Yincana de pequeños samuráis
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Un par de amigos, Bin y Viego, estaban pasando el verano en un campamento de quince días. Era un campamento muy particular, donde podían practicar diferentes deportes y actividades, y además, sus familiares podían alojarse en un hotel cercano y visitarlos cuando quisieran. Además, la temática principal del campamento era la cultura japonesa y, en concreto, las katanas, por lo que todo asistente debía llevar la suya propia. Era un requisito imprescindible.
En el campamento, Bin y Viego conocieron a dos chicas que compartían su pasión por las espadas japonesas. Una de ellas se llamaba Hitomi, y era una joven mulata pelirroja de verdes. La otra se llamaba Aya, y era una chica rubia con el pelo liso y los ojos castaños. Las dos eran muy simpáticas y divertidas, y pronto se hicieron amigas de los dos chicos.
Hitomi le enseñó a Bin su katana pesada, que tenía una hoja ancha y una guarda con forma de escudo. Era una katana de combate, que podía resistir los golpes más duros. Bin quedó impresionado por el peso y la fuerza de la espada, y le preguntó a Hitomi cómo la había conseguido. Ella le dijo que se la había regalado su abuelo, que había sido un maestro de kendo, el arte marcial de la espada japonesa. Era una espada bastante poco convencional, así que Bin no estaba seguro de que era realmente original, y si había tenido un uso para la guerra o era un diseño moderno extraño ideado solo para el esparcimiento. Siento tan pesada y con aquella extraña guarda que parecía una pequeña rodela, resultaba muy difícilmente manejable.
De la misma forma, Bin le enseñó a Hitomi su super katana japonesa, que era mucho más ligera y elegante que la de ella. Era una katana de ceremonia, que tenía una hoja fina y una guarda con forma de flor. Era una katana de belleza inusitada, que podía cortar el aire con gracia y precisión. Hitomi quedó fascinada por la delicadeza y la agilidad de la espada. Se trataba de una katana que había adquirido su padre hace muchos años en una tienda de antigüedades, donde había una gran colección.
Bin y Hitomi se pusieron a practicar algunos movimientos con sus katanas, mientras Viego y Aya los miraban con admiración. Bin era muy hábil, y podía hacer giros, saltos y cortes con mucha velocidad y destreza. En cambio, a Hitomi le costaba mucho más seguir su ritmo, pero estaba fuerte y podía lanzar una serie de golpes fuertes con su katana y bloqueos, paradas y porrazos con desplazamiento que denotaban potencia y resistencia. Los dos se complementaban muy bien, y pronto se creó una química entre ellos bastante interesante, la que todo joven desean establecer en sus primeros días de campus.
Viego y Aya seguían mirando a sus amigos. Sus respectivas espadas descansaban tranquilamente en el césped en el que se sentaban. La de Viego era una katana de entrenamiento, hecha de bambú clásico, sin pomposidades pero con un aspecto tradicional majestuoso. La guarda era circular y sencilla. Por su parte, la de Aya era una katana corta y ligera, de hecho, más bien era una nodachi, con una hoja de acero oscuro y un mango de cuero negro, con una guarda también sencilla pero imponente al mismo tiempo.
Mientras tanto, la familia de Bin había venido al campamento a visitarlo. Eran sus padres, su hermano mayor y su hermana menor. Los padres de Bin eran muy cariñosos y protectores con él, y siempre se preocupaban por su bienestar. El hermano mayor era muy bromista y siempre le hacía rabiar. La hermana menor era más dulce y tenía mucha curiosidad por todo.
La familia de Bin se acercó al lugar donde estaba su hijo y Hitomi practicando, y los saludaron con alegría. Bin se sorprendió al verlos, y les presentó a Hitomi y a su amiga Aya. Estuvieron un poco hablando y entonces Bin le dijo a su familia que iba un momento al baño, y que les dijera a las chicas que ahora venía. La familia de Bin asintió, y este se fue al baño. Pero cuando volvió, las chicas ya no estaban y Bin estaba muy enfadado. Le echó la bronca a su familia por no haberles dicho que esperaran. La familia de Bin no se había dado cuenta de cuando se habían ido, pero les pareció verlas entrar al pabellón del campamento, donde se estaba jugando una prueba de multideporte. Bin se puso nervioso, y le dijo a su familia que tenía que ir a buscarlas. Así que se despidió enfurruñado de su familia y salió pitando en su búsqueda.
Bin llegó al pabellón del campamento, donde se estaba jugando una prueba de multideporte. Era una prueba interesante, que constaba de dos partes. En la primera, los participantes tenían que lanzarse a una piscina donde había varios espejos sumergidos. Cada participante, por parejas, tenía que recolocar los espejos del agua y su pareja nadar hacia donde indicaban sus direcciones para poder salir de la piscina. En la segunda parte, una vez fuera del agua, el participante tenía que hacer mímica imitando una profesión o rol y los demás tenían que adivinarlo.
