El núcleo prismático

Es el año 3512. Se ha descubierto la existencia del núcleo prismático, una fuente de poder inagotable: la solución a la extinción del poder del sol. El núcleo prismático se descubrió en Marte a 347 km bajo tierra y se trasladó a la Tierra para ser instalado en un túnel gigante que proporcionaría energía infinita al planeta entero. A través de una serie de ciber-mecanismos que absorben el calor del núcleo prismático, la energía puede administrarse a toda la superficie planetaria.

La temperatura es controlada artificialmente y si hay un fallo técnico en el núcleo o en alguno de los sistema que funcionan con el mismo, existe un sistema de alarma temprano y un protocolo de emergencia que suministraría energía de reserva al planeta durante varios años más.

Han pasado 214 años. La entrevista con un filósofo y científico de renombre hacer cundir el pánico al explicar que el núcleo prismático proporciona una energía infinita que en realidad no es realmente así, ya que sin que lo supiera nadie, el artefacto se alimenta de la esperanza de vida de los humanos; dicho de otra forma, después de dos siglos de uso, las personas se están dando cuenta de que su esperanza de vida se está reduciendo, pasando de una media de 120 años a una media de 100-110 años, que era la esperanza de vida que había en el año 2500, aproximadamente. No afecta a otros seres vivos.

La sociedad mundial se enfrenta a un duro escenario, donde el núcleo prismático como fuente de energía es imprescindible debido a que el sol se apagó hace ya unos 40 años y, a corto plazo, no pueden contar con una fuente de energía tan poderosa y que sea fiable.

Han pasado 11 años más. El núcleo prismático sigue activo. La esperanza de vida media ha caído drásticamente a menos de 100 años en muy poco tiempo. Al parecer, los efectos negativos del artefacto se están acrecentando: posiblemente, cuanto más tiempo están expuestos, más rápidos y fuertes serán los efectos negativos. Por ahora, se desconoce que haya otros daños colaterales sin descubrir, pero podría haberlos.

Han pasado 5 años más. No se han detectado, en estos años de investigación, más afectos negativos para los seres humanos. No obstante, se ha hecho otro gran descubrimiento. Mientras los humanos todavía decidían, irremediablemente, si continuaban con la energía del núcleo prismático o encontraban una alternativa mejor que no pusiera en riesgo su longevidad, se ha hallado que el núcleo prismático muestra señales de vida. La principal hipótesis que se maneja es que el artefacto ha estado utilizando la vida que extraía de los seres humanos para evolucionar, logrando generar en sí mismo la vida. Este hecho, aunque por el momento no es peligroso, resulta preocupante, hasta el punto en que los seres humanos se plantean si esta nuevo ser, que tiene la energía del planeta en sus manos, y por lo tanto, también las vidas de sus habitantes, acabará por convertirse en una supermente que gobernará la Tierra.

Es el año 3742. Los seres humanos, tal y como se conocían, se han extinguido. Ahora los seres humanos forman parte de un gran enjambre a las órdenes de una supermente: el núcleo prismático evolucionado, que ahora se hace llamar Cell.

Los hechos ocurrieron repentinamente y casi al unísono en todos los seres humanos del planeta. El núcleo prismático adquirió una poderosa conciencia capaz de desproveer de las correspondientes a los seres humanos, en una especie de control mental o apoderamiento telepático. No se pudo hacer nada, la supermente era imparable e infalible. No obstante, los últimos días antes de la tragedia, el científico de renombre que había sido el primero en dar la voz de alarma había descubierto que los recién nacidos habían desarrollado resistencias frente al efecto negativo de Cell. Unas resistencias que en un momento dado podían manifestarse, probablemente al crecer. ¿Sería esta la última esperanza de la humanidad?

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