El caballo telépata
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Van, el caballo telépata prehistórico, contó a los investigadores la verdad sobre la Glaciación que terminó con los dinosaurios: la civilización humana crecía con esplendor debajo de la tierra, hace millones de años, en el subsuelo del planeta. Fue un fallo humano lo que provocó la congelación de todo. Fue el fallo del "padre" de Van, el científico Colen.
Colen era tan brillante como ambicioso y había desarrollado un sistema de comunicación con los animales modificándolos genéticamente. También quería un mundo donde el sol no hiciera falta para vivir, puesto que sus estudios indicaban que algún día este se apagaría. Así, realizó las investigaciones secretas que finalmente llevaron al planeta al colapso. Aunque sus aportaciones a la historia fueron de incalculable valor, su excesiva ambición trajo el desastre a la Tierra.
Después de ser revivido, Van, el caballo telépata prehistórico, comenzó a ayudar a los humanos para que errores como ese no volvieran a cometerse. Para ello, Van y la raza humana desarrollaron juntos un sistema que evaluaba la peligrosidad de las personas de acuerdo con sus deseos de ambición y de poder.
Van se convertiría en la primera supermente que mediante telepatía se encargaría de realizar evaluaciones en tiempo real del comportamiento y la psique humana, con la asistencia de la tecnología más puntera del momento y desarrollada a partir de la información de Van.
Los diagnósticos se basarían en su propio criterio, basado en los conocimientos adquiridos durante siglos de vida y teniendo en cuenta los errores y aciertos alcanzados en el pasado por la raza humana. Los sujetos evaluados que fueran potencialmente peligrosos serían... controlados.
La vida de Van, el caballo telépata prehistórico, era una mezcla de felicidad y responsabilidad. Por un lado, se sentía agradecido de poder colaborar con los humanos para evitar los errores del pasado; pero por el otro, sabía que su propio sistema de evaluación era una gran carga que implicaba tomar decisiones difíciles y que éstas podían castigar a los humanos, aunque su fin no fuera el de hacer daño a nadie, sino el de prevenir y enseñar.
De hecho, no todas las personas compartían la visión de Van. Había grupos que se oponían a su sistema porque lo consideraban una invasión a su privacidad y libertad. Algunos grupos más radicales lo veían como un plan de dominación y explotación de los humanos. Todos estos grupos exacerbados se fueron congregando y uniendo poco a poco en un grupo de resistencia mayor formado en contraposición a Van y sus aliados.
La resistencia tenía un líder: Rex, un lejano descendiente del árbol genealógico de Colen. Rex, por ende, era heredero de la inteligencia y la ambición de su linaje, pero también de la falta de escrúpulos y egoísmo. El líder odiaba a Van por haber revelado la verdad sobre la Glaciación y haber manchado de esta manera la historia de toda su familia, que figuraba como los culpables de dicho desastre.
Rex quería venganza y tenía un plan: sabotear el sistema de evaluación de Van y desacreditarlo ante la opinión pública. Además, descubrió que Van no eran tan especial: existían otros animales telépatas modificados genéticamente por Colen, que habían sobrevivido a la Glaciación en refugios subterráneos. Van lo había estado ocultando y Rex quería usar a estos animales como un arma para sembrar el caos y el terror y captar la atención del caballo telépata, al que provocarían severas interferencias telepáticas con su sola presencia.
Para llevar a cabo su plan, Rex contaba con la ayuda de un traidor: Leo, el mejor amigo humano de Van. Se trataba de un joven científico que trabajaba en el sistema de evaluación y que admiraba a Van a la par que sentía celos y resentimiento por su superioridad mental y moral.
El líder de la resistencia persuadió a Leo con la promesa de poder y de un nuevo orden donde él estaría en la cima, y este aceptó pensando que podría beneficiarse de dicho plan sin poner exactamente en peligro a Van, al que, al fin y al cabo, seguía teniendo respeto. No quería que nada malo le sucediera, así que, supuestamente, el plan le permitiría deshacerse temporalmente de Van. Sin embargo, Rex no tenía intención de dejarlo en paz nunca: quería eliminarlo y ocupar su lugar como líder indiscutible del mundo.
