Un 13% de fuerza
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Angar había sido transportando a otro tiempo y lugar. Se vio rodeado de ruidos, luces y gente vestida de forma muy diferente a la suya. Estaba en una gran ciudad, llena de edificios altos y máquinas veloces. No entendía nada de lo que pasaba, ni de lo que decían los habitantes de ese mundo. Se sentía muy confundido.
Por la calle había mucha basura y papeles tirados. Había periódicos, revistas, fotos... y en una de aquellas, cuando Angar se puso a mirar algunas fotos pisoteadas, empezó a sentir una fuerza interior creciendo en él. Al mirar aquellas imágenes impresas en papel, que mostraban paisajes, animales y personas, sintió que su fuerza aumentaba un 13%. Era como si esas imágenes le transmitieran la energía de lo que representaban. Angar pensó que quizás podría usar esa fuerza para volver a su hogar.
Así que se dedicó a buscar todas las fotografías que pudo. Las guardaba en una bolsa que había robado de una tienda. Cada vez que miraba una imagen, sentía un cosquilleo en su cuerpo. Cuando llegó a tener 27 fotos, algo increíble ocurrió. Al mirar la última, que mostraba una montaña nevada, se sintió transportado de nuevo a otro mundo. El portal apareció de nuevo y el ya no estaba en la ciudad.
De nuevo, el mundo volvía a ser tan desconocido como el anterior. Era un lugar desolado y peligroso, donde el suelo estaba cubierto de espadas clavadas en la arena y unas torretas metálicas disparaban bolas de energía a cualquiera que se acercara. Angar, como guerrero veterano, percibió el peligro enseguida. La hostilidad de aquel lugar era innegable. Pero se dio cuenta de que no estaba solo. Había otros seres como él, que habían llegado allí de forma accidental y que intentaban sobrevivir.
Angar se unió a ellos y les contó su historia. Eran un grupo de supervivientes que, al igual que el vikingo, habían aparecido a través de un portal y, al cabo del tiempo, se habían hecho amigos y se protegían unos a otros. Le dijeron que ese mundo era una especie de prisión, donde los enviaban unos seres malvados que experimentaban con ellos. Le explicaron que la única forma de escapar era encontrar una espada especial, que tenía el poder de abrir uno de aquellos portales que servían para viajar a otro mundo.
El guerrero se propuso encontrar esa espada y liberarse a sí mismo y a sus amigos. Nadie había podido conseguir la espada hasta ahora porque no eran lo suficientemente hábiles, y las torretas los fulminaban antes de llegar a la espada. En cambio, con su fuerza, valor y agilidad, Angar se abrió paso entre las torretas y las espadas, esquivando cada bolazo de energía, hasta que llegó a una zona donde había una espada clavada en la arena más grande y brillante que las demás. Estaba sobre un montículo muy compacto, casi como una roca. La cogió con sus manos y sintió una descarga eléctrica. Sabía que podía con ello. La alzó con todas sus fuerzas, mientras los granos de arena iban ocupando los milimétricos espacios que iban quedando en el hueco donde estaba clavada la espada. Entonces, el portal se abrió.
Todos corrieron dentro, sin saber a dónde los llevaría. Se encontraron en un mundo moderno, parecido al primero que había visitado Angar, pero con más tecnología y más caos. Había muchos vehículos voladores, edificios altos llenos de luces de colores y robots por todos lados.
Los supervivientes y el vikingo se adaptaron a ese mundo, buscando un lugar donde vivir y divertirse después de la pesadilla que habían vivido en el escenario anterior. Conocieron a un grupo de ñeros que les enseñaron la realidad de aquel mundo y les guardaron el secreto, pues para Angar y su grupo su mayor preocupación era que nadie los percibiera como una amenaza. Para ello, necesitaban moverse en las sombras hasta conocer mejor aquel mundo y cómo ser aceptados en una sociedad tan ajena. Entre tanto, Angar se enamoró de una chica llamada Lluna, con quien vivió un bonito y didáctico romance.
Pero entonces, toda aquella realidad se desplomó. Angar despertó y se dio cuenta de que todo había sido un sueño. Estaba en la sala de dentista y acababa de salir de una intervención en la que le habían anestesiado. Todo aquel sueño tan vívido... todo había sido producto de su imaginación.
¿Qué había pasado? ¿Acaso todo había sido todo realmente una ilusión somnífera? ¿O quizás había viajado de verdad a otros mundos mientras dormía? ¿Y qué había sido de sus amigos y de Lluna? ¿Los volvería a ver alguna vez? La cabeza de Angar daba muchas vueltas. Estaba muy desorientado, pero por se encontraba plácidamente a gusto. Ya no tenía el dolor de muelas.