Bin vio a Hitomi y Aya participando en la prueba, junto con otros chicos y chicas del campamento. Hitomi y Aya estaban en el mismo equipo, y se habían puesto unos trajes de baño muy bonitos. Hitomi llevaba un bikini negro con lunares blancos, y Aya llevaba un bañador rojo con rayas blancas. Las dos estaban muy guapas, y Bin no pudo evitar mirarlas con admiración.
Bin se acercó a Hitomi y Aya, y les dijo que las había estado buscando. Hitomi y Aya se alegraron de verlo, y le dijeron que se habían ido al pabellón porque les habían llamado para participar en la prueba. Viego llegó unos instantes más tarde, siguiendo los pasos de Bin. Al estar los cuatro reunidos, decidieron mezclar las parejas para participar en la prueba. Bin se puso con Hitomi, y Aya con Viego. Se pusieron los bañadores y calentaron antes de empezar-
La prueba comenzó, y Bin y Hitomi fueron los primeros en actuar. Bin colocó un espejo en el agua, y Hitomi nadó hacia donde indicaba este y así siguieron haciéndolo consecutivamente con el resto de espejos. Hitomi salió de la piscina, y Bin la ayudó a secarse. Luego, Hitomi hizo mímica imitando una profesión. Hitomi se puso en posición de ataque, y movió su brazo como si tuviera una katana. Bin adivinó que Hitomi estaba imitando a un samurái, y acertó.
Después, fue el turno de Aya y Viego. Repitieron la jugada y Viego consiguió adivinar que Aya estaba imitando a un youtuber. Todo iba bien, el grupito de cuatro celebraba la victoria, pero entonces algo ocurrió. Las parejas de participantes que no habían superado la prueba se convirtieron en piedra. Los cuatro chaveas se quedaron horrorizados, y no entendieron qué estaba pasando. De repente, una voz sonó por los altavoces del pabellón.
- Enhorabuena por superar el juego de la petrificación - dijo la voz -. Esta era solamente la prueba de preselección. Ahora podéis acceder a las verdaderas pruebas gracias al ticket de viaje que habéis ganado. Al salir de este pabellón, podréis llegar a un embarcadero donde os espera un yate de tamaño medio con un autobús dentro. Enseñar allí el billete y podréis emprender vuestro viaje. Tampoco es que tengáis más opciones, ya que los que decidan no participar, correrán el mismo destino que los participantes que fallaron esta prueba de preselección.
Los amigos creyeron que se trataba de algún tipo de yincana y de espectáculo montado por los organizadores del campamentos. No entendían muy bien qué era eso de la petrificación y si es que estaban todos actuando, pero le siguieron la corriente y se dirigieron al embarcadero.
Por lo demás, todo fue normal. Tomaron el barco en el embarcadero y se subieron al bus que albergaba. El viaje era placentero, hasta que se dieron cuenta de que otro yate de tamaño medio con un camión dentro les perseguía. Y a este otro le perseguía una pequeña lancha de policías cargada de cajas con flores. Se trataba de rosas rojas.
La persecución era muy acelerada a pesar del tamaño de las embarcaciones, y también el yate de los pequeños samuráis comenzó a ir más rápido. Pero era demasiado tarde, la velocidad a la que se acercaban los otros era demasiado alta. En un momento estaban encima. La lancha intentó adelantar entre ambos yates, pero el yate del cambió giró a la izquierda, golpeando a la lancha de policías y ocasionando un triple accidente. Literalmente se formó un sándwich con los yates a los lados y la lancha accidentada en medio. Las cajas estallaron y llenaron de flores todo el agua circundante, pero los yates no se pararon y continuaron su travesía.
El yate del autobús retomó su velocidad de crucero, pero el barco del camión no frenaba, sino que seguía a toda velocidad. Así se fue alejando y no hubo más incidentes en el viaje. Llegamos a tierra firme. Era un lugar curiosamente paradisíaco, y estaba repleto de cabras por todos lados. Las cabras pastaban en la playa, donde crecían las algas silvestres que eran devoradas por los mamíferos.
Bin se había guardado una de las rosas que habían salido por los aires tras el accidente. Una de ellas había ido a parar a sus manos, y se la guardó con recelo para regalársela a Hitomi. A la chica le encantó, pero al dársela descuidadamente, se pinchó con una de sus espinas.
Para sorpresa de Bin, Hitomi, Aya y Viego, el yate del camión también estaba aparcado allí. ¿Se trataría de otros equipos rivales con los que competirían en las pruebas? ¿O estaban allí por otro propósito desconocido? En cualquier caso, quienes bajasen de allí... eran peligrosos.