosas más importantes que hacer. Y ellos se sentían ignorados y se encerraban en sus habitaciones a sus cosas, con los videojuegos, la música, los youtubers... lo típico. Ahora, cuando vienen a hablar conmigo, les presto mi atención de verdad. Les escucho con interés y les doy mi opinión o mi consejo si me lo piden... antes no me pedían consejos porque sabían que no podía dárselos si no les escuchaba primero. Y bueno... ahora ellos se sienten más comprendidos y más apoyados.- continúa Raúl.

- Eso es fantástico, Raúl. Has logrado establecer un vínculo más fuerte con tus hijos. - comenta Paula.

- Totalmente. Tanto con mi mujer como con mis hijos. Y además con mis amigos también he notado algo de diferencia, porque antes yo era el típico que hablaba sin parar y no dejaba hablar a los demás y que te contaba su vida... como que quería ser el centro de atención y que todos me escucharan a mí. Y claro aburría hasta a las piedras. Ahora cuando estoy con los demás, me callo un poco y les dejo que hablen y así se dan cuenta de que a mí también me importan sus opiniones y lo que les va pasando. Y se ha notado eh, veo como que me valoran más y que ellos mismos se sienten más respetados y a mí también me escuchan más.- concluye Raúl.

- Eso es maravilloso, Raúl. Has mejorado mucho tus relaciones sociales a todos los niveles, estoy impresionada.- felicita Paula.

- Gracias, Paula. Gracias a ti porque si lo he conseguido ha sido por tus consejos.- dice Raúl emocionado.

- No hay de qué, Raúl. Me alegra haber podido ayudarte. Pero el mérito es tuyo, porque has puesto en práctica lo que te enseñé y has sido constante y perseverante.- dice Paula.

- Bueno, pues te quería dar las gracias personalmente y despedirme de ti, porque creo que ya no necesito seguir viniendo a terapia. Si tengo que venir vengo pero yo creo que ya me veo bien- dice Raúl.

- Está bien, Raúl. Me parece que has hecho un gran progreso y que puedes seguir haciéndolo bien por tu cuenta. Voy a darte algunos consejos o pautas más avanzadas para que los tengas, para el futuro, por si quieres seguir mejorando, ya sabes que esto es un camino de largo recorrido... si has hecho todos estos avances en un año, imagínate en los próximos- dice Paula.

- Muchas gracias por todo, Paula. Pues sí, ha sido un placer conocerte y aprender contigo y por mi encantado, si me das algunas pautas más para que pueda avanzar más... o por lo menos para mantener, algo ejercicio por si de repente me acomodo otra vez y no me voy cuenta y vuelvo a las andadas- dice Raúl.

- Por supuesto Raúl, cuenta con ello y no te preocupes porque pienso que tienes una actitud muy buena y que con las pautas que te dé podrás mantenerte donde estás e incluso progresar a tu ritmo con el tiempo. También ha sido un placer trabajar contigo y verte crecer como persona.- dice Paula devolviéndole una afable sonrisa.

- Me parece perfecto. Venga, vamos con ello.- dice Raúl animadamente.

Regresar al blog

Deja un comentario