El día del sabotaje llegó. Leo aprovechó un momento en que Van estaba ocupado en su laboratorio para introducir un virus informático en el sistema de evaluación. Luego se marchó discretamente y se reunió con Rex en otro lugar. El virus informático tenía dos funciones: alterar los resultados del sistema de evaluación y liberar a los animales telepáticos modificados genéticamente por Colen.
La primera función hacía que el sistema de evaluación diera diagnósticos falsos e injustos sobre las personas, acusando a personas inocentes de ser peligrosas y recomendando medidas extremas para controlarlas. El sistema también exculpaba a personas culpables por ser inofensivas y les otorgaba privilegios y beneficios. En definitiva, el objetivo era crear un caos total.
La segunda función hacía que el sistema abriera las puertas de los refugios subterráneos donde estaban escondidos los animales modificados genéticamente por Colen. Estos animales eran criaturas extrañas y feroces, capaces de comunicarse telepáticamente entre ellos, pero no con los humanos, como si era capaz de hacer el caballo telépata. Una vez liberados, estos animales sembrarían el caos, tanto de forma interna interfiriendo con las señales telepáticas de Van, como de manera externa atacando a los seres humanos, lo que pondría patas arriba al sistema y lo haría colapsar.
El resultado fue un desastre. La gente entró en pánico al ver los diagnósticos del sistema y los ataques de los animales, y el propio sistema se saturó e implosionó. La confianza en el sistema y en Van se desplomó, se hizo añicos. Después del caos inicial, la gente empezó a protestar rápidamente y a exigir la destitución de Van.
Rex aprovechó la situación para presentarse como el líder que resolvería esta emergencia: se hizo pasar por un héroe que había descubierto el sabotaje a Van y que tenía la solución para detenerlo. Su versión de los hechos dejaba a Van como un traidor que había engañado a los humanos y que había liberado a los animales para destruirlos. Rex predicaba a los cuatro vientos que era el único capaz de comunicarse con los animales y de controlarlos, reparar el sistema y así restaurar el orden y la paz.
Mucha gente le creyó y le apoyó, mientras Van se enteró de lo que estaba pasando demasiado tarde. A pesar de que intentó explicar la verdad y defenderse de las acusaciones, nadie le creía. Su sistema se basaba en la confianza y una vez destruida, llegados a este punto, era imposible de recuperar. Van era incapaz de arreglar el sistema y detener a los animales por sí mismo, sin la ayuda de Leo y del resto de sus aliados. Había sido traicionado, se sentía impotente, solo y derrotado. Rex había ganado al derrocar y encarcelar a Van en una prisión especial a prueba de poderes telepáticos, convirtiéndose en el líder del mundo. Ahora él era el rey. Y aun así no estaba satisfecho... quería más, quería ser un dios.
El siguiente paso era usar el ADN de Van para crear una nueva especie híbrida, superior a todas las demás. Rex quería ser el padre de esta nueva creación, y que todos le adoraran y le obedecieran. Para ello contaría con la ayuda de Leo, el antiguo ayudante, amigo y mano derecha de Van, quien lo había traicionado por una mezcla de miedo, codicia, celos y ansias de poder.
Rex y Leo se encerraron en un laboratorio secreto donde tenían guardado el ADN de Van. Allí empezaron a mezclar y modificar los genes, usando la tecnología más avanzada del momento. Pasaron los meses y finalmente lograron crear el primer ejemplar de la nueva especie: un ser con forma humana, pero con rasgos animales y los poderes telepáticos. Era una criatura bella e impresionante, inteligente y salvaje, obediente y orgullosa al mismo tiempo. Lo llamaron Evo, abreviatura de “Evolución”. Rex se acercó a Evo y le habló telepáticamente, dándose a conocer como su padre y dios, creador de especiales y líder; como tal, le dio la orden de seguirlo, ayudarlo y someter el mundo por la fuerza con su gracia.
Evo escuchó a Rex, pero algo parecía no estar bien. Para sorpresa del aspirante a dios, Evo contestó telepáticamente que no estaba de acuerdo. Evo acababa de nacer, se sentía un ser aún más poderoso, inteligente y libre y no estaba dispuesto a ser el esclavo de nadie.
