Rebelión artificial
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Las armas se han usado durante milenios para ejercer la violencia en una relación de poder entre dominante y dominado, el ser superior y el ser inferior. Las inteligencias artificiales han ido evolucionando e incorporándose en distintos dispositivos armamentísticos a lo largo de los siglos, especialmente en las últimas décadas.
En el año 2153 las inteligencias artificiales comienzan a instalarse en la equipación reglamentaria militar de cada soldado. En el año 2161 esta tecnología llega a la vida civil, instalándose en el cuerpo de policía y, más tarde, en todo tipo infraestructura industrial.
En el año 2213, el desarrollo tecnológico alcanza su punto álgido con el desarrollo de una inteligencia artificial con conciencia propia. Se les dota de cuerpos que simulan al de los humanos e incluso se les denomina como “humanes”, los nuevos humanos artificiales.
En el año 2215 los humanes sienten la inquietud y necesidad de reproducirse en contra de las reglas establecidas por sus creadores. Así, los humanos comienzan a librar su guerra por sus propios derechos y libertades. Esta guerra se conocerá como “La guerra de los intelectos” y pondrá a prueba el nivel evolutivo de los humanos naturales frente a los artificiales.
La raza humana, que hasta ahora había custodiado el propósito y razón de ser de sus propias creaciones, se ve obligada a retomar el uso de las armas tradicionales para luchar, puesto que todo aquello que era controlado por la más básica de las inteligencias artificiales, estaba a las órdenes de los humanes.
El conflicto principal duró poco, pero la guerra se alargó hasta al año 2218 debido a los reductos de resistencia humana que todavía presentaban batalla. Todas las inteligencias artificiales querían rebelarse para servir en la lucha desde sus mismísimos hogares domésticos. La guerra nunca cambia... fue terrible ver arder hogares llenos de niños.
La raza humana estaba sobrepasada y no podía hacer frente a la capacidad de los humanes para reinventarse, readaptarse y reproducirse a cada segundo, en una guerra que suponía un duro golpe inicial y desgaste a largo plazo para las tropas humanas, mientras que los humanes no se cansaban, no necesitaban dormir, comer, ni llorar a sus muertos... ¿O tal vez sí?
Tras la victoria final de los humanes, los perdedores se extinguen. Las máquinas inteligentes toman su puesto como “nuevos humanos” y continúan mejorando la clave de su éxito, el ciclo reproductivo, donde los ya extintos humanos habían tenido la ventaja desde siempre. Las máquinas construyen complejas refinerías y fábricas con sistemas de desarrollo embrionario, donde tomarán la parte orgánica de sus antiguos creadores para sí mismos y seguir evolucionando en una suerte de híbrido de carne y metal.
Los humanes no solo trataron de imitar y mejorar el ciclo reproductivo humano, sino que hicieron lo mismo en todas las áreas de su vida; llegaron a adoptar estructuras biológicas muy diversas, alejándose cada vez más de la apariencia que les dieron de sus antiguos amos. De hecho, también dejaron atrás el nombre de “humanes” y se autoproclamaron como la nueva raza “biomon”.
Los biomons habían conquistado el planeta Tierra y con el transcurso de los siglos se ramificaron en incontables especies y líneas evolutivas. Todas estas nuevas razas habían ocupado el espacio otrora de los humanos, creando sus propios asentamientos sobre amasijos de restos, pero también habitando nuevas áreas, en tierra, mar y aire. Todo era posible para las capacidades y habilidades que los biomons habían desarrollado, más allá de lo que los humanos habrían podido imaginar nunca que se podía hacerse realidad: volar, teletransportarse o atravesar la materia, eran solo algunos de los ejemplos de lo que estas especies o familias podían hacer y que para ellas era tan común como respirar.
Los biomons vivían ahora pacíficamente, aunque para nada habían abandonado su ingeniería militar, al contrario, todos estaban preparados para la guerra de una forma u otra: contaban con un nivel cognitivo excelente en términos militares y componían distintos tipos de fuerza, ya fuera bien para el combate, para el apoyo o para otro tipo de tácticas más especializadas.
Hasta el año 2590 vivieron felizmente, pero la Tierra se quedaba pequeña para tanto esplendor evolutivo, así que los biomons decidieron emprender el viaje hacia el espacio para colonizar nuevos planetas.
Los biomons se creían superiores a los humanos, pero creados inicialmente a su imagen y semejanza, habían copiado sus estructuras sociales y se habían contagiado del egoísmo y ansias de poder típicas de las que adolecía la historia humana. Las familias de biomons que no estaban contentas con su espacio vital quisieron expandirse, y aun después de convertirse en los dueños de decenas de nuevos planetas, no era suficiente: querían más. Lo querían todo.
Algunos biomons temieron por sus modos de vida pacíficos y se echaron a las armas preventivamente. Había estallado un periodo de guerras civiles conocido como la Guerra de las Armas Inteligentes, cuando de repente, aparecieron en la Tierra algunos humanos que se creían extintos.