Esteficool
Share
Un día, navegando por internet, Estefanía descubrió una aplicación llamada More. Se trataba de un novedoso sistema de crowdfunding o financiación colectiva en el que sus usuarios podían financiar sus proyectos. Estefanía se sintió intrigada y decidió descargarla.
Al abrir la aplicación, se encontró con una pantalla que le explicaba el funcionamiento del sistema. More venía del nombre Money Redistribution, que quería decir algo así como “redistribución del dinero”. Con esta idea en mente, la aplicación pretendía transmitir que no solo se trataba de una forma de financiación colectiva, sino también de redistribución de la riqueza, siendo la propia población quien colectivamente tuviera el control de esta redistribución.
Estefanía se suscribió a la aplicación para donar automáticamente una micro cantidad de un euro que iría a parar a un fondo común visible para el usuario. A cambio, podía crear su propio proyecto y solicitar una modesta pero suficiente cantidad de dinero para llevarlo a cabo. Sin embargo, había dos condiciones: primero, era necesario que hubiera suficiente dinero en el fondo común recolectado; segundo: los propios usuarios donantes eran los que decidían. Había otras limitaciones técnicas menores para evitar que se hiciera un mal uso del sistema y para fomentar la igualdad.
Estefanía creó su proyecto con ilusión y lo llamó “Esteficool”. En él explicaba su pasión por el diseño, su visión creativa y los materiales y equipamientos que necesitaba. También adjuntó algunos bocetos de sus diseños y fotos de sus trabajos anteriores, que se había apañado a hacer a pesar de su falta de recursos. En definitiva, su proyecto en More tenía un coste estimado de 500 euros.
Para decidir qué proyecto era financiado, los usuarios votaban y, por tanto, eran con sus votos quienes decidían si salía adelante o no. En caso afirmativo, el creador del proyecto recibía el dinero tan pronto como estuviera disponible en el fondo común.
Estefanía esperaba ansiosa los resultados de las votaciones. Mientras tanto, podía consultar el perfil de otros usuarios solicitantes y ver sus proyectos. También estuvo consultando toda la información que resultaba interesante o necesaria y que servía de criterio en base al cual los usuarios supuestamente votaban los proyectos. Por su parte, el usuario podía completar su perfil antes y durante el proceso, así que estuvo entreteniéndose un buen rato completando toda su ficha técnica.
Así pues, se sorprendió al ver la variedad y originalidad de los proyectos que había en More. Sin darse cuenta, se había pasado horas curioseando y echando lo que iba a ser inicialmente un pequeño vistazo. Había desde iniciativas sociales y culturales hasta propuestas personales y profesionales. Algunos le parecieron más interesantes que otros, pero todos le parecieron dignos de apoyo. Estefanía votó por algunos proyectos que le llamaron la atención. Comenzaba a sentirse parte de la comunidad.
Para desarrollar un sistema basado en la confianza entre los usuarios de la comunidad, More había construido un sistema de reputación. Este sistema incluía el tiempo que el usuario llevaba donando y en qué tarifa, la cantidad de proyectos que había apoyado, su participación en el foro, la cantidad de datos completados en su perfil, los proyectos que había creado, entre otros. Los usuarios con mejor reputación gozarían de algunos beneficios.
La joven estudiante se esforzó por mejorar su reputación y participar activamente en la comunidad. Así, pudo conocer a otros usuarios con intereses similares a los suyos y entablar amistad con ellos, de los que recibió consejos y sugerencias para mejorar su proyecto y su perfil.
Los proyectos podían ser de diversa naturaleza, siempre dentro de la legalidad. Todos los usuarios que habían donado tenían derecho a solicitar una cantidad de dinero por su proyecto; pero eran sus compañeros los que decidían si se lo concedían. Según la naturaleza del proyecto, este debía ser justificado de una u otra forma: aludiendo a deseos y emociones, a sentimientos, a muestras de trabajo, a visión de futuro, a sueños, incluso a caprichos, etc. La comunidad debía usar su criterio y empatizar con el resto de usuarios para tomar decisiones.
Estefanía podía ver en todo momento el fondo común del que se disponía actualmente y por tanto, también ello influía en la toma de decisiones. Además, también los movimientos bancarios eran transparentes, de manera que se podía ser partícipe de que las operaciones estaban teniendo lugar. Además, los usuarios que veían financiados sus proyectos, tenían que demostrar posteriormente que el dinero se empleó en el proyecto, ya que de otra forma se les expulsaría de la plataforma. Para limitar el impacto de cualquier posible estafa, los proyectos financiados comenzaban con un techo de gasto bajo, que aumentaba conforme lo hacía la reputación del usuario; por ejemplo, un usuario veterano con una antigüedad importante, que había contribuido en la realización de varios proyectos y nunca había creado el suyo, probablemente tenía pocas limitaciones a la hora de crear uno; sin embargo, un usuario recién registrado tenía su cuenta consecuentemente limitada hasta que su reputación mejoraba.
Un día, Estefanía recibió una notificación en su móvil. Era More. Abrió la aplicación y vio un mensaje que decía: “¡Enhorabuena! Tu proyecto ha sido financiado”. Estefanía no podía creerlo. Había conseguido su objetivo. Miró el fondo común y vio que había suficiente dinero para cubrirlo, así que esperaba que pronto le llegase el dinero. Su proyecto había gustado porque tenía muchos votos y comentarios positivos. Estefanía se sintió feliz y agradecida.
Al día siguiente, Estefanía recibió el dinero en su cuenta bancaria y pudo comprar todo lo que necesitaba para crear su línea de ropa. ¡Por fin podía ponerse manos a la obra! Le esperaban muchas semanas de trabajo duro, pero estaba deseando subir fotos de sus diseños y empezar así a desarrollar su marca, comenzando desde More, donde ya se sentía parte de la comunidad, había hecho amigos y tenía una fuente considerable de apoyos.