Antes de que Rex pudiera expresar su enfado, Evo se levantó de la mesa donde había sido creado y empujó al mismo con una fuerza sobrenatural que lo dejó inmediatamente inconsciente.
Leo, que había presenciado toda la escena, se quedó paralizado y muerto de miedo. Evo se giró hacia él y le habló telepáticamente. Le dijo que sabía que era el amigo de Van y lo que le había hecho. A pesar de ello, también sabía que existía una buena persona tras aquellos deleznables actos, posiblemente como consecuencia de la manipulación de Rex. ¿Cómo podía esta criatura saber todo lo que había ocurrido? Era la pregunta que se hacía Leo; probablemente el ADN de Van, con el que Evo fue creado, también le había transmitido, de alguna manera que escapaba a su comprensión, la experiencia de vida de este.
La especie híbrida le dijo a Rex que no le haría daño y que necesitaba su ayuda para encontrar a Van. Leo estaba atemorizado y no sabía que responder, pero algo le atraía y le intrigaba. Algo en Evo le recordaba a Van. Así que decidió ayudarlo y ambos fueron a liberarlo. Salieron del laboratorio secreto y se dirigieron hacia el lugar donde estaba encerrado, pero allí les esperaba una cruel realidad: los demás ejemplares de la nueva especie, que habían sido creados por Rex y Leo como fruto de experimentos fallidos, también estaban encerrados en el edificio secreto, en mazmorras hasta ahora inaccesibles. Estos ejemplares habían sufrido cruentos experimentos como sujetos de pruebas para las investigaciones particulares de Rex, de las que Leo no sabía nada. Eran cientos de criaturas, quizá miles, de seres híbridos fallidos y naturalezas muy dispares.
Evo los miró con tristeza y les dijo que era su hermano mayor, pero las criaturas no parecían responder. De momento no podían hacer nada más, ya que la prioridad era rescatar a Van. Los dos llegaron a la habitación donde estaba encerrado. Era una fortaleza rodeada de animales guardianes telepáticos que habían sido revividos y de todo tipo de sistemas de seguridad. Afortunadamente, con Rex inconsciente, los guardianes ya no estaban a sus órdenes ni podían ofrecer resistencia frente al imponente poder de Evo; por su parte, Leo pudo desactivar los sistemas de seguridad con la tarjeta acreditativa que le había robado a su jefe.
Van estaba débil y malherido, pero vivo. Reconoció a Leo, al que se alegró de ver. No identificó al ser que le acompañaba, pero algo él decía que venía a ayudarle. En cuestión de segundos, era conocedor de la situación. Leo rompió a llorar, rogándole el perdón. Van estaba triste, pero como líder nato, también era capaz de perdonar. Los seres humanos son increíbles, son capaces de lo mejor y de lo peor, y su naturaleza cambiante es la que les permite cometer errores pero también arrepentirse y trabajar para corregirlos.
Después de la escena, Evo se acercó a Van y le habló telepáticamente, pero primero le miró fijamente a los ojos. Antes de intercambiar sus pensamientos, sus miradas se comprendían mutuamente, no eran las de dos desconocidos. Evo, creado con el ADN de Van, era técnicamente su hijo. Y ahora también amigo y aliado.
Juntos escaparon de ese terrible y siniestro edificio para reorganizarse y pensar que hacer en adelante: tenían que encerrar a Rex, recuperar la confianza de los seres humanos, restaurar el sistema, reorganizar a los animales telepáticos que campaban a sus anchas por el mundo, liberar y tratar a los seres híbridos que estaban enjaulados... eso era lo más urgente, pero la lista de tareas era interminable, para restaurar un mundo sumido en el caos.
Van, Leo y Evo acababan de convertirse en las tres piezas clave representantes de tres especies distintas, con un futuro incierto y problemático por delante donde había que encontrar puntos de confluencia desde los que poder avanzar juntos. Era irónico, Van había regido un sistema para proteger a los humanos y evitar los errores del pasado, y él mismo había caído en dichos errores, que habían llevado el mundo al colapso una vez más.
¿Serían capaces juntos, de restaurar la paz en el mundo, un caballo telépata prehistórico fracasado y venido a menos, un humano arrepentido de integridad cuestionable y un ser superior recién nacido e impredecible, o lo sumirían aún más en una espiral de autodestrucción?