La calmante pulsera de Jayce
Share
La dermatitis atópica era la enfermedad inflamatoria y crónica de la piel que afectaba a Jayce y a otras muchas personal del mundo, niños y adultos. Se creía que está causada por una combinación de factores genéticos, inmunológicos y ambientales. En definitiva, la piel de estas personas era más débil, porque contaba con una barrera protectora defectuosa y más sensible a los alérgenos, elementos irritantes, bacterias y otros agentes externos que fácilmente podrían provocar inflamación e infección.
Jayce tenía que usar cremas hidratantes especiales para su piel, y tomar antihistamínicos para aliviar el picor. También tenía que evitar ciertos alimentos, tejidos, perfumes y productos diversos que le podían causar alergia. A pesar de los cuidados, su piel seguía teniendo brotes frecuentes, sobre todo en los pliegues de los codos y las rodillas, en el cuello y en las manos.
Un día, su madre le regaló una pulsera muy bonita. Era de color verde, con un pequeño botón y una pantalla. Le dijo que era un dispositivo especial, que le ayudaría con su problema. Le explicó que la pulsera tenía un sensor que detectaba cuando se rascaba, y le enviaba una señal al móvil. Entonces, el móvil le ponía una canción que le gustaba mucho, para distraerlo y hacerlo dejar de rascarse. Jayce se quedó sorprendido y curioso. Le parecía una idea muy interesante y divertida y quería probarla.
La pulsera funcionaba gracias al giroscopio y acelerómetro que los smartphones incorporan actualmente, que medían el movimiento del brazo de Jayce. La pulsera también tenía un sensor de temperatura, que detectaba si la piel estaba caliente o fría. Así, podía diferenciar entre un rascado y otro gesto cualquiera, ya que al rascarse la temperatura corporal aumentaba. La pulsera se conectaba al móvil por bluetooth, y tenía una aplicación donde se podían configurar las opciones de aviso. Jayce podía elegir entre una vibración, un mensaje o un sonido. También podía ver las estadísticas de cuántas veces se había rascado al día, a la semana o al mes.
Jayce eligió como aviso su canción favorita: "Despacito". Le encantaba esa canción, porque le hacía sentir feliz y con ganas de bailar. Pensó que así se olvidaría del picor. Además, le gustaba la idea de poder ver sus progresos en la aplicación, y ver cómo iba reduciendo el número de rascados. La pulsera tenía un componente a nivel estadístico que era motivacional de cara a ir mejorando.
Al principio, le costó acostumbrarse a la pulsera. Cada vez que se rascaba, sonaba "Despacito". Algunas veces, se ponía a bailar y cantar con la música. Otras veces, se enfadaba y apagaba el móvil. Pero poco a poco, fue notando que se rascaba menos y que su piel estaba mejor. Lo esencial era que la pulsera le recordaba que no se debía de rascar, y le hacía pensar en otras cosas más agradables; le sacaba de golpe del ciclo del picor-rascado, un bucle en el que una vez entrabas era difícil salir.
Jayce empezó a sentirse más feliz y seguro de sí mismo y, sobre todo, a descansar mejor, lo que impactaba en toda su personal a todos los niveles. Ya no le daba tanta vergüenza mostrar su piel ni ir al colegio y hacer otras actividades, lo que le ayudó a desarrollar nuevos intereses, como el fútbol, los videojuegos y los animales. Se apuntó al equipo de fútbol de su colegio, y se hizo amigo de otros niños que compartían su afición. También se compró una consola con sus ahorros, y se divertía jugando con sus amigos en línea. Además, le pidió a su madre que le dejara tener una mascota, y ella le regaló un gato llamado Milo, al que incluso sacaba a pasea. Milo era muy pequeño, blanco y juguetón. Buscaba las manos de Jayce, constantemente y le hacía mucha compañía. Las manos eran una de las partes más delicadas por la dermatitis, pero al gatito no le importaba. Le prestaba un amor incondicional que le hacía sentirse muy reconfortado.
Un día, Jayce se levantó y se miró al espejo. Su piel estaba casi limpia, sin eccemas ni heridas. Se sintió muy feliz y orgulloso de sí mismo. Se quitó la pulsera y la guardó en un cajón. Ya no la necesitaba más. Había aprendido a controlar su picor y a cuidar su piel. Se puso su camiseta favorita y salió a la calle con una sonrisa. Era un día precioso, y él estaba dispuesto a disfrutarlo.
Pero Jayce sabía que su enfermedad era crónica y que no podía bajar la guardia, así que no guardó su “mágica” pulsera muy lejos, por si la volvía a necesitar. Sabía que si algún día volvía a tener picor, podría volver a usarla sin problema, como una herramienta más para luchar contra la enfermedad.